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El “efecto Ortega”
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El Ministro de Fomento, Industria y Comercio (Mific), Orlando Solórzano, negó que haya un “efecto Ortega” en el agravamiento de la inflación que está azotando a la población, la cual perjudica sobre todo a los más pobres. Según el ministro Solórzano, la espiral inflacionaria se debe únicamente a factores externos y a los efectos desastrosos del huracán Félix y las lluvias de octubre pasado.

En el mismo sentido el presidente del Banco Central de Nicaragua, Antenor Rosales, “explicó que la situación de la inflación es una tendencia internacional relacionada con el precio de los combustibles en el mercado mundial y afirmó que todas las economías del continente registran aumentos en los niveles de inflación, encima de los estimados por los gobiernos” (LA PRENSA, martes 13 de noviembre, 2007).

Es cierto que la inflación es un fenómeno de dimensión internacional. Pero también es verdad que en cada país el impacto inflacionario es mayor o menor, de acuerdo con factores internos y sobre todo gubernamentales. O sea que sí hay un “efecto Ortega” el cual influye determinantemente para que la inflación en Nicaragua sea mayor que en otros países y que el promedio internacional; así como también hay un “efecto Chávez” en Venezuela y un “efecto Morales” en Bolivia, porque debido a las políticas económicas populistas que se aplican en esos países, sus poblaciones son golpeadas por la inflación más duramente que las de aquellas naciones latinoamericanas que tienen gobiernos responsables, incluso de izquierda pero moderada.

Por ejemplo, según datos oficiales en Venezuela el índice de inflación en los últimos doce meses ha sido de 17.2 por ciento, en Bolivia de 11.34 por ciento y en Nicaragua de 11.56 por ciento.

Pero en los países donde los gobernantes son de derecha democrática, como México y Colombia, sus índices inflacionarios en el mismo lapso han sido de 3.74 y 5.4 por ciento respectivamente. Y cabe destacar que en países gobernados por políticos de izquierda moderada, como Perú y Brasil, el índice de inflación en los últimos doce meses ha sido de 3.8 y 4.12 por ciento en cada uno de ellos.

En realidad, el “efecto Ortega” en la economía nacional y, por lo tanto, en el índice inflacionario del país, se comenzó a sentir desde que el caudillo del FSLN ganó la elección presidencial, en noviembre del año pasado, gracias al favor que le hicieron Arnoldo Alemán y el PLC de bajarle el umbral electoral hasta el 35 por ciento de los votos.

Dicho efecto se sintió mucho más, lógicamente, a partir de enero de este año, cuando Daniel Ortega tomó posesión de la Presidencia de la República y comenzó a atacar a países amigos cooperantes con Nicaragua, al capitalismo internacional, a las compañías extranjeras que operan en el país; al mismo tiempo que empezó a cometer sus abusos como la operación arbitraria contra la Esso Standard Oil, la privatización de los beneficios que produce el acuerdo petrolero con Venezuela, la imposición de los CDS ahora llamados CPC, etc., etc.

Ahora en los medios gubernamentales se habla de suspender temporalmente o reducir los aranceles a la importación de algunos granos básicos. Pero al mismo tiempo, voceros de los CDS-CPC anuncian que ellos se encargarán de distribuir los granos básicos que importe el Gobierno o que se compren en el extranjero libres de aranceles o con estos reducidos. En consecuencia, de inmediato en algunos lugares los comerciantes de esos productos alimenticios, comenzaron a ocultar existencias ante el temor de que vuelvan las requisas y el racionamiento de los alimentos de los fatídicos años ochenta.

La inflación sólo se combate de verdad creando confianza social y un clima apropiado para hacer negocios; incentivando las inversiones nacionales y extranjeras para producir más y de esa manera equilibrar la oferta con la demanda; logrando el descenso o al menos la contención de los precios no de una manera forzada, sino natural, en el marco de una economía abierta al crecimiento y al desarrollo.

Por el contrario, tratar de controlar la inflación atacando sus efectos en vez de sus causas no sólo es ineficaz sino también contraproducente.

De allí no hay más que un paso hacia el abismo del control de precios, de más inflación, del racionamiento, de la impresión de billetes sin valor, del acaparamiento y de la persecución a los productores y comerciantes independientes.

Es decir, el “efecto Ortega” en su plena y catastrófica magnitud.

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