La respuesta era tan simple y sale apenas en el siglo XXI: parlamentarismo. Si lo hubiera imaginado la dictadura, no tendríamos el estigma de cuarenta años de somocismo legitimados por su Pacto del Espino Negro y Kupia Kumi.
Somoza, Primer Ministro de Nicaragua for ever, sólo alternándose con sus hijos, astillas del mismo palo o con peones útiles. Una vez Luis, otra Tacho, luego el papá de los caudillos. Pero al dictador le faltó ingenio, algo que le sobra a Arnoldo Alemán y Daniel Ortega.
Una madre educada diría, “ojalá usaran su gracia para algo bueno”. Somoza, Alemán y Ortega: Las mismas ambiciones de poder, el narcisismo de un caudillo cuyo denominador común es perpetuarse en el poder, vampiros que chupan la sangre de un país de enfermos, desempleados y analfabetas.
Si un caballo aguantara el peso de uno, lo llevaría, Ortega mientras tanto ya se ha paseado sobre una yegua a la usanza de su viejo enemigo, a quien ahora se parece en los sueños dictatoriales. ¡Una estatua por favor para el compañero comandante en su corcel blanco frente al estadio de Managua!
Vueltas da la vida. Los viejos sueños de una revolución se corrompen tanto que terminan convirtiéndose en la misma mezcla amarga del pasado.
Con Alemán es inevitable tener estas revelaciones, porque pertenece a esa vieja escuela somocista, con Ortega ocurre un fenómeno complejo, es como el retrato de Dorian Grey, nada más que esta vez se trata de un cuadro de la moral del viejo caudillo, que en su ambición de eterna juventud política se embriaga del poder hasta volverse en un monstruoso objeto de travestismos.
Aún no entiendo por qué hay tanta gente que cree en ellos. Tal vez debamos reconocer que forma parte de nuestra cultura someternos al caudillo, ¿o será que no hemos aprendido otra cosa?
Trato de ver alternativas y francamente son pocas, pero aún quedan, aunque en general veo un pueblo dormido en un cansancio colectivo, víctima y revictimizada por la historia, la política, los desastres naturales y hasta su propia idiosincrasia.
¿Cuántos años tardará esta nación para liberarse de estos nuevos caudillos? La historia se repite tristemente, muy tristemente y nadie se levanta, ni grita, parece que esperan pacientemente un milagro, sin saber que Dios está realmente lejos cuidando a sus hijos, mientras aquí el Cardenal oficia misa para el poder.
Lo que nos ha enseñado el tiempo, es que se puede halar la cuerda por décadas completas y el pueblo esperará pacientemente un rasgo de humanidad en sus dictadores, hasta que la misma soga empiece a ahorcar, entonces saltará el instinto de conservación en las plazas de nuestras ciudades. Sólo que entre más pase el tiempo, más difícil es liberarse. El monstruo se alimenta cada día, crece y se reproduce, basta apenas observarlo.