Como en final de película, todos quedaron felices
“Sin duda alguna esto fue lo más extremo que hemos hecho, la prueba fue bastante difícil, pero todos dimos lo mejor”, dijo Olivia González, del Cristian Academy, luego que pasara el episodio final de una serie de aventuras extremas que estremecieron a estos chavalos.
Y es que después de más de un mes de poner a límite la condición física de los cinco equipos con seis desafíos distintos, los 10 intrépidos jóvenes protagonistas de la segunda temporada de Desafío X-Treme culminaron su recorrido con un arduo circuito de pruebas en el hotel de playa Barceló Montelimar, donde se eligió a la súper pareja de “extremos”.
Esta última etapa del desafío representaba 50 puntos para cada equipo, que se sumarían a los 20 puntos acumulados en las otras cinco pruebas y así totalizar 150 puntos en la competencia.
Los primeros 10 puntos de la calificación final fueron evaluados por un equipo de animadores de Montelimar, en dos pruebas de cinco puntos.
Pero las siete estaciones del Circuito Extremo fueron las que les sacaron el jugo a Los Galos, Los Violentos, Los Águilas, Los Leones y Los Vikingos.
El punto de partida fue la piscina central del Hotel, en donde a cada equipo se le entregó una pista que los llevaría a la siguiente estación: el Helipuerto, uno de los tres chekpoint de la carrera y en el que dos de las concursantes se tuvieron que retirar.
En cada parada, además de una pista, debían recoger un artículo y conservarlo para mantener su puntaje.
Al pasar por el campo de mini golf, segundo chekpoint, y hacer tres intentos de meter la pelota, luego debían pasar por otra piscina y recoger una roca en el fondo, para correr a otro punto que los llevaría al tercer chekpoint.
Al final de la costa se encontraron con el último punto en el que se evaluó el orden de llegada que debía ser por parejas. Aquí realizaban carreras en sacos y tomaban su última pista.
Para cerrar el Circuito Extremo los chicos se tuvieron que enfrentar a un examen de análisis escrito.
FINAL FELIZ
A pesar de todos los alborotos, los errores y las caídas extremas en las competencias, los muchachos coincidieron con que lo mejor de todo habían sido las buenas experiencias de compartir, trabajar en equipo, socializar, y por qué no, viajar por Nicaragua.
“Lo mejor del desafío fue que los equipos no nos vemos como contrincantes, sino como amigos. Además, aprendimos que antes de superar a los demás debemos superarnos a nosotros mismos”, expresó satisfecho Gerson el “violento”.
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