Se hundió en las drogas, alcohol y relaciones sexuales hasta adquirir el virus
Didier Baker, joven miskito de 25 años, es presidente del Club Vidas Futuras que es integrado por 35 portadores del VIH/sida en Bilwi, lleva 4 años conviviendo con el virus y decidió ser una cara visible para contribuir con su testimonio a evitar que la enfermedad se propague en Nicaragua y sobre todo en la Costa Caribe, por actos irresponsables que son alimentados por la extrema pobreza, el desempleo y la falta de educación que impera en las comunidades indígenas de la Costa Caribe, según dijo en una entrevista con el Diario LA PRENSA.
Nació en la comunidad miskita La Esperanza, ubicada sobre el Río Coco Arriba en el municipio de Waspam, Región Autónoma Atlántico Norte (RAAN), en el seno de una familia numerosa. Asegura con voz pausada que vio sufrir a su madre en su lucha cotidiana por mantener a sus hijos en medio de muchas necesidades.
Al ver el sufrimiento de su madre, Didier decidió buscar trabajo para ayudar en la manutención de su familia, por ello viajo a Puerto Cabezas, “le prometí que yo iba a trabajar para ayudarle a mantener a mis hermanos, comencé a trabajar en una panadería, pero a los tres meses me llegó la noticia de que mi madre había muerto”, refirió Baker.
LA PERDICIÓN
El joven miskito agregó que la impotencia de no poder ayudar a su madre lo llevó a una depresión, “caí en desgracia y comencé ingerir drogas, alcohol y a sostener relaciones sexuales de forma irresponsable con todo tipo de mujeres”.
Didier explicó que esa fue su vida durante mucho tiempo, hasta que comenzó a sentir dolores en todo el cuerpo, calentura, tos, y aparecieron en su cuerpo unas ronchas, entonces buscó ayuda médica, pero los medicamentos no respondieron, por lo que le recomendaron hacerse la prueba del VIH.
OTRO GOLPE
“Tuve temor, no quería hacerme la prueba del VIH”, refirió, pero a la vez asegura que una enfermera del programa de VIH/sida en Bilwi lo convenció para que se hiciera la prueba. Aceptó y el otro golpe en su vida le llegó cuando le dieron el resultado. “La prueba resultó positiva, sos portador del virus”, le habría dicho la enfermera.
Esa fue la peor noticia que recibió Baker después de la muerte de su madre, entonces buscó trabajo en el Ejército de Nicaragua, porque de esa forma pretendía acabar con su vida, ya que la idea de suicidarse comenzó a tomar fuerza en sus pensamientos.
Pero la ayuda de la enfermera fue vital en la vida de Didier, constantemente lo visitaba y le decía que con los retrovirales podía llevar una vida normal y detener el desarrollo del virus, y fue así como decidió cambiar de opinión. La ayuda de la clínica fue vital en su recuperación emocional.
TESTIMONIO PARA BIEN
Ahora sabe que está condenado a vivir con el virus, pero ahora vive para dar testimonio a las futuras generaciones para que sostengan relaciones sexuales de forma responsable. “Yo le recomiendo a toda la población que se protejan, usen el condón en sus relaciones y vivan una vida sana, principalmente los jóvenes”.
El presidente del Club Vidas Futuras, de Bilwi, se lamentó de la vida que llevan los portadores del virus en la RAAN, porque aparte de sufrir por su enfermedad, son discriminados por su familia y la sociedad.
A pesar de existir la Ley 238, de Protección y Defensa de los Derechos Humanos ante el Sida, que los debería de proteger de la discriminación, la realidad es que las instituciones del Estado les niegan el derecho al trabajo porque exigen la prueba del VIH como requisito para darles un empleo.
Los portadores del virus en Bilwi están pasando por una crisis de desempleo y hambre, muchos son cabezas de familia y no pueden hacer nada porque no pueden conseguir un empleo digno.
De los 35 miembros solamente tres están trabajando, uno de ellos labora porque sus patrones no saben que es portador del virus, “nosotros no somos el enemigo, el enemigo es el virus, merecemos un mejor trato de la sociedad y de nuestras familias”, refiere Didier Baker.
El joven denunció que muchos de sus compañeros en Bilwi son obligados a realizar labores que requieren de mucha fuerza, que son prohibidas por los médicos, pero tienen que hacerlo por necesidad, ante la falta de empleo.
QUE NOS AYUDEN A VIVIR
Finalmente el joven miskito hizo un llamado a la comunidad internacional, al Gobierno de Nicaragua y a las autoridades de la Costa Caribe, para que desde esas instancias elaboren un programa de atención integral a los portadores del VIH/sida en las comunidades indígenas. “Les hago un llamado a todos, para que nos ayuden a vivir, nosotros podemos ayudar para que el VIH no se expanda”, concluyó.