La Asamblea Nacional aprobó, el martes de esta semana, la Ley Creadora del Banco de Fomento a la Producción, una institución financiera estatal que pretende captar capital privado y que persigue el propósito de convertir en sujetos de crédito a los pequeños productores y empresarios que por múltiples razones no tienen acceso a la banca comercial.
El Banco de Fomento comenzará a funcionar a partir del año entrante, con un capital inicial de 37 millones de córdobas (alrededor de dos millones de dólares). La Ley Creadora no establece la tasa de interés sobre los préstamos, la cual será determinada por el Consejo Directivo bajo el criterio de que debe ser inferior a la de la banca privada. Sin embargo la Ley Creadora del Banco de Fomento a la Producción establece que éste no podrá prestar más del diez por ciento de su capital a una sola persona o grupo de individuos con intereses relacionados.
Según el presidente de la comisión económica de la Asamblea Nacional, el diputado del PLC Francisco Aguirre Sacasa, el objetivo fundamental del Banco de Fomento “es democratizar el crédito, la idea de establecer ese techo del diez por ciento es para asegurar que los frutos de este banco le lleguen al máximo número de nicaragüenses, a través de individuos o de cooperativas”. Por su parte, el diputado y ex banquero Eduardo Montealegre, líder de la ALN, señaló que “la institución, dependiendo de sus costos, debería cobrar —como tasa de interés— un margen suficiente para cubrir sus costos nada más, porque no es una institución con fines de lucro”.
Es de suponer que los diputados tomaron en cuenta, al aprobar la creación del Banco de Fomento a la Producción, la nueva visión que hay en el mundo sobre la banca de desarrollo. Es decir, cero subsidios y condonaciones, razonables tasas de interés, aplicación de la moderna tecnología bancaria para reducir los costos en beneficio del cliente y del mismo banco, medición objetiva del riesgo y, ante todo, nada, absolutamente nada de política.
Un banco de fomento a la producción es muy necesario en Nicaragua, para financiar a los pequeños y medianos productores y empresarios que no tienen capacidad de pagar la tasa de interés que cobra la banca mercantil; y para impulsar por esta vía el desarrollo de la economía nacional. Pero hay que recordar que ya hubo este tipo de banca en Nicaragua, la cual dejó de operar porque quebró como consecuencia de la liberalidad en el otorgamiento de créditos en función de intereses e influencias políticas y de cualquier otro tipo, por la vergonzosa cultura del no pago de las deudas que se generalizó en nuestra sociedad, pero fundamentalmente por la corrupción, pues los bancos estatales fueron saqueados por políticos corruptos y otras personas de la misma ralea.
Precisamente esta es la gran amenaza que desde antes de nacer se cierne contra el Banco de Fomento a la Producción que fue creado apenas esta semana y comenzará a funcionar hasta en el siguiente año. En realidad, es fácil imaginar que desde ahora los políticos corruptos del entorno de los caudillos Daniel Ortega y Arnoldo Alemán ya están haciendo planes para aprovechar en su propio beneficio los 37 millones de córdobas del capital inicial de dicho banco y los recursos financieros posteriores, que se espera serán aportados por la empresa privada.
Sin duda que los mismos diputados que aprobaron la Ley Creadora del Banco de Fomento a la Producción son conscientes de ese peligro inminente. Seguramente por eso fue que algunos legisladores propusieron que el Consejo Directivo del Banco, que es el que autorizará los préstamos y las políticas financieras, no dependiera del Gobierno. Pero su propuesta fue rechazada, de manera que el Consejo Directivo del Banco de Fomento de la Producción estará integrado por cinco representantes del Gobierno, tres de los productores, uno de los gobiernos autónomos del Caribe y otro del sector privado, siempre y cuando este aporte un mínimo del diez por ciento del capital total de la mencionada entidad bancaria.
Al parecer habrá un balance en esa composición de ese Consejo Directivo, pero conociendo el sebo de nuestro ganado dudamos que sea suficiente para impedir que se haga una piñata con los fondos de que dispondrá el Banco de Fomento a la Producción.