MI NUEVO JEFE
Hey, hey, hey ¿qué les pasa? No quiten así las cintas. De una semana para otra pasaron esta cinta de la lista estelar en varias salas a la zona marginal de dos o tres y luego, le echaron tierra.
De pronto parece que los estrenos se agolparan y deciden salirse de las que acaban de poner en cartelera, lo que me parece un irrespeto porque en ocasiones hemos visto cómo pasan por semanas una que hasta el director se arrepiente de haberla presentado.
Y por eso es que a estas alturas Mi Nuevo Jefe ya no está, debido a la manada de nuevos títulos que ahora vienen por docena. Si así estamos, debería haber estrenos cada tres días y anunciarle a la gente que quitarán con más frecuencia las películas.
Pero mejor les cuento lo que fui a ver. Hacía años no miraba a Dennis Quaid. Yo lo recuerdo de cuando venía a Nicaragua a dejar ayuda a los hospitales de Granada. Llegaba una vez al año y no convocaba a los medios ni había alboroto como con Angelina Jolie.
Pasaba unos días en Granada, saludaba a los internos en el hospital y se iba sin bombos ni platillos. Y por eso, lo admiré de no hacer un show mediático por su imagen. Simplemente quería ayudar y no ser el centro de atención.
En esta película Quaid es un hombre de más de 50 años que se entera que su esposa está embarazada y que tendrá un nuevo jefe, 25 años más joven que él y con toda la arrogancia y estupidez de la inexperiencia para hacerse cargo de una empresa con el discurso de las palabras vacías a la que nos tienen acostumbrados las corporaciones y los organismos de ayuda internacional con esos términos de sinergia, de empoderamiento, de ayuda con identidad, de desarrollo sostenible y tonterías por el estilo.
Es un buen esfuerzo que vale la pena por la cantidad de temas abordados, diálogos bastante pensados, considerable humor y una carga de buenos actores como el mismo Quaid y Scarleth Johansson. Claro, parece un refrito pero está bien hecho y eso le da una oportunidad para conocer a un hombre a punto del divorcio, a una joven que abandona su casa, a un mundo que se ha quedado sin palabras.