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Salud económica de EE.UU. a prueba
Latinoamérica observa con cautela el desempeño de la economía de Estados Unidos, afectada por la crisis del sector hipotecario. Son diversas las proyecciones en torno a lo que podría pasar. Wall Street ha bautizado los primeros meses del 2008 como “el trimestre peligroso”
John C. Edmunds, Boston *
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Alerta por diversos frentes

El director gerente del FMI, el francés Dominique Strauss-Kahn, recién reiteró que el organismo cree que Estados Unidos no caerá en recesión, pese a la debilidad continuada de su mercado inmobiliario.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) mantuvo sus pronósticos para la economía estadounidense, según los cuales Estados Unidos crecerá este año sólo un 1.9 por ciento y el mismo porcentaje en el 2008.

“No vemos razones que indiquen una recesión en Estados Unidos, aunque una siempre es posible y no se puede descartar, pero aún así no contemplamos una previsión de recesión en la economía de Estados Unidos o de cualquier otro país”, sostiene Strauss-Kahn.

El estadounidense John Lipsky, el “número dos” del FMI, explicó que inicialmente el organismo había augurado que los problemas en el sector inmobiliario de su país natal terminarían a finales de este año.

Estados Unidos creció a un ritmo del 3.9 por ciento en el tercer trimestre, un dato que superó expectativas y demuestra la capacidad de la primera economía mundial para capear el temporal en el sector inmobiliario del país.

El consenso de analistas había pronosticado que el Producto Interior Bruto (PIB) repuntaría un 3.1 por ciento en el período.

“Llevo suficientes años siguiendo los datos del PIB como para saber que los números se rebajan con frecuencia”, alertó Kurt Karl, economista jefe de la reaseguradora Swiss Reinsurance en Nueva York.

En su opinión, la debilidad del sector inmobiliario y las repercusiones del endurecimiento del crédito se notarán en el cuarto trimestre de este año y el primero del 2008, cuando la mayoría de analistas esperan una fuerte desaceleración.

De hecho, Wall Street ha bautizado ya a los primeros meses del próximo ejercicio como “el trimestre peligroso”.

EFE

Frentes de riesgos

La crisis generada en Estados Unidos por los préstamos hipotecarios de alto riesgo, cuyos pagos se han atrasado, tuvo un impacto muy moderado en los mercados emergentes, pero podría haber implicaciones a mediano y largo plazo.

Guillermo Ortiz, gobernador del Banco Central de México, afirmó que este hecho contrasta con lo que ha ocurrido en algunas otras regiones del mundo, como en Europa.

“Hasta la fecha, el contagio en nuestras economías no ha sido importante”, según el funcionario mexicano quien habló sobre la crisis en la Cuadragésima Primera Asamblea Anual de la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban) que concluyó en Miami, Estados Unidos.

No obstante, examinó los posibles canales de contagio del mercado “subprime” de Estados Unidos hacia las economías latinoamericanas.

Un primer canal de transmisión podría tener lugar a través de las pérdidas a que pudieran estar expuestas las instituciones financieras de la región por haber invertido en el denominado mercado “subprime”.

Aparentemente, la exposición de los bancos de la región a riesgos asociados al mercado “subprime” ha sido muy reducida, según Ortiz, y posiblemente la razón estriba en que los bancos de América Latina gozan, en general, de márgenes de tasas de interés bastante amplios, derivados de su creciente participación en el crédito al consumo.

“Esta situación explica el que la banca latinoamericana haya estado menos interesada en buscar activos que ofrecieran un mayor rendimiento. Lo anterior contrasta con la situación de algunos bancos europeos”, puntualizó.

Un segundo canal de transmisión podría ser una contracción en el crédito otorgado por las subsidiarias latinoamericanas, cuyas matrices del exterior hubieran sufrido pérdidas importantes en esta crisis, pero la información disponible no permite evaluar aún esta posibilidad, de acuerdo con el directivo bancario.

El tercer elemento de transmisión, “y sin duda en estos momentos el de mayor importancia potencial”, derivaría de los efectos que pudieran tener los problemas crediticios y la evolución del mercado hipotecario en EE.UU. sobre el sector real de su economía y, en consecuencia, sobre el sector real de las economías latinoamericanas.

Entre las lecciones que se deben aprender de esta crisis, según Ortiz, es la importancia que tiene para la estabilidad financiera que los originadores de crédito observen criterios de prudencia en el otorgamiento de la financiación.

Entre los grandes

Estados Unidos es uno de los mayores mercados para las exportaciones de Centroamérica y de Nicaragua en particular. En el 2006 las ventas nicas a Estados Unidos, sin incluir las zonas francas, sumaron 333 millones de dólares, de 1,027 millones que alcanzaron las exportaciones nacionales.

Estados Unidos no ha tenido una recesión desde 2001, aunque la última realmente severa fue en 1990. Así, es razonable predecir que pronto llegará una. Y, movidos por la fuerza de la costumbre, muchos latinoamericanos temen que el impacto en las economías de la región será negativo.

Pero la tradicional pulmonía que América Latina pesca cada vez que Estados Unidos estornuda no se hará realidad esta vez. La crisis que atraviesa el país del norte es de una naturaleza distinta a la clásica recesión a la que estábamos acostumbrados. Y, contrariamente a lo que muchos esperan, sus efectos en América Latina incluso podrían ser positivos (otros advierten de riesgos y posibles canales de contagios).

Lo que más diferencia a la actual crisis de las anteriores en Estados Unidos es que no se trata de un fenómeno extendido de igual manera para todo el país.

La mayor economía del mundo ha tenido un feroz proceso de redistribución del ingreso y de la riqueza durante los últimos 10 años, que ha favorecido a las personas con conocimientos técnicos y a los poseedores de activos financieros, mientras que quienes cuentan con menos preparación han salido menos beneficiados.

Desde un punto de vista geográfico, esta redistribución ha beneficiado a las costas del país y a los estados con recursos naturales, y ha castigado a los estados del medio, cuya actividad depende en mayor medida de la manufactura. Igualmente, los efectos de la actual crisis inmobiliaria no han afectado a todos los estados por igual.

Algunas regiones, como los estados montañosos, o las que cubren el área del Cinturón Oxidado (que incluye a Estados como Illinois, Michigan y Nueva York) han sido las más perjudicadas, mientras que otras regiones, como las costas, han salido mejor paradas. Esta disparidad se reflejará en una tasa de crecimiento agregada más lenta para Estados Unidos, aunque, gracias a los estados que les sigue yendo bien, no será negativa.

Los enormes desbalances en el sistema financiero internacional son otro elemento inédito en el panorama económico mundial. Los bancos centrales asiáticos mantienen reservas en dólares por US$4.5 billones (millones de millones), y están tratando de decidir qué hacer con ese dinero, pues el poder de compra de las reservas decae mientras el dólar se debilita.

Pero los bancos centrales asiáticos no pueden deshacerse de esos dólares sin fortalecer sus propias monedas y hacer sus productos demasiado caros para los bolsillos estadounidenses.

En cambio, lo que los asiáticos sí pueden hacer es comprar materias privadas y almacenarlas para su uso futuro. Una estrategia inteligente sería adquirir aluminio, cobre, níquel y plomo, materias primas industriales que no atraen tanta atención como el oro y el petróleo.

LAS MOTIVACIONES DE LA FED

En este escenario, la pregunta clave es cuánto más puede debilitarse el dólar. La reciente reducción de tasas de interés (y su efecto negativo en el valor de la divisa) no fue motivada por las consecuencias internacionales que esta política implica, sino por la situación doméstica.

Hoy, millones de familias de clase media están perdiendo sus casas porque no pueden pagar sus hipotecas. La Reserva Federal (o Fed, como es mejor conocida) decidió alivianar las tasas de interés en un esfuerzo por salvar a los dueños de esas viviendas.

La gran reducción de tasas de la Fed ayudó a algunos, pero muchos están aún enfrentando desalojos y perdiendo sus propiedades. Y cada mes el número de familias afectadas crece.

La crisis inmobiliaria se ha tornado tan severa que el mandato oficial más importante de la Fed —mantener la estabilidad de precios— ha sido reemplazado por la obligación de proteger la salud de la economía de los ciudadanos estadounidenses. En la medida que la crisis inmobiliaria empeore, la institución liderada por Ben Bernanke podría volver a reducir las tasas una y otra vez.

El problema es que, para el ente emisor, las elecciones del próximo año están incómodamente cerca. Como cuerpo independiente, intenta mantenerse por sobre la refriega, y le disgusta hacer cambios en la política monetaria en los meses inmediatamente anteriores a la elección. Esto es un incentivo para reducir las tasas de interés rápido y finalizar los recortes hacia mediados del 2008.

Así, crisis inmobiliaria y la proximidad de las elecciones de noviembre del 2008 son las razones que subyacen en la política de expansión monetaria de la Reserva Federal, una combinación tóxica para la moneda, pero que incentivará nuevas reducciones en las tasas de referencia en los próximos meses.

POSIBLES EFECTOS

¿Cuál será el efecto de esto en América Latina? Primero, que las monedas de muchos países de la región, incluido Brasil, continuarán su fortalecimiento.

Los trabajadores se beneficiarán menos que los dueños de activos financieros. Y las áreas rurales, menos que las ciudades. El turismo y las exportaciones particularmente sensibles a precios se verán afectados, mientras que los comercios de más alto nivel se verán beneficiados.

Los latinoamericanos más preocupados pueden relajarse si este escenario ocurre. El futuro será similar al pasado reciente. No obstante, hay dos escenarios probables que son más extremos que el ya mencionado.

Primero, es posible que los bancos centrales asiáticos comiencen agresivamente a buscar protección contra la debilidad del dólar. En este caso los precios de los commodities, incluidos el oro y el petróleo, subirán rápidamente y el fortalecimiento de las monedas latinas será aún más acelerado, atrayendo a la vez más inversión de portafolios en los países que cuentan con mercados de capitales reformados y transparentes.

El segundo escenario incluye la preocupante posibilidad de que la administración de George W. Bush ordene un ataque militar contra Irán. En ese caso, los inversionistas podrían vender sus dólares y refugiarse en activos más seguros. Aunque podrían considerar a América Latina como uno de esos refugios, es posible que terminen yéndose a los activos considerados tradicionalmente más seguros, como el oro y el franco suizo.

Pero en ninguno de estos casos la región se vería afectada por una pulmonía crítica. Por el contrario, parece más probable que las economías latinoamericanas más fuertes tengan que arreglárselas con su continuo fortalecimiento, como el que han experimentado recientemente.

* Director de investigación del Instituto de Negocios Llatinoamericanos de Babson College.

(c) 2007, AméricaEconomía. Todos los derechos reservados.

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