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Lecciones de los comicios polacos
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Las elecciones parlamentarias de Polonia el 21 de octubre pasado, que desfavorecieron al gobierno de los hermanos Kaczynski, dejaron algunas lecciones importantes de carácter general y de interés incluso para Nicaragua. Una de ellas es que los polacos siguieron con la sana tradición de votar por un gobierno distinto en cada una de las elecciones, desde la caída del comunismo en 1989.

El continuismo es un vicio que impide el desarrollo de la democracia. En varios países, desde Rusia y Venezuela hasta Nicaragua, quienes detentan el poder hacen cualquier cosa para retenerlo. Que una persona quiera perpetuarse en el gobierno no puede ser bueno para ninguna democracia, sea de sistema presidencialista o parlamentarista. El continuismo fomenta la corrupción y comunica la falsa idea de que el progreso y la estabilidad de una sociedad dependen de un individuo supuestamente imprescindible. En Polonia no sólo hubo un cambio de Primer Ministro sino también una recomposición parlamentaria. Esto es bueno. Las diputaciones no deben ser permanentes ni heredadas sino que deben ganarse.

Una segunda enseñanza de las elecciones polacas es el rechazo al autoritarismo como estilo de gobierno. Desde que los hermanos Kaczynski (Lech, como presidente y Karoslaw como Primer Ministro) llegaron al poder en el 2005, impusieron un estilo autoritario, intimidante y extremista. Crearon el Instituto de la Memoria Nacional cuya misión era expulsar de la Administración Pública a cualquier persona que hubiese formado parte del anterior sistema comunista. Pusieron en marcha medidas para eliminar de la historia del país el recuerdo de los brigadistas polacos que combatieron en defensa de la República española, a los que califican de “traidores y criminales”. Impulsaron una ley que suprimiría las rentas especiales concedidas a los veteranos de la Segunda Guerra Mundial y de la lucha contra el fascismo. Abogaron por la reinstauración de la pena de muerte. En una insana mezcolanza de religión y gobierno, 50 diputados del partido de los Kaczynski propusieron una ley para nombrar a Jesucristo “rey de Polonia”.

Una tercera lección es que los polacos votaron contra los Kaczynski a pesar de que en su gobierno —sobre todo en el segundo año— hubo crecimiento económico y relativa prosperidad. La economía polaca crece a un ritmo de 6 a 7 por ciento anual; la inflación es muy baja y la tasa de desempleo disminuyó 3.5 puntos este año en relación con el anterior (del 15.3 al 11.7 por ciento). Según, Bohdan Wyznikiewicz, vicepresidente del Instituto para la Economía de Mercado, este crecimiento sostenido de Polonia “se debe especialmente a la buena coyuntura internacional y a los efectos positivos de su adhesión a la Unión Europea”. Pero los polacos demostraron que la prosperidad no basta si el precio que hay que pagar es aguantar a un gobierno autoritario y abusivo de sus derechos. Esta lección es importante para América Latina en donde hay empresarios y gremios que se dejan sobornar por gobernantes que compran su silencio y su complicidad a través de prebendas, concesiones y privilegios.

El nuevo Primer Ministro de Polonia, Donald Tusk, de la liberal Plataforma Cívica, ha llamado a los polacos a la reconciliación y al trabajo para sacar adelante a su país. Tusk buscará una mayor liberación de la economía por medio de reformas que permitan a Polonia ponerse al día con el resto de la Unión Europea. En política internacional, se propone, por un lado, restaurar las dañadas relaciones de su país con Alemania y Rusia y, por otra parte, definir unas relaciones más respetuosas y recíprocas con Estados Unidos, sin sacrificar los intereses nacionales. En declaraciones a la prensa anunció que retiraría a los pocos soldados polacos que fueron enviados por el gobierno anterior a Irak, porque “Polonia ya ha cumplido sus obligaciones con EE.UU. en Irak en un 400 por ciento y no cree que ayude a la amistad polaco-americana aumentarla a un 500 por ciento”. También dijo que estaría de acuerdo con las defensas de misiles que Washington propone construir en su territorio, siempre que de alguna manera contribuyan con los intereses de seguridad de la misma Polonia.

En conclusión, Polonia votó a favor de la unidad nacional, la integración, el desarrollo y la democracia y esto es algo que el mundo occidental debe celebrar y Nicaragua debería imitar.

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