Mauricio Paredes es ingeniero electrónico graduado en la Universidad Técnica de Dresde, en la extinta República Democrática Alemana.
Tiene 41 años y es el subgerente de una estación operativa “de la más grande empresa de telefonía del país” en Managua, según dice.
Estudió en Alemania entre 1986 y 1992. Antes de irse, hizo el servicio militar en el Batallón de Lucha Irregular (BLI) Sócrates Sandino, habiendo sido herido en la guerra.
Al viajar era militante de la Juventud Sandinista (JS), brazo juvenil del FSLN. Hoy dice que no tiene partido. Es cordial, jovial y se expresa de un modo muy coloquial a lo nicaragüense.
Los sucesos inmediatos anteriores a la apertura de la frontera de la RDA, manifestaciones, éxodo a Hungría, ¿cómo te enteraste?
Yo me enteré en la universidad.
Cuando empezaban las manifestaciones en Leipzig, casi al mismo tiempo se daban en Dresde, pero eran pacíficas. Compañeros de mi aula participaban en esas manifestaciones. Era comida común allí en la universidad que “hoy había una marcha en tal lado, fulano y perencejo van a ir”, y (tené en cuenta) el miedo, lo que significa para alguien estar bajo un gobierno (autoritario).
No recuerdo haber leído nada en los medios oficiales, ni (haber visto) en las noticias (televisivas). Pero sí en publicaciones que circulaban en la universidad, tipo viñetas; en los murales ponían: “Se les invita a participar en la manifestación fulano de tal, hora de salida en tal lugar”. Del ciento por ciento de la gente que conocía, un 80 a un 90 por ciento, no estaba de acuerdo con la situación del socialismo.
¿Dónde estaba la principal razón de descontento? En la RDA tenían un nivel de vida superior.
Mirá, lo que más le molestaba a mis compañeros que son mi referencia, era no poder salir adonde querían, teniendo poder económico para hacerlo, porque el marco democrático (el marco de la RDA) siempre fue cambiable por cualquier moneda occidental, había un cierto turismo hacia Alemania Democrática de parte del Occidente. Y como ellos siempre fueron ahorrativos; incluso, cuando se dio el cambio del dinero, resulta que tenían un “cachimbo” de dinero.
Porque salir y viajar le cumplía las demás cositas que querían: comprar tecnología, me imagino que tener un acceso de trabajo en otro lado; todo estaba ligado con poder salir. No tenían ningún problema en la educación, incluso había un orgullo de estudiar en las universidades de nosotros en Dresde, estábamos rankeados incluso en Occidente. (...) Yo vine aquí después y logré insertarme en el mercado y compañeros míos , después de la caída del muro, ahí nomasito fueron reclutados por Siemens, por empresas grandes. O sea, que la educación no era un problema para ellos, ni tampoco la comida, se comía bien, ni tampoco el transporte. Más bien, cuando cayó el muro, esos problemas sí se empezaron a dar. Siempre reconocieron ellos esas bondades.
La gente se atrevía ahora más a salir a las calles. Para agosto de 1989, ¿era ya previsible que se iba a caer el muro?
No, creo que todo eso fue muy rápido, pero no fue una cosa aislada de Alemania. Acordate que tiene que ver con la posición que tomó (el líder soviético Mijaíl) Gorbachov. Y eso sí fue público, fue transmitido en todos los medios . Una posición de apertura.
Estaba también Polonia (un primer gabinete no comunista, en septiembre de 1989) ...
Estaba lo de Polonia, pero era un descontento de los países socialistas en general. La llave es la posición de Gorbachov, una posición muy madura, que no va a haber represión.
En 1953 hubo una protesta obrera en Berlín y la reprimieron.
Allí los agarraron y los “cachimbearon” a todos. Porque la posición soviética fue dura, con tanques y todo. Alemania tenía bases militares soviéticas grandes.
Miles de soldados.
Sí cuando vos ibas a Berlín mirabas a esos jodidos (los rusos). A los alemanes les caía mal, era una cuestión de dignidad; como que a nosotros , como a cualquier pueblo le pasa, que no acepta que ande un jodido ahí comiendo tranquilo, sabiendo (vos) que te tiene la bota puesta.
Entonces yo creo que todo se acelera, y (así con) los movimientos (sociales) que había seguramente, pero eran una mínima expresión. Y el descontento que había era masivo, pero no tenía ni liderazgo como tal ni un norte; el descontento no tenía una meta posible para cambiarlo (el sistema), pero con la posición de los soviéticos, suave, democrática (...) fue la base para que se sintiera de que no iba a tener unas consecuencias represivas.
Yo recuerdo las primeras manifestaciones en la calle: allí iba la policía alemana, iba a la par, tranquilos. Eso fue en el 89.
Mucho había cambiado.
Eso fue a finales de (octubre) . Yo lo sentía muy rápido. Recuerdo las manifestaciones, unas para subirse a los trenes (para salir hacia Alemania Federal), esas sí fueron reprimidas. Incluso allí mojaron a un par de nicaragüenses que anduvieron abriendo la boca. Uno era Róger Mena, un compañero mío que, como yo, era sandinista, no lo voy a ocultar. Él era más amigo de gente más brava y el jodido los fue a acompañar. Al día siguiente que nos dimos cuenta que habían mojado a Róger y a otros compañeros míos alemanes, los tipos eran los héroes en la universidad.
¿Te enteraste de lo de la renuncia del secretario general comunista Erich Honecker? ¿Qué reacción hubo?
Creo que de alegría no era, era como de confusión, como de duda. Como una expectativa. No era alegría porque creo que todo mundo sabía que no dependía del gobierno alemán, sino en última instancia de los rusos y del curso de las cosas en Rusia. Creo que la gente, mientras no salieran los soviéticos, siempre debió haber mantenido esa duda.
¿Cómo sabés del 9 de noviembre?
Eso sí se transmitió en televisión en vivo, inmediatamente.
Ya había habido elementos, de esos que anteceden a las revoluciones, eso fue un tipo de revolución. No había ninguna actividad normal, ni de estudio, ni de nada. Entonces todo mundo sólo estaba esperando el bombazo, o sea la conclusión de una serie de eventos. Pero a mí me parece que yo vi eso en vivo, si la memoria no me falla.
De alguna manera siento que primero fue Dresde, antes que Berlín , quizás porque la secuencia fue Leipzig, Dresde, y que todo mundo decía: “Púchica, hasta ahora botan el muro”.
Poco antes de las siete de la noche anuncian la apertura de las fronteras de la RDA. La gente sale espontáneamente en masa. ¿Cuál era el ambiente después?
Después de la caída del muro, eso sí fue alegre. El mismo evento sí fue alegre. Creo que la gente sintió que ya podían salir (a) donde quisiera, y, segundo, que estaban juntos como pueblo alemán. Siempre vieron como una tontería estar separados, nunca fue por su gusto. No recuerdo a alguien triste.
¿Qué hiciste al día siguiente? ¿No tomaron vos y tus compañeros?
Todo el tiempo tomábamos, pero no recuerdo que tomáramos especialmente. Lo que sí recuerdo es que varios compañeros salieron al día siguiente para Berlín porque todo mundo quería tener un pedazo del muro. Yo no fui, a mí me dieron un pedazo.
Yo en lo personal tenía una reacción de alegría porque era algo que tenía que pasar, pues. Pero también un poquito de agradecimiento, y lo mantengo, al socialismo de la RDA. Yo estaba un poquito dividido entre la alegría y el agradecimiento.
Además, yo siempre considero que el socialismo es mejor que el capitalismo. Yo por eso no fui a Berlín, por una cuestión de fidelidad, de consecuencia.
Entonces me quedé porque yo era el representante de la Juventud Sandinista en Dresde. No fue por miedo, porque el Frente nos catalogó de que éramos contrarrevolucionarios.
Explicame eso.
Los sandinistas de Dresde fuimos a pedirle a la embajada un tiempo (en 1988) de que por favor nos diera el permiso de ir a Alemania Federal y los jodidos no nos lo dieron, más bien lo que hicieron fue calificarnos de “contrarrevolucionarios”.
¿Y por qué querían ir a Alemania Federal? ¿Querían trabajar?
No, ya habíamos trabajado y teníamos dinero. Teníamos como un banquito nuestro. (...) No recuerdo qué habíamos hecho, pero queríamos ir al otro lado a comprar unas cositas: grabadoras, etc., babosadas de estudiantes. No nos dieron permiso, más bien nos “colorearon”.
¡Contrarrevolucionarios!
Contrarrevolucionarios.
¿Quién era el secretario de la JS en la RDA?
Era este jodido de Arturo Talavera, que ahora es dueño de “Mi viejo ranchito” (un restaurante). Él era, y su esposa era la cónsul, no recuerdo su nombre.
La embajada de Nicaragua tenía que darte permiso para viajar.
Hay un montón que salieron (de la RDA) pero se fueron “mojados” (sin permiso). Para que salieras normalmente, la embajada te tenía que poner en el pasaporte un permiso.
Porque fuimos a eventos a Alemania Federal, pero siempre a través de nuestra embajada. En Darmstadt , RFA, hasta la fecha, se hace la Copa Sandino de futbol. Y siempre íbamos un equipo de futbol de estudiantes de Alemania Democrática. Yo fui dos veces. Con la embajada.
¿Quién era el embajador?
Era este señor Cardenal, hermano de Ernesto y de Fernando Cardenal. No me acuerdo el nombre. Está vivo. Pero la embajada dio la cara por nosotros en todo.