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Autonomía sin dinero
Douglas Carcache
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Ir de Nicaragua a cualquier país de Centroamérica es más fácil que ir a Bilwi, la ciudad principal de la costa caribeña norte, a pesar de que para llegar aquí no hace falta cruzar ninguna frontera nacional.

Los países centroamericanos que tienen costas en el Mar Caribe disponen de vías de comunicación y puertos competentes, menos Nicaragua.

De Tegucigalpa uno puede viajar, por una buena carretera, hacia La Ceiba, Puerto Cortés o Puerto Lempira, en la costa caribeña hondureña. Igual, de San José se va con facilidad a Limón, a Puerto Viejo o a Moín, en el caribe costarricense.

¿Por qué es tan difícil ir por tierra de Managua a Puerto Cabezas o a Bluefields? La respuesta más sencilla es: la carretera pavimentada hacia el Atlántico Norte sigue siendo sólo una idea, igual que la carretera proyectada entre Nueva Guinea y Bluefields.

Pero una respuesta más política sería: No se puede viajar bien por tierra al litoral caribeño nicaragüense, porque este territorio sigue abandonado por los gobiernos de la nación.

Sin embargo, Nicaragua es el único país de Centroamérica que puede ufanarse de poseer una Ley de Autonomía para las minorías étnicas que pueblan su Costa Caribe.

Eso significa que los indígenas miskitos nicaragüenses pueden demostrar, ley en mano, que gozan de más derechos que los miskitos de la costa caribeña de Honduras, quienes carecen de una Autonomía que les conceda, por ejemplo, el usufructo de los recursos naturales de sus territorios.

Los miskitos hondureños no pueden enseñar una ley así, pero quizás gozan de mejor atención médica, sus comunidades están mejor comunicadas por carreteras, sus tierras tienen más árboles y en su región funciona el turismo y hay empleo.

Digo esto porque en los últimos años miskitos de Nicaragua han cruzado el Río Coco, la frontera natural, para buscar atención médica en centros de salud hondureños. Si lo hacen, es porque allá han encontrado respuestas mejores.

La promulgación de la Ley de Autonomía acaba de cumplir 20 años, período en que los costeños nicaragüenses han elegido sus propias autoridades en tres ocasiones; aunque, el abandono persiste y entre la población de la región cobra fuerza la idea de tener también autonomía económica, así como democracia étnica.

Indígenas o creoles se preguntan de qué sirve que la Autonomía les declare beneficiarios de los recursos naturales de la región, si las ganancias por la extracción de mariscos, oro o madera las recoge el gobierno central y les devuelve una poquedad.

Según las cuentas del Estado, la Costa caribeña aporta más de 300 millones de dólares anuales al Producto Interno Bruto (PIB) del país, monto equivalente al 6 por ciento del total; pero estudios de organismos internacionales estiman que ese aporte puede ser mayor, de hasta 15 por ciento, si agregan otros “beneficios potenciales de los bienes y servicios ambientales”.

Lo cierto es que 20 años después la Costa sigue teniendo Autonomía y ninguna carretera buena, posee recursos naturales para el turismo y pocos empresarios que se atrevan a invertir, porque sigue siendo difícil llegar allí.

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