Esta profesora universitaria estudió en Berlín, en una de las universidades más emblemáticas de la República Democrática Alemana y del campo socialista: la Universidad Alexander von Humboldt.
Obtuvo una maestría en Estadística aplicada a la Economía. Hoy es profesora de Estadística en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNAN, en el RUCFA.
Tiene 49 años. Estudió en la RDA de septiembre de 1988 a diciembre de 1991.
De su llegada al aeropuerto Schönefeld de Berlín, un 10 de septiembre de 1988, recuerda que hacía sol y, como era verano, el sol se ponía muy tarde. “Recuerdo que anochecía tarde y todavía se miraba el sol a las 9 de la noche”, dice.
¿Su primera impresión de la nieve? : “Parecía como que caían plumas de gallinas blancas, hacía frío allí”, en Karl-Marx-Stadt, hoy Chemnitz, donde aprendió alemán.
Asegura que no le costó adaptarse a la comida y su más temprano descubrimiento fue la delicia del yogurt de fresa.
Al dejar Nicaragua, era miembro del FSLN y profesora de la “Prepa”, la Facultad Preparatoria. Al regresar fue enviada a donde está hoy. Ya no pertenece a ningún partido. Es secretaria de la Asociación de Ex Becarios en Alemania.
¿Tuviste la sensación en un momento de que había una brecha entre el discurso oficial y la realidad, pese a no hablar bien el idioma? ¿En cuánto tiempo lo comprendiste?
Sí, allí donde hicimos el idioma, había de todo, pero yo miraba que hacían fila cuando llegaban principalmente los tomates y los bananos. Entonces (decía yo): ¿Por qué hacen fila para eso? Eran productos escasos. Pero había gran cantidad (de otras osas), la ropa de niño era baratísima, allí nosotros nos sentimos bien en el trato.
Cuando yo llegué a Berlín, a la Humboldt, mi tutor me presentó con las secretarias para que comenzara a practicar, porque mi alemán era el de los libros, y entonces él me dice: “Tiene que relacionarse, su defensa tiene que hacerla en alemán”.
Las secretarias me comenzaron a contar cosas sobre que no había libertad de expresión, que había que tener cuidado delante de algunos profesores que eran de la Staatsicherheit (la Seguridad del Estado), la Stasi.
La poderosa Stasi.
No sé, pero en general yo experimenté en Estadística, que estaba en el Departamento de Wirtschaftwissenchaften , o Ciencias Económicas (...), yo sentí que eran ellos solidarios, amistosos, no sentí eso que decían de los alemanes.
¿Qué decían?
Que eran estrictos, rectos, que no se reían. Pero en las reuniones del departamento se reían, contaban chistes.
Incluso a un profesor con el que yo compartía un cubículo, era un investigador, yo de Nicaragua le llevé una vez mamones. Él los quedaba viendo así, (y) decía: “Se los voy a enseñar a mi hijo, él no conoce esto”. Le llevé unos mamones y la piña de Nicaragua, después que vine una vez a recabar datos para mi tesis.
Pese a la prensa oficial ¿te enteraste de las manifestaciones en pro de la apertura en Leipzig, en otros sitios?
Por las personas, principalmente por una de las secretarias del departamento, que siempre me contaba lo que estaba ocurriendo. Se llamaba Simone, me acuerdo.
¿Donde vivías en Berlín?
En Storkower Straße, allí estaba el internado de la Humboldt. Es por una calle que se llama Frankfurter Allee (es una avenida del Este de Berlín).
¿En tu recorrido diario, percibías signos de inconformidad?
Sí, por ejemplo, algunos alemanes se manifestaban en contra de los extranjeros. Aparecían pintas en las paredes que decían “Ausländer raus!” (¡Fuera extranjeros!) en el Este.
Siempre ha habido xenofobia en Alemania.
Sí. En la universidad no se sentía tanto, pero en las calles, en los supermercados se sentía.
¿De qué manera?
Por ejemplo, una vez en un supermercado hubo un alemán que me lanzó la carretilla.
¿Te decían cosas desagradables?
A un nica que nos llegaba a visitar (a la residencia donde yo vivía), los skinheads, los cabezas rapadas, los neonazis, lo intentaron golpear. Él era militar.
¿Alguien alguna vez te dijo algo malo por ser de Nicaragua, un país aliado entonces del bloque soviético?
En el internado no. Mi vida transcurría entre el internado y la universidad.
¿No salías mucho?
Bueno, íbamos a Dresde, a Leipzig, a Halle, donde teníamos compañeros, amigos... otros nicaragüenses. Después de la caída del muro sí logramos salir fuera de Alemania; fuimos a Austria, a Checoslovaquia. Cuando se dio la unificación alemana nos invitaron a Bonn (entonces capital de la República Federal Alemana, RFA), allí llevamos un equipo de futbol de nicas que jugaron contra los alemanes. ¡Nos pegaron una apaleada como de 12 a 0!
Hay una serie de manifestaciones antecedentes a la apertura de las fronteras que es lo que se llama la caída del muro, el 9 de noviembre de 1989. Incluso un día asalta la multitud el cuartel de la Stasi.
No recuerdo eso (ese asalto). Me acuerdo que al día siguiente después del 9, sólo estábamos en el auditorio los 9 extranjeros que llevábamos clases allí, no había ningún alemán.
¿Cómo era el ambiente en la universidad en los días alrededor del 9?
No había clases normales, había estudiantes que no llegaban y preguntaban (los profesores) qué se habían hecho; entonces como hubo una gran deserción...
A Austria, Hungría ...
Se fueron a la BRD (siglas en alemán de la RFA). Cuando nos percatábamos (de su ausencia), ya se habían ido. Incluso unos extranjeros se habían ido. Una compañera mía de cuarto, que era de Camboya (hoy Cambodia), se había ido. Los profesores seguían impartiendo sus clases como que nada ocurría.
¿Y en las calles?
Estuvimos en el 40 aniversario de la RDA (el 7 de octubre de 1989). Fue un desfile multitudinario, jamás me imaginé (que pasaría todo lo que pasó después).
Eso era el 7 de octubre y ya el 17 de octubre Erich Honecker había renunciado (la renuncia fue el 18 de octubre) y nos quedamos sin autoridad en todo ese tiempo. De repente salió Egon Krenz, era profesor de la universidad y entonces era ya él el secretario general (del partido). Pero se sentía de que estamos sin gobierno, que no estamos gobernados; (así) decían los alumnos y profesores.
Recuerdo también que se hizo una cadena humana a lo largo de la frontera, demandando que ya se abrieran las fronteras.
¿Cuándo?
En esos días, a partir del 17 de octubre.
¿Te das cuenta inmediatamente del anuncio de la apertura de las fronteras el 9?
Estábamos viendo televisión en las noche cuando lo anunciaron, pero nosotras, las nicaragüenses que estábamos allí, no salimos. Y al día siguiente fuimos a clases, no llegó ningún estudiante (alemán), sólo estábamos los extranjeros, ja, ja.
¿Vos no saliste? ¿Te dio miedo?
Sí, tenía temor. Eso de acercarse al muro, toda esa (vigilancia). Había que ser prudente, esperar hasta el fin qué iba a pasar con nosotros.
¿Te acordás del ambiente en los días siguientes? Me imagino que la gente andaba feliz.
Sí, pero tenían la incertidumbre los profesores sobre qué iba a pasar. Por ejemplo, se impartían allí clases de comunismo científico. Y después decían que ahora entramos a una economía de libre mercado y desaparecieron todos esos libros de comunismo científico y hubo cambios de los libros en la biblioteca.
¿Esto fue durante el primer año del cambio?
Sí, cuando ya se sabía que Alemania se iba a unificar, hasta fuimos a la Freie Universität, en Berlín Occidental. Hubo cambios de todos los programas de estudio. Hubo facultades que desaparecieron, había una que era de Organización y Teoría. Esa la dirigía el hijo de uno del Buró Político, esa inmediatamente desapareció. Había una nicaragüense allí, le dijeron que no seguiría allí y la trasladaron a la sección mía.
¿A los que ya estaban allá, los dejaron terminar con la beca?
Con la beca, sí. Yo supuestamente iba por seis años. Iba por seis meses de idioma, dos años del postgrado, y después tres de doctorado. En 1991 me informaron que tenía que terminar ese año. Los que ya estaban en el doctorado sí permanecieron.
¿Qué pasó luego, cuando se acaba la luna de miel de la reconciliación alemana?
La gente estaba bastante contenta, pero yo oía el temor de qué iba a pasar con ellos. Nosotros íbamos a trabajo de campo a fábricas. Por ejemplo en una fábrica de repuestos automotrices decían: “¿Qué va a pasar ? Porque era ya vieja, con maquinaria obsoleta, ya cuando nos unifiquemos nos van a retirar de los trabajos”.
Se vio la reconversión ocupacional. A los profesores, por ejemplo, los mandaron a recibir conferencias sobre la economía de mercado libre. Antes de venirme yo (diciembre 1991) ya había personas que decían que querían levantar de nuevo el muro.
¿Por qué?
Porque sentían como que no eran tratados como alemanes iguales, sino que se sentían como alemanes de segunda categoría, decían ellos. Entonces hacíamos chistes con los nicaragüenses casados con alemanas (orientales): si ellas son de segunda categoría, ustedes están como en cuarta categoría, ja, ja.
Ja, ja. Eso fue en....
En el 91. Ya había bastante descontento.
¿Por qué se sentían tratados como de segunda?
A mí me parece que era sobre todo por la calificación profesional. Pasar de una economía planificada a una de mercado (fue doloroso)...
¿Tenían salarios inferiores, eran discriminados?
Sí, salarios más bajos, y además, el costo de la vida aumentó, ya eran los productos de Alemania Federal que no eran baratos.
A nosotros la vivienda nos aumentó de precio, por ejemplo; antes nos atendían así (sin requisitos especiales) en los hospitales y después tuvimos que pagar un seguro médico. Entonces con el estipendio teníamos que pagar la vivienda, el seguro médico, también el transporte y la alimentación, los bonos en la universidad.
Entonces se notó que ya con los 900 marcos que nos daban, ya no era suficiente. Era suficiente para vivir allí, pero ya no podíamos ahorrar (como antes) para viajar, salir.
¿Eran 900 marcos de la RDA? ¿Luego, cuántos fueron?
Como yo estaba haciendo un postgrado y no era doctorado, me bajaron a 600 marcos (occidentales). A los aspirantes de doctorado sí les mantuvieron los 900 marcos (nuevos). Entonces (1991) el cambio con el dólar era de 1.42 marcos federales.
¿Y qué dijo la Embajada nicaragüense con los cambios?
A nosotros los nicaragüenses nos tocó el cambio aquí y allá. Algunos no sabían qué hacer, algunos querían asilarse en España.
Pero doña Violeta (Barrios de Chamorro, la presidenta) mandó un delegado, nos dio una carta la Embajada y (decían) que el Gobierno de Nicaragua mantenía relaciones con Alemania.
Nosotros (antes) nos reuníamos con Arturo Talavera, que era el secretario de la Juventud Sandinista, y con Helio Montenegro (hoy académico), responsable de los estudiantes en asuntos académicos.
¿Qué dijo el delegado de doña Violeta?
Que no nos preocupáramos. Que si teníamos un plan de trabajo lo íbamos a finalizar. Incluso después llegó ella, se reunió con el Canciller (Helmut) Kohl y comenzamos a sentir las cosas normales. A los de más alto rendimiento les dijeron incluso que los iban a poner en universidades de Berlín Occidental.
¿Eras del FSLN?
Yo pertenecía al Frente Sandinista.
¿Y ahora seguís en el FSLN?
No tengo vida partidaria, solamente (participo) en el sindicato de docentes en la universidad.
Tu opinión personal. El cambio en Alemania ¿fue para mejor o para peor?
Fue para mejor, porque ellos decían que tenían todo, que se sentían como en una jaula de oro. Tenían todo pero ellos querían tener la libertad de decidir qué país visitar. Siempre tenían que solicitar permiso para salir de Alemania (Democrática). Por lo menos (eso decían) las muchachas con las que yo estudiaba o las secretarias. Los profesores casi no exteriorizaban su opinión.
¿Cómo era la relación con la Embajada de Nicaragua en esos años 80? En agosto de 1989 yo viajé a Berlín Oriental desde Varsovia, yo estudiaba en Polonia, y tuve una pésima impresión, me recibieron muy mal.
Nosotros decíamos que el cuarto de nosotros (en la residencia estudiantil) era la Embajada, porque todos llegaban (otros estudiantes nicas de fuera de Berlín); allí teníamos periódicos, música, nos manteníamos actualizados.
Y ellos (en la Embajada), sólo cuando llegaba un dirigente los podíamos ver, pero de lo contrario, no teníamos mucho contacto.
¿El embajador? Inaccesible...
Al embajador yo nunca lo miré. Siempre era o con Arturo o con Helio Montenegro. Eran las únicas personas con las que nosotros teníamos contacto.
¿Era fácil cambiar de carrera en la RDA si vos querías?
Era una cosa rígida que había que respetar los convenios que existían.
Si había posibilidad de cambio, era únicamente con autorización de la Embajada.
Sí. Cualquier actividad que se hiciera tenía que ser autorizada por la Embajada.