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Noticias >> Opinión
¿Para qué cambiar el sistema político?
Fabio Gadea Mantilla
El autor es director general de Radio Corporación
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Querida Nicaragua: Desde hace días

el ambiente nacional está saturado de noticias políticas. Presidencialismo, parlamentarismo, reelección, referendo, reformas constitucionales, ley marco, etc. parecen ser los temas del día.

Pareciera que nuestro país disfruta de plena calma y tranquilidad, que no tenemos ningún problema, que no hay desgracias en la Costa Atlántica, que no ha habido inundaciones que han arrasado con buena parte de las cosechas y que han costado vidas humanas, que nuestras carreteras y caminos vecinales están en perfecto estado, que la canasta básica no ha subido de precio, que estamos comprando combustible barato gracias a nuestro hermano don Hugo Chávez, etc., etc.

Parece que no nos damos cuenta de que la cajilla de huevos cuesta hoy 60 córdobas y que en Bilwi o Puerto Cabezas un huevo cuesta 3.50 córdobas y que la desesperación de aquella gente es tal que se han levantado en protesta, han tomado por asalto una bodega de alimentos y se tomaron por dos días el edificio del aeropuerto y que tuvo que intervenir la Policía. Nada de esto parece preocupar ni al señor Presidente, ni a la Primera Dama ni a muchos de los señores diputados. Tal parece que vivimos en un país de ciegos y de sordos. Ciegos que no vemos las desgracias de nuestro pueblo y sordos que no escuchamos el clamor de los pobres a los que tanto mencionamos en los discursos.

Nosotros siempre estamos haciendo las cosas al revés. En lugar de atender las prioridades nacionales, las necesidades urgentes de nuestro pueblo, nos empeñamos en caer siempre en el tema de la política. El señor Presidente hizo muy bien en solicitar al Congreso un cambio en el presupuesto con el objeto de reparar los caminos dañados por las fuertes lluvias, pero naturalmente que no pudo evitar que la lengua se le soltara y proclamó su simpatía por el cambio de sistema político hacia un tipo de parlamentarismo hecho a la medida para poder continuar en la Presidencia. Inclusive proclamó a voz en cuello que no había que tenerle miedo a la reelección porque al fin y al cabo es el pueblo quien decide.

Por supuesto que eso no es más que un decir. El pueblo siempre sale esquilmado. Basta con decir que el Consejo Supremo Electoral se ha hecho de la vista gorda y solamente publicó los resultados del 92 por ciento de las votaciones presidenciales de noviembre del 2006 y sospechosamente se ha negado a publicar el restante 8 por ciento. El pueblo ha comenzado a sospechar que hay gato encerrado, pues si no lo hubiera no habría ninguna razón para no publicarlo.

En cuanto a la reelección tenemos suficientes experiencias en la historia como para hacerle las cruces a cualquier Presidente que quiera reelegirse. La reelección ha sido una plaga tenebrosa en nuestro país. Quien se reelige quiere seguir reeligiéndose en cada período. El poder es un panal de miel, es una droga que se vuelve un hábito y el drogadicto del poder no se hace daño a sí mismo sino que le hace daño a la nación.

En lugar de provocar discusiones politiqueras sobre parlamentarismo o reelecciones nefastas, deberíamos traer inversiones para que haya empleos. El desempleo produce pobreza y desesperación. Hablemos de reglas del juego sólidas y respetables para que haya inversión y empleo, fomento de la pequeña y microempresa. Ese es el cambio que necesitamos, cambio de actitud, no de sistema político.

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