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Granada en encrucijada
Douglas Carcache
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¿Cómo sobrevivirá Granada a la caída del turismo? Es la pregunta que necesitan responder empresarios y funcionarios de gobierno, porque parece difícil que a corto plazo surja una opción económica que sustituya los ingresos turísticos en la ciudad colonial.

La economía de Granada pasó de unas cuantas industrias al turismo, en casi dos décadas, y este se afianzó como un negocio mejor y duradero que renovó la infraestructura de la ciudad y llenó sus calles de visitantes.

Hasta hace un año el turismo iba en ascenso en Granada, con casi 600 mil visitantes anuales, pero de pronto el motor de la economía de la ciudad empezó a fallar y los negocios a perder velocidad.

Los cortes prolongados de energía y agua, que a principios de este año aumentaron, obligaron a los turistas a permanecer menos tiempo en la ciudad, a no volver o no recomendar la estadía allí; y en consecuencia hoteles, restaurantes, cafés y hasta pulperías han sufrido la reducción de las ventas.

Me cuesta creer que ninguna cámara empresarial o institución pública haya previsto esta crisis, porque el problema comenzó hace rato. Recuerdo que en noviembre del 2005 participé en un seminario de periodistas nicaragüenses y costarricenses en un hotel céntrico de Granada y de lo que más se hablaba era de la falta de agua en las habitaciones. “¿Cómo es posible —dijo un colega tico— que esta ciudad esté a la orilla de un gran lago y carezca de agua potable?”.

Dos años después, más de 200 negocios ligados al turismo han cerrado en la ciudad, según registros de la Alcaldía granadina, que igual ha dejado de recaudar al menos seis millones de córdobas en impuestos.

Si ningún experto en el negocio pudo preverlo, quizás se deba a que vieron siempre a Granada como una mina inagotable por su arquitectura colonial, su lago con isletas y un volcán colmado de vegetación, olvidando que el turista también busca comodidad y garantizársela depende tanto del empresario como del Estado.

Cómo entender que el Gobierno gaste millones de dólares en publicitar los destinos turísticos de Nicaragua en el exterior, mientras descuida el abastecimiento de agua y energía en estos destinos.

Cómo explicar que el Gobierno ha cobrado por años cinco dólares por la entrada al país de cada extranjero, procedente de naciones fuera de Centroamérica, dizque para invertir en infraestructura turística, mientras la carretera que va de Granada a la entrada del volcán Mombacho sigue destruida después de cinco años.

Construir la imagen turística de un país cuesta tiempo y dinero. Se hace en años, pero se puede perder en meses; y es lo que podría suceder en Granada, una ciudad que en junio del 2005 fue seleccionada por International Living como uno de los 25 lugares del mundo que merecen ser visitados.

Sin embargo, la crisis de los servicios básicos y la inestabilidad económica que hoy padece Nicaragua, pueden sacar a Granada de ese parámetro internacional y, peor aún, de las agendas de los turistas frecuentes, que son los que proporcionan la mejor publicidad a un destino turístico, cuando lo recomiendan a sus amigos o conocidos.

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