Quizá nadie imaginó que un bateador que sólo había disparado un jonrón en sus primeros 103 juegos, se convertiría con el paso del tiempo en uno de los más temibles artilleros en la historia del beisbol pinolero.
Pero hubo alguien que probablemente lo imaginó: Argelio Córdova, quien incluso pronosticó que sería mejor que Nemesio Porras, el formidable bateador del Bóer, para muchos el patrón por el que hay que medir a los artilleros de las nuevas generaciones.
Quizá no se cumplió el pronóstico del “Brujo”, pero Próspero González no lo necesitó para alcanzar la grandeza y el reconocimiento en el beisbol nacional, mientras deja huellas que van a garantizar su presencia en el tiempo.
Hoy le toca decir adiós a Próspero, indiscutiblemente el artillero zurdo de más poder que ha desfilado por los campos nacionales. Y se va con la frente en alto y la seguridad de haber ofrecido su mejor esfuerzo en beneficio del espectáculo.
Entre los artillero nicas, sólo Ernesto López con 319 cuadrangulares está delante de Próspero, quien descargó 258 toletazos. Es el líder de todos los tiempos en remolques con 1,135 y en anotadas con 1,025.
González, además, bateaba cuando importaba. En cuatro ocasiones fue líder en juegos decididos. Su máxima cifra fueron los 17 de 1990. Voló sobre los .400 en dos ocasiones y capturó el título de bateo en 1989 en dramático empate con Freddy García.
Próspero debutó con el Corinto en 1983 y se fue formando a la par de Pablo Juárez, el mejor bateador zurdo de la época, a quien aventajó con el tiempo.
Veinticuatro años después es el momento de irse y lo vamos a extrañar porque además de haber sido un espectacular jugador, es también buena persona, un tipo amable y accesible.
Nunca entendí la historia sobre sus nombres, pero tampoco hace falta. De lo que sí estoy seguro, es que este tipo sabía qué hacer con el madero entre sus manos.