El 9 de noviembre de 1989 es el emblemático fin de una época histórica, del siglo XX. Aunque no es el verdadero final de la Guerra Fría, aquel día lo ha venido a simbolizar. Es el día de “la caída” del Muro de Berlín, la muralla que dividió a la vieja capital alemana y que representaba la división misma del mundo en dos campos enemigos.
Aquel día el muro no cayó literalmente, al menos no en su totalidad, aunque varios de sus pedazos de cemento y hormigón fueron echados abajo a martillazos por eufóricos berlineses. Fue entonces cuando las autoridades comunistas del Este anunciaron la apertura de las fronteras de la República Democrática Alemana. No se llegó así por así a aquel dramático momento.
Cuatro años antes, el más joven de los máximos líderes soviéticos que alguna vez escalaron las cumbres del poder, había lanzado un ambicioso proyecto: la perestroika, o reestructuración. Mijaíl Gorbachov se proponía insuflar nuevos aires a un estancado sistema político-económico y rebajar las tensiones nucleares con la otra superpotencia, Estados Unidos. Los vientos de la apertura, o glásnot, también soplaron inevitablemente hacia los satélites de la Unión Soviética (URSS) en la Europa del Este.
En Polonia, el régimen sufría una progresiva erosión y descrédito después de la crisis de 1980-81. La existencia y la actividad del sindicato Solidaridad —el primero no comunista en el bloque soviético—, y el peso de la figura del Papa Juan Pablo II, habían arrancado espacios políticos y sociales al poder.
Pese al estado de excepción de diciembre de 1981, impuesto por el general Wojciech Jaruzelski, Solidaridad sobrevive. Pocos años después es relegalizado y sus líderes liberados, entre ellos, Lech Walesa, Premio Nobel de la Paz 1983.
Con la venia de Moscú, el gobierno polaco negocia desde 1988 con la oposición una apertura democrática en la famosa Mesa Redonda. El 4 de junio de 1989 se celebra unas elecciones parlamentarias parcialmente libres. El tercio de escaños de la Cámara Baja en disputa y todo el Senado van a parar a manos de Solidaridad. El 24 de septiembre de 1989, asume el gabinete del primer ministro Tadeusz Mazowiecki, dirigente de Solidaridad, el primero no comunista en 4 décadas de dominio soviético en Europa del Este. Sin duda alguna, esto fue posible gracias a Gorbachov y la perestroika.
Desde principios de los años ochenta, los comunistas húngaros inician un proceso de apertura con pequeños cambios en la economía, permitiendo más iniciativa privada.
En septiembre de 1989, Budapest decide la apertura de las fronteras con Austria. Miles de alemanes del Este que vacacionaban en Hungría o en Checoslovaquia, se abalanzan hacia la frontera austríaca para luego dirigirse a la República Federal Alemana. O atiborran las embajadas de la RFA en Budapest, Praga y Varsovia. El año de 1989 ve el fin del comunismo en Hungría misma.
Ante la inesperada presión del éxodo masivo, ante las crecientes manifestaciones en casa que denotan una insatisfacción social, el poder comunista en la RDA se debilita. El 7 de octubre se celebra el 40 aniversario de la fundación de la RDA, acto al cual asiste Gorbachov mismo.
A pesar de la imagen de fortaleza que aún transmite el desfile militar y la orquestada concentración, el piso se le tambalea al principal dinosaurio, el secretario general del Partido Socialista Unificado de Alemania (PSUA), Erich Honecker. Sus camaradas del Buró Político —máximo órgano del poder colegiado en los países comunistas — fuerzan su renuncia el 18 de octubre de 1989. Honecker había sido el responsable de la edificación del muro.
El 9 de noviembre, el jefe del PSUA en Berlín y miembro del Politburó, Günter Schabowski, lee en una rueda de prensa transmitida en directo por la televisión oficial, un decreto de apertura de los pasos fronterizos. La televisión germano occidental difundió la noticia. La reacción popular fue inmediata, miles corren hacia el muro. En la noche los alemanes de ambos lados suben a la muralla, bailan y se abrazan.
Desde principios de la década de los ochenta, miles de nicaragüenses viajaron a los países socialistas para estudios de todos los niveles. ¿Cómo vivieron aquellos días históricos? En esta serie les traemos los testimonios de tres ex becarios.