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¿Tercera guerra?
Eduardo Translateur
El autor es Agrónomo Zamorano.
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Las guerras mundiales han comenzado, en algunos casos, a través de incidentes o enfrentamientos entre pequeños países, alcanzando poco a poco los niveles de una conflagración general. Casi sin saberse cómo, el mundo termina envuelto en una hecatombe general.

Algo así está sucediendo ahora, cuando Irán ha dado pasos firmes para desarrollar la producción de energía nuclear que sus autoridades afirman será empleada para “usos pacíficos”. No debiera ser problema, ya que otros estados similares como India, Pakistán, Israel y Corea del Norte poseen una probada capacidad nuclear sin que ello cause mayor traumatismo.

¿Por qué, entonces, el presidente George W. Bush advirtió sobre la inminencia de una tercera guerra mundial si Irán llega a tener capacidad para fabricar un arma nuclear? La razón es el carácter agresivo y confrontativo de la dirigencia iraní, cuyo presidente ha declarado públicamente su intención de “borrar del mapa a Israel”. Resulta además curioso que los países democráticos, entre los que se encuentran Estados Unidos, los miembros de la Unión Europea, Japón e India, se opongan a que Irán se convierta en potencia nuclear, mientras los estados despóticos como Rusia, China y los autoritarios de América Latina, Cuba y Venezuela, favorecen al gobierno iraní.

Esta polarización es un verdadero peligro en un mundo erizado de armamento atómico. Y la advertencia de Bush, que muchos han tomado como una bravata tras la cual se podría esconder un propósito expansionista, como sucedió con las “armas de destrucción masiva” que originaron la guerra en Irak y que nunca aparecieron, en esta ocasión debiera ser tomada en serio, porque las cosas han subido de tono y se están produciendo alineamientos preocupantes.

Además, porque se está pasando de las palabras a los hechos. Estados Unidos aumentó su fuerza de misiles en el área cercana a Irán, al desplegar un segundo portaaviones en el Golfo Pérsico, y el experto Yossi Mekelberg, del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, declaró que “no hay duda de que Estados Unidos se está preparando para atacar a Irán en caso de que la diplomacia no funcione”. Y no hay que olvidar que, aparte de agresiva, la dirigencia iraní es de carácter fundamentalista: cree en los apocalipsis y en la virtud purificadora de las llamas y de las guerras.

Y no está sola, como lo mostró la visita a Teherán del presidente ruso Vladimir Putin, quien declaró que Irán “tiene derecho a la energía nuclear”, en un peligroso paso para establecer alianzas estratégicas detrás de las cuales, además de la voluntad de poder, se encuentran los negocios: venta de tecnología y acceso a nuevas fuentes de petróleo, hoy más caro que nunca y vital para las economías en expansión como China.

Así las cosas y pese a la desconfianza, las palabras de Bush no deben ser dejadas de lado, sino apreciadas en toda su magnitud. Tanto porque el peligro es real como porque el Gobierno de Estados Unidos parece dispuesto a actuar si la comunidad internacional no se muestra interesada en detener los propósitos del fanatismo iraní.

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