Managua
10:34 pm
03.11.07
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Internacionales
La “gran victoria” de Cristina
Danilo Arbilla

Más de 45 % no fue considerado una “gran victoria” para Bachelet ni para Lula. (...) (Los Kirchner) se valieron de “abusos” y de “repartos” desde el poder, que les permitieron “conquistar” el voto de las clases más pobres y necesitadas.

El presidente George Bush nos ayuda a despejar algunas dudas: llamó a Cristina Fernández de Kirchner y la felicitó por “su gran victoria”.

Dados sus “aciertos” de lo últimos años , sumados a su nivel de prestigio y credibilidad y el conocimiento que ha demostrado tener de los problemas de la región, esta percepción de Bush advierte en alguna forma que quizás no habría que festejar tanto. Aún frente al hecho de que el oficialismo kirchnerista obtuvo casi un 45 por ciento de los votos en las elecciones realizadas el pasado domingo 28 en Argentina.

El 44.91 por ciento de los votos, mirado bien y tomado aisladamente, no es poca cosa. Pero si se desmenuza, se analiza en el contexto y se compara, puede que no sea tanto.

Todo es según el color del cristal , como diría don Ramón de Campoamor. Por ejemplo, cuando el año pasado el presidente Lula tuvo que resignarse a la prueba del “ballottage” para ser reelecto, se habló de voto castigo por algunas “desprolijidades” de su gente y su gobierno. Y eso que obtuvo el 48.61 por ciento de los votos. Lo mismo pasó con la socialista Michelle Bachelet que con un 45.9 por ciento de votos tuvo que competir en una segunda vuelta. Se consideró un “traspié” de la gobernante Concertación, que contó, incluso, con el aporte extra del prestigio del presidente saliente, también socialista, Ricardo Lagos.

¿Por qué, entonces, lograr el 44.91 por ciento de los votos si sería una “gran victoria” para la señora Fernández y para los otros no ? Ciertamente ese porcentaje no justificaría mucho alarde; desde la vuelta a la democracia en Argentina todos los presidentes, desde Raúl Alfonsín hasta Fernando De la Rúa, pasando por Carlos Menem, llegaron al poder con un respaldo superior al 47 por ciento de los votos. La única excepción fue la de Néstor Kirchner, que por esas raras carambolas de la naturaleza llegó a la Presidencia con el 22.24 por ciento de los votos de un electorado que votaba a cualquiera que enfrentara a Menem.

Tener un porcentaje por encima del 45 por ciento no fue considerado una “gran victoria” para Bachelet ni para Lula. Y eso que a éstos en ninguna instancia se les acusó de cometer “impurezas” mayores para juntar votos, como sí pasó con los Kirchner. Según la oposición y los analistas independientes se valieron de “abusos” y de “repartos” desde el poder, que les permitieron “conquistar” el voto de las clases más pobres y necesitadas, de buena parte de los desocupados, de la dirigencia sindical y de caudillos de distintas intendencias y provincias, sin cuyo aporte jamás habría llegado a ese 45 por ciento. Un aporte circunstancial y muy sujeto al toma y daca.

La señora Kirchner obtuvo un 45 por ciento de los votos, pero la contracara nos dice que un 55 por ciento, la mayoría de la población, no la votó. Eligió y optó por una media docena de otros candidatos, pero en todos los casos votó en contra de la candidata gubernamental.

En estas elecciones, además, se registró el más bajo nivel de concurrencia de los últimos 80 años. Votó uno 72 por ciento de los habilitados, lo que hace que el mentado 45 por ciento kirchneristas equivalga al 32.5 por ciento de los argentinos habilitados para votar. Esto es, menos de la tercera parte.

El oficialismo, de todas formas, tendrá una cómoda mayoría en ambas cámaras legislativas lo que marca, cuantitativamente, un avance. Hubo, empero, un cambio cualitativo que se genera al surgir de estos comicios como segunda fuerza política del país la Confederación Coalición Cívica que lidera Elisa Carrió. Cristina sumará más legisladores que su marido, pero sin duda estará mucho más vigilada y controlada.

Si sigue la misma línea que su antecesor, seguramente no le será tan fácil como a él. Las fuerzas y realidades de la economía no se pueden contener ni maquillar por mucho tiempo más, haya o no oposición, haya o no prensa independiente. Pero en su caso además, tendrá una oposición más militante, que no se “arruga” y que prestará y sumará su voz a la de la prensa no complaciente, a esa que cuando era senadora la señora Kirchner calificaba de burra —refiriéndose a los cronistas parlamentarios—, o acusaba de censurar (¿) al gobierno cuando se votaban superpoderes a su marido y a la que hoy dice, ya como Presidenta electa, que considerará siempre que los medios “recuperen el equilibrio perdido”.

En definitiva, todo dependerá de la lectura que haga de “su victoria” la nueva mandataria. Quizás, sí, sea un problema de equilibrio, pero no precisamente en el sector de la prensa.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda