La palabra bonsái significa “árbol en maceta”, y es el arte de cultivar un árbol en miniatura mediante técnicas especializadas, como la que presentaremos a continuación: la poda.
El ecólogo David Ríos, quien se graduó en la Universidad de Guadalajara, México, se dedica desde 1988 al cultivo del bonsái. El ecólogo expresó que el bonsái no es difícil de cultivar, lo que se requiere es de paciencia para lograr una especie de calidad. “En Nicaragua hace falta la cultura del manejo del bonsái, para dedicarse a estos cultivos se necesita de tiempo”, expresó.
LA TÉCNICA
Ríos explicó que lo más importante para cultivar un bonsái con éxito es podar su follaje y sus raíces para inhibir su crecimiento.
Este arbolito puede cultivarse por semilla, estaca o recolección natural en el campo. La más recomendable es la semilla, porque puede manipularse desde su nacimiento para darle la forma adecuada.
El proceso del cultivo del bonsái es plantar la semilla, estaca o recolección natural, luego preparar el suelo donde piensa cultivarlo y podar su raíz y ramitas hasta lograr darle una forma más natural posible. Lo más llamativo es que cualquier especie arbórea puede convertirse en bonsái.
CUIDADOS
Luego de podar la raíz se aconseja que se debe tener el bonsái 24 horas en agua y 30 días en sombra.
Además se recomienda usar lo menos posible de abono para su desarrollo. Ríos le aconseja hacer una mezcla para preparar la tierra compuesta de arena de río, tierra vegetal, tierra de campo, barro rojo o arcilla. Si se cultiva adecuadamente sobrevivirá el mismo tiempo que un árbol normal de la misma especie.
Claudia Argüello, propietaria de Siscom, tienda que distribuye bonsáis, sugiere que es fundamental elegir un clima adecuado para facilitar la transpiración de las raíces y que ayuden al desarrollo de las mismas.
Si adquiere un bonsái, saque su arbolito en los días nublados para que se refresque. Dentro de su hogar colóquelo en un sitio donde reciba luz, sin que los rayos solares le den directamente. Evite que se alimente con el sol de mediodía.
Argüello también aconseja que un técnico en fumigación lo desinfecte de una a dos veces al año, principalmente antes de la llegada del invierno, porque es la época en que están propensos a las plagas.