Estados Unidos no ha tenido una recesión desde 2001, aunque la última realmente severa fue en 1990. Así, es razonable predecir que pronto llegará una. Y, movidos por la fuerza de la costumbre, muchos latinoamericanos temen que el impacto en las economías de la región será negativo.
Pero la tradicional pulmonía que América Latina pesca cada vez que Estados Unidos estornuda no se hará realidad esta vez. La crisis que atraviesa el país del norte es de una naturaleza distinta a la clásica recesión a la que estábamos acostumbrados. Y, contrariamente a lo que muchos esperan, sus efectos en América Latina incluso podrían ser positivos (otros advierten de riesgos y posibles canales de contagios).
Lo que más diferencia a la actual crisis de las anteriores en Estados Unidos es que no se trata de un fenómeno extendido de igual manera para todo el país.
La mayor economía del mundo ha tenido un feroz proceso de redistribución del ingreso y de la riqueza durante los últimos 10 años, que ha favorecido a las personas con conocimientos técnicos y a los poseedores de activos financieros, mientras que quienes cuentan con menos preparación han salido menos beneficiados.
Desde un punto de vista geográfico, esta redistribución ha beneficiado a las costas del país y a los estados con recursos naturales, y ha castigado a los estados del medio, cuya actividad depende en mayor medida de la manufactura. Igualmente, los efectos de la actual crisis inmobiliaria no han afectado a todos los estados por igual.
Algunas regiones, como los estados montañosos, o las que cubren el área del Cinturón Oxidado (que incluye a Estados como Illinois, Michigan y Nueva York) han sido las más perjudicadas, mientras que otras regiones, como las costas, han salido mejor paradas. Esta disparidad se reflejará en una tasa de crecimiento agregada más lenta para Estados Unidos, aunque, gracias a los estados que les sigue yendo bien, no será negativa.
Los enormes desbalances en el sistema financiero internacional son otro elemento inédito en el panorama económico mundial. Los bancos centrales asiáticos mantienen reservas en dólares por US$4.5 billones (millones de millones), y están tratando de decidir qué hacer con ese dinero, pues el poder de compra de las reservas decae mientras el dólar se debilita.
Pero los bancos centrales asiáticos no pueden deshacerse de esos dólares sin fortalecer sus propias monedas y hacer sus productos demasiado caros para los bolsillos estadounidenses.
En cambio, lo que los asiáticos sí pueden hacer es comprar materias privadas y almacenarlas para su uso futuro. Una estrategia inteligente sería adquirir aluminio, cobre, níquel y plomo, materias primas industriales que no atraen tanta atención como el oro y el petróleo.
LAS MOTIVACIONES DE LA FED
En este escenario, la pregunta clave es cuánto más puede debilitarse el dólar. La reciente reducción de tasas de interés (y su efecto negativo en el valor de la divisa) no fue motivada por las consecuencias internacionales que esta política implica, sino por la situación doméstica.
Hoy, millones de familias de clase media están perdiendo sus casas porque no pueden pagar sus hipotecas. La Reserva Federal (o Fed, como es mejor conocida) decidió alivianar las tasas de interés en un esfuerzo por salvar a los dueños de esas viviendas.
La gran reducción de tasas de la Fed ayudó a algunos, pero muchos están aún enfrentando desalojos y perdiendo sus propiedades. Y cada mes el número de familias afectadas crece.
La crisis inmobiliaria se ha tornado tan severa que el mandato oficial más importante de la Fed —mantener la estabilidad de precios— ha sido reemplazado por la obligación de proteger la salud de la economía de los ciudadanos estadounidenses. En la medida que la crisis inmobiliaria empeore, la institución liderada por Ben Bernanke podría volver a reducir las tasas una y otra vez.
El problema es que, para el ente emisor, las elecciones del próximo año están incómodamente cerca. Como cuerpo independiente, intenta mantenerse por sobre la refriega, y le disgusta hacer cambios en la política monetaria en los meses inmediatamente anteriores a la elección. Esto es un incentivo para reducir las tasas de interés rápido y finalizar los recortes hacia mediados del 2008.
Así, crisis inmobiliaria y la proximidad de las elecciones de noviembre del 2008 son las razones que subyacen en la política de expansión monetaria de la Reserva Federal, una combinación tóxica para la moneda, pero que incentivará nuevas reducciones en las tasas de referencia en los próximos meses.
POSIBLES EFECTOS
¿Cuál será el efecto de esto en América Latina? Primero, que las monedas de muchos países de la región, incluido Brasil, continuarán su fortalecimiento.
Los trabajadores se beneficiarán menos que los dueños de activos financieros. Y las áreas rurales, menos que las ciudades. El turismo y las exportaciones particularmente sensibles a precios se verán afectados, mientras que los comercios de más alto nivel se verán beneficiados.
Los latinoamericanos más preocupados pueden relajarse si este escenario ocurre. El futuro será similar al pasado reciente. No obstante, hay dos escenarios probables que son más extremos que el ya mencionado.
Primero, es posible que los bancos centrales asiáticos comiencen agresivamente a buscar protección contra la debilidad del dólar. En este caso los precios de los commodities, incluidos el oro y el petróleo, subirán rápidamente y el fortalecimiento de las monedas latinas será aún más acelerado, atrayendo a la vez más inversión de portafolios en los países que cuentan con mercados de capitales reformados y transparentes.
El segundo escenario incluye la preocupante posibilidad de que la administración de George W. Bush ordene un ataque militar contra Irán. En ese caso, los inversionistas podrían vender sus dólares y refugiarse en activos más seguros. Aunque podrían considerar a América Latina como uno de esos refugios, es posible que terminen yéndose a los activos considerados tradicionalmente más seguros, como el oro y el franco suizo.
Pero en ninguno de estos casos la región se vería afectada por una pulmonía crítica. Por el contrario, parece más probable que las economías latinoamericanas más fuertes tengan que arreglárselas con su continuo fortalecimiento, como el que han experimentado recientemente.
* Director de investigación del Instituto de Negocios Llatinoamericanos de Babson College.
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