La Fiscalía japonesa pidió la pena de muerte para el peruano José Manuel Torres Yagi, por la violación y el asesinato de una niña al inicio de un nuevo juicio en el Tribunal Superior de Hiroshima (Oeste de Japón), durante el cual el acusado mantuvo a duras penas la compostura.
Si fuera condenado a muerte, como reclama también la familia de la menor asesinada, Torres Yagi sería el primer latino sentenciado a la pena capital en Japón, donde se ha aplicado en pocas ocasiones a extranjeros.
En el inicio del juicio, la Fiscalía explicó las razones por las que no se contenta con la condena de cadena perpetua con la que Torres Yagi fue sancionado en primera instancia en 2006 y presentó nuevas declaraciones para justificar su apelación, así como datos sobre su pasado criminal en Perú.
LAS RAZONES
Esa condena fue “extremadamente ligera e injusta, y la pena de muerte es la única opción”, alegó el fiscal, para quien la tendencia criminal del acusado está profundamente enraizada.
Torres, de 35 años, condenado por haber violado y matado a la pequeña japonesa Airi Kinoshita hace dos años, apenas pudo contener las lágrimas en diversos pasajes de la sesión, como los alegatos de la Fiscalía.
Con evidentes gestos de ansiedad, el acusado escuchó a través de un sistema de traducción simultánea del japonés al español las declaraciones leídas con las que la Fiscalía avaló su petición de una condena más dura.
La defensa justificó por su parte que el acusado, que superó los momentos más intensos de la sesión arrugando el gesto, no mató intencionadamente a la pequeña Airi, por lo que solicitó una condena más leve.
Sus abogados recordaron que el peruano afirmó haber escuchado “voces del diablo” y que en el anterior juicio no fue sometido a una prueba siquiátrica.
Torres, que apareció en la sala con las manos esposadas en la espalda y atadas por una cuerda azul, que sostenía uno de sus cuatro vigilantes, está acusado de haber abusado y estrangulado el 22 de noviembre del 2005 a Airichán, el diminutivo de Airi.