Melodía es una de las tantas expresiones en la que se puede encontrar al músico Edgardo Adalid Calderón Zambrana. La obra de sus sueños se ha visto reflejada en la estructura de sus mejores composiciones. Su espíritu indoblegable hacía de este personaje un ser amado por sus coterráneos en Niquinohomo, por la sociedad que lo conoció y lo llevó hasta su última morada.
El músico Calderón nació en Niquinohomo el 26 de enero de 1907. Sus progenitores fueron el filarmónico Lisandro Zambrana Urbina y doña Catalina Calderón Ruiz, quien era hermana de Margarita Calderón (madre del general Sandino). De tal modo que era primo del guerrillero heroico de Nicaragua. Desde su infancia las notas musicales entraban por sus oídos pues escuchaba las ejecuciones de su padre, quien solía practicar a diario con el violín en el patio de su casa. Como un buen buscatalentos, su padre, Lisandro, descubrió que en el pequeño habitaba un talento que a largo plazo haría erupción.
El pequeño Adalid fue matriculado en el Colegio Salesiano de Granada, donde estudió música y afinó su afición. En tierras granadinas ingresó a la banda La Gran Sultana, ejecutando con gran maestría el clarinete, supervisado por el gran maestro Manuel Ibarra. Luego siguió en su odisea juvenil hasta llegar a tierras de Masaya. En este viaje tuvo la fortuna de encontrar al genial músico Hernán Zúñiga, quien le enseñó la ejecución del saxofón. El bagaje musical por la Ciudad de las Flores tuvo sus frutos, pues fue tejiendo un lugar en la famosa banda del maestro Alejandro Vega Matus y la de los Ramírez Velásquez, haciendo gala de su talento. La genialidad natural y su formación académica lo instalaron rápidamente en la Banda de los Supremos Poderes, institución musical, que en ese entonces reunía a los mejores músicos del país. En el jovenzuelo no había límite entre el pentagrama y el sentido común.
La infancia del maestro se desenvolvió entre la sencillez y la inquietud, y fueron quizás esas partes de su vida que le valieron para catapultarse hacia el maravilloso mundo de la melodía. Era un poeta lírico, y un excelente ser humano. Igual que tener un clarinete o un saxofón entre sus manos, con el mismo aprecio cosechaba innumerables amistades.
En 1935, a los 28 años formó la banda Niquinohomo, que fue muy famosa y hasta la fecha es un referente musical en esa región. Más tarde se notó que su talento no tenía fronteras y llegó hasta España, donde se instaló en una orquesta de música sacra. Su estancia en la madre patria fue muy provechosa.
Adalid contrajo matrimonio con la señorita María Elena Parrales Gutiérrez, originaria de Diriamba, Carazo. Con ella procreó siete hijos, entre ellos el doctor Adalid Calderón Parrales, quien es el único que reside en Niquinohomo.
El pasado 23 de septiembre, curiosamente un día después de la fecha en que nos dejó el icono de la música de Centroamérica, José de la Cruz Mena, el músico Calderón, con un siglo de vida, igualmente se rindió ante la infalible muerte, dejando una estela de recuerdos generosos. De modo que el clarinete y el saxofón callaron para no ser más cómplices del talento y jolgorio del gran Adalid.