En su columna de la revista quincenal de LA PRENSA, Magazine, edición del domingo 4 de noviembre corriente, el escritor Sergio Ramírez Mercado habla del célebre personaje de la ciudad de León, el Capi Prío, dueño de un popular establecimiento donde se servían bebidas de toda clase y quien “nunca dejaba a nadie padecer de sed si no tenía con qué pagar los nepentes —palabra del modernismo dariano preferida suya—”.
Nepente, dice el académico Francisco Arellano Oviedo en su Diccionario del Español de Nicaragua, es “1. Palabra de origen griego que significa exento de dolor. Medicina de los dioses. 2. Bebida alcohólica. Los nepentes de Rubén Darío. J.D. Vanegas, RD-VPJD, p. 135”.
Por su parte, el Diccionario de la RAE, edición de 1992, dice que nepente es: “1. Bot. Planta tipo de la familia de las nepentáceas. 2. Mit. Bebida que los dioses usaban para curarse las heridas o dolores, y que además producía olvido, como las aguas del Leteo”. (El Leteo “es el río del Hades o Infierno donde las almas de los muertos bebían el olvido de su alma terrena. La expresión ‘el agua del Leteo’ ha quedado como un símbolo mítico del olvido”, explica el mitólogo español José Antonio Pérez Rioja (Diccionario de Símbolos y Mitos, Editorial Tecnos S.A. 1984. Madrid, España).
Homero menciona el nepente en La Odisea, cuando narra que Telémaco, el hijo de Odiseo (Ulises), desesperado porque han pasado casi diez años desde que terminó la guerra de Troya y su padre no ha regresado a su hogar y reino en Ítaca, emprende un largo viaje en compañía de su fiel amigo Pisístrato para tratar de averiguar qué ha pasado con su progenitor.
En su viaje Telémaco llega a Esparta, donde reina felizmente Menelao después de que rescató a su infiel esposa Helena, con quien se ha reconciliado. ¿Pero cómo no iba a perdonar Menelao a Helena, si además de que la amaba profundamente ella, como hija de Zeus que era, seguía siendo la mujer más hermosa del mundo?
Como es un príncipe, Telémaco es agasajado por Menelao y Helena con un gran banquete de honor al que son invitados todos los nobles espartanos. Telémaco les habla del doloroso sufrimiento de su madre, Penélope, y de él mismo, por la larga ausencia de Odiseo y la angustia de no saber qué ha pasado con él. Entonces una inmensa tristeza se apodera de Telémaco y contagia a todos sus oyentes, que estallan en un llanto incontrolable.
Helena ordena a los criados que pongan polvo de nepente en el vino de los comensales y de esa manera se alivia inmediatamente la tristeza de Telémaco y de todas las personas que están en el banquete. Según el mitólogo francés J.F.M. Noel, “Helena la había recibido (la planta de nepente) de Polidamna, esposa de Tanis, rey de Egipto y la mezcló con el vino que se servía en la mesa de Menelao”. El polvo de nepente, agrega el mitólogo “adormecía el dolor, calmaba la cólera y hacía olvidar todos los males”.
En realidad, el nepente es una variedad de cáñamo que tiene propiedades como las de la marihuana y llegó a Grecia desde Egipto. De allí que en el relato homérico el nepente cambia el estado de ánimo y hace olvidar a quienes la beben mezclada con el vino. Y demuestra este relato homérico cómo, desde la más remota antigüedad siempre ha habido personas que se evaden de la realidad consumiendo drogas de cualquier clase.