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Dennis Pastrana explica que la ropa que se vende por la libra es la que no se comercializo en las tiendas Goodwill.LA PRENSA/Orlando Valenzuela ()
El boom de la ropa usada
Del que se la quita al que se la pone hay una larga cadena. Comienza como ayuda al necesitado y termina como negocio. La venta de ropa usada tiene una extensa clientela en Nicaragua y las hay para diferentes clases sociales
Lesly Medina Aguirre y Judith Flores
domingo@laprensa.com.ni
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Doña Alma (así pidió que la identificáramos para este reportaje) vive en uno de los residenciales exclusivos de Managua. Hace poco adquirió un auto del año para trasladarse desde su casa hasta la oficina de bienes raíces que tiene en Los Robles. Tiene 50 años, pero las dos cirugías plásticas que se ha hecho le hacen lucir unos diez años menos. Sin embargo, contrario a lo que se pueda creer, es consumidora de ropa usada.

Cada seis meses viaja a Miami y en cada viaje visita las tiendas Goodwill donde compra ropa usada barata para ella y sus dos hijas. Ella pertenece a un segmento que consume la llamada ropa usada “premium”.

Ana Sánchez, quien trabaja ocasionalmente para doña Alma, en cambio va a las tiendas del Oriental y del Huembes a comprar la ropa de segunda con que viste a sus cuatro hijas. “Comprar un pantalón de marca a 50 pesos no es lo mismo que gastar 200 en uno que es nuevo y que no es de buena calidad”, justifica Sánchez.

La ropa usada no es un negocio nuevo. En Nicaragua se comenzó a difundir cuando a partir de los 90 las fronteras económicas entre Estados Unidos y Nicaragua se abrieron.

Alejandro Arauz, economista, estima que lo que está ocurriendo con el negocio de la ropa usada es una estratificación. “Eso significa que el poder de compra del país va disminuyendo. El mercado de ropa usada se va segmentando y eso se está fomentando porque los salarios en Nicaragua están estancados”, asegura.

Según datos recopilados por LA PRENSA, en la capital existen 15 importadores y mil vendedores de ropa de paca. Según Arauz, este negocio genera al año, unos 160 mil dólares en concepto de impuesto, lo que significaría que se gastan aproximadamente un millón de dólares en importaciones. Aunque se consultó sobre el tema a la DGA estos no brindaron información al respecto.

Los mercados, tiendas y vendedores ambulantes de nuestro país son casi el último eslabón de la cadena de la ropa usada. Este negocio que anualmente representa 610 mil toneladas de ropa en exportación desde Estados Unidos al resto del mundo, según datos del Departamento de Comercio de Washington, inicia en Miami, de donde viene la mayor cantidad de ropa usada a nuestro país, aunque tiendas como Remar también reciben ropa procedente de Europa, principalmente de España.

“La basura de Europa la consumen los países más pobres de ese continente, que en su mayoría son aquellos que eran parte del bloque de la URSS, como Croacia”, explica Arauz.

Los mecanismos de recolección de la ropa usada son variados. Del ciudadano estadounidense que se la quita y la coloca en un contenedor, hasta el nicaragüense que la busca en otro contenedor y se la pone, hay toda una cadena que comienza con la buena voluntad de ayudar al necesitado y termina en un floreciente negocio que se instala en países pobres como Nicaragua.

La Organización No Gubernamental Goodwill Industries of South Florida acapara el 70 por ciento de las exportaciones de ropa usada a Latinoamérica que le generan unos 22 millones de dólares anuales. El restante 30 por ciento es exportado a través de organizaciones benéficas como Salvation Army.

En una entrevista concedida a Domingo en Miami, Dennis Pastrana, presidente de Goodwill, explicó cómo se reciclan anualmente los millones de libras de ropa usada en el Sur de la Florida de las 170 filiales con que cuenta en el país. Él asegura que en el año 2006 un millón 400 mil personas realizaron donaciones de ropa, zapatos, electrodomésticos, entre otros.

Pero la ropa donada no se entrega a los pobres como generalmente se cree, sino que se clasifica y se vende y son las ganancias de Goodwill las que se invierten en capacitación y trabajo a más de cuatro mil discapacitados en Miami.

Para recolectar la ropa esta institución ubica casetas en distintos puntos de la ciudad donde la gente llega a depositar lo que ya no usa. En las tiendas Goodwill se ubican contenedores donde las personas dejan ropa, zapatos y juguetes. Una vez recogida la ropa se lleva al acopio central donde se selecciona, clasifica y se le ubican los precios.

Pastrana cuenta que el primer proceso de reciclaje es la venta de las prendas en los Centros Comerciales de Miami y Broward, la mayoría de los precios de cada pieza de vestir oscila entre tres y cinco dólares. El segundo proceso es la venta por libra, la cual es más barata. La ropa que no se logra vender en los establecimientos en un período de cuatro semanas, la extraen de esos puestos y la venden por libra en la sede central de Goodwill. Y la ropa que no se logró vender por libra pasa al tercer proceso, que es la venta por paca. “La ropa que no se vendió por libra la convertimos en paca con un peso de mil a mil 100 libras cada una. Pero en este último proceso lo que vendemos es el contenedor que contiene 44 pacas cada uno”, advierte el presidente de la ONG.

Dennis Pastrana asegura que los comerciantes de América Latina prefieren la ropa por libra y por pacas porque son más baratas y dejan más ganancias.

El proceso de la ropa usada antes de llegar a Nicaragua no acaba allí. Los negociantes latinoamericanos compran en Goodwill y luego seleccionan la ropa y la reempacan en pacas de 100 libras que posteriormente venden a detallistas.

Doña Marina tiene 18 años de vender ropa usada en el Mercado Oriental. Ella asegura que añora la época de los noventa cuando las pacas de ropa comenzaron a llegar al país y dejaban jugosas ganancias para ella y su familia. El doble de lo que hoy gana, según estima.

“Es que ahora se invierten hasta 11 mil pesos sólo en cuatro pacas. Recuerdo que antes venían de mil libras, ahora salen de 100 y 150 libras”, cuenta la mujer.

Mientras doña Marina se queja de los andenes vacíos y los pocos clientes propios de un día lunes, dos mujeres se acercan a preguntar por los pantalones cuidadosamente guindados en perchas. Aunque la joven vendedora que atiende a los clientes se esmera por convencerlos del buen precio y la calidad de las prendas, ellas no compran.

Todas las tiendas del Oriental lucen así. Y aunque es inicio de semana, otros negocios de este mismo tipo corren con mejor suerte. La Megaboutique cercana al Hospital Vélez Paiz atiende algunas decenas de clientes, que en fines de semana se convierten en varios cientos, según cuenta Xitlanix Gómez, del grupo Mega.

A las mujeres y hombres que bajan de las camionetas cuatro por cuatro, Frontier o Four Runner no parece importarles que los precios de esta tienda estén en dólares. Camisas, camisetas, pantalones, vestidos, faldas, zapatos, todo de marca a cinco, seis, quince, veinte dólares.

Gómez explica que esa fue la primera tienda que abrieron en el país hace seis años. Hoy ampliaron el negocio a cinco tiendas, tres en Managua y dos en Chinandega. De esas, la del Vélez Paiz es la más cara. “Allí se manda toda la ropa premium y los precios están dolarizados”, asegura la funcionaria.

Los importadores de ropa usada le dan el mismo tratamiento a las pacas que se les da en Estados Unidos. El trabajo de las bodegas comienza una vez que los furgones descargan la mercadería, por la cual debe pagarse el 15 por ciento de impuesto, según el TLC entre Nicaragua y Estados Unidos.

El personal desempaca la ropa, otras personas se encargan de clasificarla según el estado de la misma: premium, de segunda y tercera. Luego se empaca nuevamente ya clasificada y se envía a las tiendas. En las tiendas, los empleados se encargan de ponerle precios y ponerlas en las perchas o en los canastos, según el caso.

Pese a que la ropa de segunda ya no es sólo la opción de los pobres, el economista Alejandro Arauz no considera que sea un mercado amplio. Eso sí, admite que ha crecido y que a mediano plazo seguirá creciendo.

El experto estima que el 15 por ciento de impuesto por la importación de la ropa usada no es suficiente para proteger la industria textil del país, sobre todo porque en 10 años el impuesto se eliminará totalmente.

“Las Pymes nunca propusieron un plan alternativo para introducir textiles, ropas de calidad y con precios competitivos para sustituir esas importaciones (ropa usada). No he conocido ninguna Pyme que haya realizado un estudio de mercado. Es un nicho que no han podido explotar porque no tiene información y porque el nivel organizacional es incipiente; además de que no tienen opciones de crédito”, analiza.

Se acerca diciembre y doña Marina, al igual que muchos de los comerciantes de los mercados, esperan que el mes sea bueno. El acostumbrado “estreno” de las fechas no va a salir para todos de las tiendas chinas o de los tramos de ropa nueva. Doña Marina cuenta que en esta fechas los capitalinos deciden invertir un poco más en la ropa usada y se atreven a comprar vestidos y prendas “finas” de las pacas premium, por ello ha decidido adquirir más de ese tipo.

Ana Sánchez confirma lo dicho por la comerciante del Oriental. “Comprar ropa para cuatro mujercitas no sale nada barato. Lo que hacemos es comprar de los vestidos más bonitos, que son un poco más costosos, pero como es diciembre, hay que hacer el gasto, que además sirve para otras ocasiones”, detalla.

La jefa de Sánchez también se preparó para la fecha. Luego de su último viaje a Miami trajo el vestido de las fiestas navideñas para la menor de sus hijas. Es un hermoso vestido verde, largo, traslapado, parece salido de una revista de modas. Doña Alma considera que el vestido, a pesar de costarle 80 dólares, salió muy barato porque asegura que en Nicaragua jamás conseguiría una pieza como esa a un precio tan bajo. Y esa es la idea de este negocio: ofrecer un producto de calidad a bajo precio, aunque a veces eso implique reparar las piezas compradas porque “el difunto era más grande”.

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