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Salomón (en el centro) con cuatro intelectuales mexicanos (1950). En el extremo derecho José Vasconcelos. (LA PRENSA/CORTESÍA JEA)
Poeta moderno y bardo neoclásico
En México (1922) se publicó con portada de Diego Rivera una de las obras renovadoras de la lírica contemporánea: El Soldado Desconocido. A su autor, en cuya memoria será celebrado el IV Festival Internacional de Poesía en Granada, no se le conoce a fondo. De ahí las siguientes indagaciones que tienen ese objetivo, al difundir poemas suyos antológicos
Jorge Eduardo Arellano
jarellano@bcn.gob.ni
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“Verano”

Llamas de ciudad en incendio, llamas amarillas de puntas rojas, llamas como pétalos de orquídeas,

llamas como lenguas de tigre, llamas que lamen el viento, llamas que se alzan del tizón y vuelan y (se consumen en el aire,

llamas sonoras como latigazos, como quejidos, como caricias, como alaridos.

¡Mi corazón estalló en llamas!

Como poeta, Salomón de la Selva (León, Nicaragua, 20 de marzo, 1893-París, 5 de febrero, 1959) se lleva la palma de ser uno de los mayores poetas de lengua española menos conocidos. En las últimas décadas del siglo XX, se publicaron seis ediciones (y en 2001 una versión completa al francés) de su libro renovador: El Soldado Desconocido (México, Cultura, 1922), cuyo autor fue valorado por Octavio Paz en la revisión escrupulosa de la antología Laurel (México, 1940): “Fue el primero en lengua castellana que aprovechó las experiencias de la poesía norteamericana; no sólo introdujo en el poema los giros coloquiales y el prosaísmo, sino que el tema mismo de su libro único —El Soldado Desconocido— también fue novedoso en nuestra lírica”.

De hecho, lo proyectó como el primer poeta moderno de México, el Caribe y Centroamérica. Entonces se había incorporado a la vanguardia poética de los Estados Unidos con su Tropical Town and Other Poems (New York, John Lane Company, 1918): modelo de musicalidad verbal y maestría versificadora —herencias modernistas—, pero también apropiación lírica de las fuentes tradicionales de la literatura española e impactante inicio de la poesía de protesta, comprometido sociopolíticamente. En El Soldado Desconocido descubría a conciencia las posibilidades del realismo libre y del inmediatismo exteriorista para lograr una expresión nueva y humanitaria.

Por otra parte, Pablo Neruda lo evocó en París declarando que “admiraba en grado sumo” su poesía, prometiendo “sacarlo del olvido” con un prólogo a sus libros poéticos completos. Pero desde 1963 ya había trazado estas líneas sobre él: “Fui amigo de Salomón en México. Lúcido, apasionado de viajes y aventuras, le debemos uno de los libros más admirables de nuestro continente: El Soldado Desconocido. Este libro impactó por su severidad. Ha sido el primer aporte poético significativo a la lucha por la paz en todo el mundo, además de obra sabia llena de nuevas ideas, cosecha de espigas inesperadas”.

Otros, como los antólogos Alberto Hidalgo (con la colaboración de Vicente Huidobro y Jorge Luis Borges) incluyó cuatro poemas de El Soldado Desconocido (La Bala, Granada, El Palomar, Remordimiento) en el primer recuento selectivo de la eclosión vanguardista en Latinoamérica: Índice de la Poesía Nueva Americana (Buenos Aires, Sociedad de Publicaciones el Inca, 1926). Este hecho revelador pocas veces se ha consignado, al igual que la presencia del mismo Salomón en la posterior Antología Caballo de Fuego (1952), también editada en Buenos Aires, como representante de las últimas tendencias poéticas de América y España. Fue, pues, uno de los inauguradores de la vanguardia en Latinoamérica.

Entre nosotros, Joaquín Pasos fue uno de los primeros en Nicaragua que reconoció el aporte renovador de Salomón. Posteriormente, Sergio Ramírez en un singular ensayo de 1973 advirtió su dimensión de fundador de la poesía nueva nicaragüense a partir del modernismo como posibilidad libertaria y experimentación permanente para crear un lenguaje contemporáneo. Pero ha sido en el propio México (Carlos Pellicer, Alí Chumacero, José Emilio Pacheco, entre otros) donde se ha reconocido su gestación de “la otra vanguardia”, consistente en el descubrimiento y desarrollo del coloquialismo, la expropiación —para obtener su propia lengua— de la dicción poética anglosajona, el intenso lirismo mezclado con tonos “feístas” (En el dog-out hermético, / sonoro de risas y de pedos / como una comedia de Ben Jonson).

“ODA A SAFO”

Su Oda a Safo, precisamente, fue considerada un manifiesto de esta nueva poesía al fusionar giros cultos (“Busqué el jardín de Pieria/ toda mi vida, en vano”) y equilibrada alusiones prosaicas. En Epigrama recurre al uso de antigüedades modernizadas, como las de Ezra Pound. En este breve poema, que lleva la indicación para grabarlo en la cureña de un cañón, anticipa la concreción de los que figuran en Lyra Graeca (1959 y 1960), como el Decir Contra las Mujeres de Hiponax: “Dos momentos en su vida es amable la esposa,/ cuando al tálamo, cuando baja a la fosa”.

Entre los principales elementos de El Soldado Desconocido destaca la interpretación cristiana del paganismo (“De profundis”) —que su autor llevaría al máximo desarrollo en sus obras posteriores— y la asimilación de la balada inglesa (su libro tiene cuatro poemas titulados Cantar). En fin, Salomón logra una letra y un espíritu completamente modernos. De ahí, entre otros hallazgos, que “los discutidores en público,/ y los hacedores de versos” de su poema Noticias de Nicaragua recuerden a “los engendradores” y a “los publicadores de libros” de Carlos Martínez Rivas en La Insurrección Solitaria (1953).

Otros recursos de Salomón corresponden a la forma de pistolar (Primera Carta), a la del diario de campaña (Comienzo de la Batalla), y a la asimilación de la balada inglesa (su libro tiene cuatro poemas titulados Cantar. Alí Chumacero resume la experiencia de Salomón: el único poeta latinoamericano que peleó en la Primera Gran Guerra: “Con intención burlesca a veces, ratifica su lealtad al prójimo, al desconocido que con nosotros comparte la paz y la guerra en este valle de lágrimas. Contra la hipocresía que bate palmas en honor del unknow soldier, vierte en hermoso verso la vergüenza de las trincheras, la saliba mal gastada en defensa de la ‘causa’, el dolor de las mujeres que se quedan solas viendo partir al hijo o al hermano, las ratas que estropean el sueño apenas conciliado y el espejismo del amor con muchachas decentes y distantes”.

“HABANERAa”

Luego Salomón incursionará en otros rumbos logrando innovar en la fuente tradicional de la poesía española, con su libro Cantares y Canciones (1924), dispersos en revistas de México y Costa Rica. Este logro, debemos señalarlo, se dio antes que el neopopularismo peninsular de la generación del 27 e incluyó, novedosamente, la temática negrista o afrocaribeña. Al respecto, es necesario referirnos a Danzón (“¡Ay negra, dame tu boca…!”) y a su Habanera, textos ambos de 1921 y sustentados en giros coloquiales, no exentos de hallazgos, como los de la aliteración final.

No sea bobo, ¡chico! / Si es cierto que la amas / no importa que sea / creadita de casa. // ¿De qué te averguenzas? /Con peores se enganchan / los hijos de Alfonso, / y hasta hay un monarca / que casi se queda / sin trono ni nada / por una rumbera / rubia de Rumania…

En el fondo una adaptación conversacional y antillana de la oda II, del libro IV de Quinto Horacio Flaco, la Habanera citada y apunta la tendencia que asumiría Salomón, de modernizar antigüedades a partir de su Evocación de Horacio (1948, 1949). Pero antes dejaría varios romanceros eróticos y mitológicos, corridos de temas políticos y villancico de intención social, como también algunas adaptaciones de otras lenguas, y sus ámbitos culturales, contenidos en su pequeño libro en prosa y verso, fundamentalmente recreativo: Las hijas de Erechteo (Panamá, 1933).

A este título siguieron poemas reveladores de una obra variadísima: que incluía la apropiación biográfica y musical (Alejandro Hamilton / Sonata), de un nuevo tipo de erotismo (Sajadya), de inspiración hindú y la recreación indostánica de Amanecer; el tema cívico enaltecedor, de Elogio del Pudor (1943) y el humanitarismo plenamente exteriorista, por su carga anecdótica, de Dos soldados, inscrito en la Segunda Guerra Mundial.

“SANDINO”

De hecho, se adhería a la tradición poética de Occidente, cuya misión ha sido cantar los valores éticos y culturales; de ahí este que este fragmento de su Canto a Costa Rica (1930) haya iniciado la imitación poética de Augusto C. Sandino como héroe fundacional.

No fuera Nicaragua traicionada / por enconados odios fratricidas, / ni tiranuelo ruin, en maridaje / con extrañas legiones asesinas / sembrara espanto y corrompiera al pueblo/ y burlara el honor y la justicia. / Ni fuera soledad la de Sandino, / de la abyección de sus hermanos víctimas: / hombre sencillo que brotó el campo / como la caña que nos da la espiga / hombre como tus hombres, sin alardes, / de vana floración y sin espinas / y ante el peligro que la raza arrolla, / y ante el dolor que el continente hostiga, / cada hoja de su tallo se hizo espada / ante la iniquidad de la conquista.

Así surgió Sandino, maravilla / de cívica lealtad incorruptible: / en Roma fuera el vencedor de Aníbal; / suya es la espada de los Macabeos / que flamea entre sombras en la Biblia, / y la honda de David el pastorcito / con que al Goliat impúdico derriba: / Virgilio en él reconociera a Eneas / al que acuestas se echó bracería / del santo hogar, y del troyano incendio / salvó cuanto la patria significa…

En los anteriores endecasílabos, Salomón despliega la trayectoria del héroe : “hombre sencillo”, como todos los hombres, encarnación de una tierra, hijo del hombre que trasciende el plan prodigioso (“maravilla… incorruptible”), integrado a una dinastía de héroes históricos (Aníbal), pero también legendarios y sobrehumanos, ungidos por el favor divino (Macabeos, David), héroe fundador (Eneas), Lucero del nuevo día: mito primordial.

“LOS CONQUISTADORES”

De permanente intelectual actualidad (piénsese en la invasión de Irak por el Presidente de los Estados Unidos), Salomón escribió el poema en inglés Los Conquistadores, datado de 1942, cuando aún no se decidía la Segunda Guerra Mundial. Lo transcribo: en prosa:.

Alejandro se movía armónicamente como un Dios, de manera rítmica, en hexámetros perfectos. Sus columnas arrasaban pueblos y ciudades en Asia porque no había ninguno que soportase su poderío. Le había erigido estatuas para que su rostro joven quedase reflejado en las sagradas aguas del Ganges y, más tarde, para perennizar su gloria.

César, cuando tuvo la edad de Alejandro, se echó a llorar porque aún no había conquistado el mundo. Admira en sus retratos marmóreos la bien formada cara, las pobladas cejas, las fosas nasales que respondían a cada capricho, la boca de forma exquisita y el mentón firme y fino.

Napoleón, que heredó y traicionó la libertad, también es enaltecido como un héroe. A él lo coronan con laureles. Lo mismo se hará con Hitler. Adolfo puede ensordecer el planeta con elogios de sí mismo.

La historia ama a los conquistadores. Pero yo afirmo que Alejandro era un hijueputa, y también Napoleón. Así es y será con Hitler. Yo admito la posibilidad de su victoria, ya que su astucia y crueldad superan las del griego y el romano. Y porque otra vez en el tiempo las causas nobles se pierden y las realmente magnas son derrotadas.

Pero si él triunfa, en la hora de la victoria todavía sostendré que no es sino una escoria modelada en alguna forma de hombre, contaminándolo todo.

Para los días futuros, yo, que he sido profesor en el habla, dono este papel a cualquier estudiante para que diserte sobre el poderío y genio de los conquistadores.

“NICARAO Y SU LENGUA ALTIVA”

Otro poema en inglés también desconocido, es el consagrado al cacique Nicarao, cuando Salomón se hallaba fundiendo la herencia indígena americana —adivinada y vivida más que aprendida— con la cultura clásica griega y latina, auténticamente penetradas; y la cristiana, en su gran extensión profundizada, desde el principio hasta lo mejor de hoy. Esto explica que Salomón haya dedicado muchos de sus versos perdurables a genuinos representantes de esas culturas: al griego píndaro, al latino Horacio, al poeta y gobernante sabio de Texcoco Netzahualcóyotl y el prócer sacerdote criollo independentista de México: Miguel Hidalgo por evocar sus cuatro libros inspirados en ellos tan difíciles de obtener por que se agotaron o su circulación fue escasa o reducida. Dice el reducido poema al sabio cacique nuestro.

Que no exista duda. Era una lengua altiva la que Nicaragua habló. Expresaba emociones valientes y profundas ideas. Por eso. Sólo por eso.

Fue una indispensable lengua sutil, con palabras forzadas por consonantes que parecían pétalos de orquídea, durante muchas generaciones su padres y los padres de aquel, pensaban y percibían con gracia y gallardía. Por eso, y sólo por eso.

Su lengua jamás resurgirá. Más de cuatro siglos han transcurridos desde que mi pueblo en esclavitud, sufre en corazón y en cuerpo, estéril y embrutecido. Nadie piensa bien, tampoco noblemente.

Dejad que la lengua quede en el olvido. Pero dadle libertad a mi pueblo para que crezca resplandeciente ella creará otra lengua más hermosa de Nicaragua.

“POETA VERDADERO”

Salomón, en realidad, dejó una trayectoria infatigable que abarcaba numerosas facetas, por ejemplo las de youn poet en Estados Unidos —adscrito a la renovación moderna de la new american poetry— e inaugurador de la vanguardia en America Latina; traductor al inglés de poetas en lengua española y a esta de poetas de lengua inglesa; intelectual incorporado al movimiento que impulsó en materia de educación y cultura a José Vasconscelo (1882-1959) dentro de la revolución mexicana (1821-24); líder obrero, luchador antiintervencionista y partidario de Sandino (1925-1934); narrador, teórico de la estética, fundador de revistas y centro de estudios, catedráticos y maestro, protagonista de un victorioso duelo a muerte en Costa Rica ghost writer del presidente mexicano Miguel Alemán (1946-1952), colaborador de diarios en materia de política internacional etc. es decir: toda una existencia plena que no cabe en una semblanza ni en un ensayo ni en un libro ni en varios.

Pero él siempre fue “Poeta verdadero”, de acuerdo con el título de uno de sus poemas cardinales, ya que pudo tener tiempo y estómago para administrarse una fama que siempre estuvo a su alcance, pero que siempre repudió o dejó de atender como cosa de escasa importancia, declarando: “Lo importante me ha parecido siempre ser poeta verdadero”. En otras palabras vivir su época con sensibilidad, sentir con alteza, expresarse noble y dignamente. Así lo indica en el poema citado:

Poeta verdadero, sin tacha y sin reproche, / el de palabra franca, que no tiembla / de amor a la verdad y de servirla / guardándole en pudor (¡no con escándalo que la mancilla, no a destiempo / o innecesariamente desnudándola!): ni vanidad lo engríe a que se exhiba / ni soberbia lo vuelve fosco, huraño, / ni se humilla en impúdica postura, / ni deshonra a su patria publicando / lo que la fea, ni a la amistad ofende, / ni difama a los hombre, ni blasfema / contra los dioses: / no necesita púrpura / porque su propia dignidad lo reviste / con manto de grandeza, lo corona / señorialmente: a donde vaya, / en país de tirano, de impetuosa turba / o de estadista sabio, hará valer su nombre / sin disputarle primacía a los necios.

SUS PROFUNDAS RAÍCES LEONESAS

La “Atenas de Centroamérica” marcó para siempre a Salomón de la Selva. En este sentido, la imagen de la diosa griega Atenea —conocida en su versión latina de Minerva— fue aprehendida por él durante su infancia y adolescencia leonesas. No en vano figuraba en el sello de los títulos en latín otorgados por la Universidad, como nombre de una famosa imprenta y referencia constante en los discursos de la época. Uno de ellos fue el pronunciado por el cursante de Filosofía Alejandro Castro el 17 de octubre de 1867: “Sólo del templo de Minerva salen los genios, y el talento se despliega; sólo de ahí mana el mundo de las ideas, o sea, la celebridad de esos hombres que con sus grandes conocimientos asombran la humanidad”. Y este fue el caso de Salomón de la Selva, abierto a la universalidad y heredero de la tradición neoclásica de su ciudad natal, como lo reflejó esplendorosamente en su magna obra: Ilustre familia (1954).

Como se sabe, se trata de una apropiación creadora del mundo griego que muy pocos latinoamericanos —tal vez un Alfonso Reyes y un Pedro Henríquez Ureña, que no eran bardos como el nicaragüense— la hubieran acometido. Aunque terminó de formarse en Nueva Inglaterra y tuvo luego a México como patria adoptiva, Salomón no se explica sin su ciudad natal, cuyas tradiciones asimiló hasta cumplir los 13 años. Así la búsqueda apasionada de la cultura le condujo a una adhesión: la de los ideales clásicos greco-latinos. No debemos olvidar que él fue también autor de Julio César, uno de los dos ensayos que forman sus Prolegómenos sobre la educación que debe darse a los tiranos (1955).

En una de las Acroasis de su Ilustre Familia/Novela de Dioses y Héroes —todo un compendio de la cultura occidental y despliegue de sabiduría y belleza—, Salomón declara su amor por las bibliotecas públicas: origen de su pasión helénica. Y la primera que frecuentó fue la Unión de la Juventud en León, cuyo reglamento fue impreso en el penúltimo año del siglo XIX. Dirigían este centro y esta biblioteca Cornelio Sosa, Antonio Medrano (1881-1928) y Manuel Tijerino (1885-1936), jóvenes poetas de gran melena y fogosa oratoria implacable contra las tiranías. La biblioteca, que era cubil de conspiraciones liberales, se alojaba en un gran salón al que se accedía por la puerta desde la calle de La Merced junto a esta iglesia, en lo que primero había sido convento dominico —es decir, de padres tomistas por excelencia— y posteriormente la segunda Universidad más importante de la América Central. Y agregaba Salomón en una de sus Acroasis de su Ilustre Familia (donde inserta, no por casualidad, un Himno a Minerva en prosa poemática y un Discurso de la misma diosa):

“Triste es el destino de las bibliotecas y de todo esfuerzo cultural en nuestras tierras tropicales. Salí de León para el extranjero y cuando volví [en 1910], para estudiar en mi país la abogacía, la Unión de la Juventud había desaparecido. La Biblioteca de la Escuela de Leyes cabía toda en un armario de modestas dimensiones y lo más de sus libros eran tomos de colecciones incompletas en latín, porque ya nadie leía latín en León y no tenía objeto robarse esas obras. Allí me aficioné al Derecho Romano, que el maestro doctor Juan de Dios Vanegas llevaba enteramente en su cabeza, dándonos clases casi sin necesidad de texto a Joaquín Sansón y a Arístides Mayorga, mis compañeros en esos días, impartiéndonos además, extracurrículum, el interés en que él ardía por los problemas del Timeo de Platón. Allí de con el difuso, pero apasionado tratado ciceroneano De natura deorum que había sido de mi abuelo, el licenciado Buenaventura Selva, varón de muchas luces, autor de un voluminoso texto de Instituciones de Derecho Civil que todavía en 1928 explicaba en sus clases de Jurisprudencia el decano Roscoe Pound, de la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard. En León, al recobrar la propiedad de ese libro de Cicerón que digo, se determinó, aunque no lo sabía, mi vocación de humanista”.

Como Salomón de la Selva (el segundo creador nicaragüense “tocado por el genio”), otros coterráneos que abandonaron la ciudad no cortaron el cordón umbilical que les unía a ella, pero nadie la cantó como aquél en su conocida Oda, escrita en León el 27 de diciembre de 1919:

Mi ser es todo suyo:

Pobrezas he tenido, pero nunca humildades,

y en mi voz tus campanas repiten cuando arguyo

tu derecho de hermana de las grandes ciudades,

y mi derecho altivo

de ser en toda parte prelado en tus liras,

sin más cantar que el tuyo, y representativo

de todo lo que fuiste y todo lo que aspiras.

Catedral es mi pecho

como tu catedral: corazón amplio y fuerte,

y antiguo: de tu barro y de tus pies hechos,

íntimo de los siglos, de Dios y de la muerte.

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