El libro Etnicidad y Nación, de Miguel González, explica cómo los pobladores de la Costa Caribe de Nicaragua han constituido una sociedad distinta y cómo han tratado de desarrollar el vínculo con el Estado nicaragüense.
La Autonomía comenzó a ser aplicada en el territorio caribeño hace 17 años, tres años después de ser aprobado el Estatuto de Autonomía regional.
La obra de González “arranca desde la época colonial histórica, el protectorado británico, los piratas, la revolución de 1979” y se remonta al inicio del 2007, tal como expone en esta entrevista con LA PRENSA.
¿Plantea que antes de la revolución de 1979 el país era visto como dos Nicaragua, la del Pacífico y la del Atlántico?
En los albores de 1979 había dos Nicaragua; había una Nicaragua multicultural, región que muy poco estaba vinculada al Estado. En términos religiosos era mucha más diversa que el resto del país. Al otro lado vemos una región del Pacífico bastante monoétnica, aunque con expresiones de distintos grupos étnicos, que luego fueron suprimidos en sus expresiones culturales por un Estado central que tenía una visión de nacionalismo mestizo. Había dos países que eran un hecho indudable a la hora de la revolución. Esa dirigencia que lidera la revolución no tenía información, su conocimiento era limitado, su interpretación era limitada de esta realidad. ¿Cómo esta realidad desafía ese proceso revolucionario en aquel momento? Trataron de articularse con las organizaciones indígenas que había en aquel momento, pero estas se rompieron por desconfianza. La guerra contra Somoza no se da en la Costa, la revolución vino a estas tierras después; nunca estuvimos inmersos. Aquí había desconfianza por aquello del comunismo. Los dirigentes pensaron que los costeños estábamos en otra dimensión, que estábamos de espaldas a la revolución, eso era ignorancia. Dijeron que los costeños ni nos habíamos inmutado. Había costeños que se involucraron, pero tenían poca influencia en las decisiones ya que eran dirigentes intermedios; la consecuencia fue que el conflicto político entre el Estado y las organizaciones indígenas se transformó en un conflicto militar.
¿A estas alturas, de acuerdo a sus investigaciones, percibe que esas dos Nicaragua todavía existen?
Sí, existen, aún existen. En el libro decimos que la Autonomía es el marco institucional, marco cultural donde Nicaragua puede reunirse como un solo país, pero seguimos a expensas de los partidos nacionales. Ellos toman las decisiones en contraposición con los consejos regionales.
¿Cómo la autonomía puede ser posible si ninguno de los gobiernos respeta la Ley de Autonomía, todos nombran a sus delegados institucionales en contraposición con la Ley de Autonomía, que dice que son los gobiernos autonómicos los que deben hacerlo?
Hay mucho celo del Estado hacia la Costa. El Estatuto resultó de una negociación, de un balance de fuerza entre el Gobierno sandinista de los ochenta y la dirigencia indígena alzada en armas. En aquellos tiempos el Estado se cuidó de dejar algunos candaditos por ahí. Por ejemplo dice en uno de sus artículos que el cargo de coordinador de Gobierno puede ser compatible con el de delegado de la Presidencia. Te dejaron ahí. La lucha es cómo el pueblo puede lograr representación directa en la política partidaria nacional. La influencia nacional no ha sido positiva, viene con formación fuerte, de pactismo, donde aquí se ha querido dividir el país en dos. Dos partidos que se quieren dividir el país. Eso pasa como cuando el caballo te pasa revolcando, así nos ha pasado con la autonomía, esos partidos han intervenido, han afectado, predominado en las decisiones que han tomado los Consejos Regionales autónomos. Ahí no hemos logrado una solución porque esos Consejos deberían de estar nombrando a sus delegados; así es el espíritu de la Autonomía, pero lo hacen los partidos nacionales. Los gobiernos de derecha que han gobernado Nicaragua desde 1990 para acá no han sido organizaciones que han promovido los derechos de los pueblos indígenas y comunidades étnicas y, cuando han podido, los han atacado. El Frente Sandinista por su parte ha sido un aliado, pero un aliado oportunista de la autonomía. Eso lo decimos en el libro porque los temas costeños, el FSLN los apoya si eso les sirve para un debate nacional. La Costa no es tema de agenda para el Frente Sandinista de Liberación Nacional, la Costa no ha sido tema de agenda de los últimos gobiernos, siempre lo condicionan a un tema de agenda nacional. El FSLN se alió con el principal actor político costeño, mayoritariamente miskito, se aliaron con ellos en un esquema de apoyo a la Autonomía. Eso es, lo que llamo yo, un aliado de oportunismo, pero el Frente puede pasar ahora de ser un partido de Gobierno oportunista a pasar a ser un aliado permanente y estratégico, continuo para consolidar los derechos de Autonomía. Creo que hay condiciones para que eso se produzca.
¿Cuáles son las principales debilidades del proceso de autonomía en los últimos 17 años?
Encontramos tres. Por un lado las capacidades institucionales, realmente constituidas en los consejos y gobiernos regionales, son débiles. Están mucho mejor que hace 15 años pero siguen siendo débiles. El aparato ejecutivo es frágil en términos profesionales, tiene sus instalaciones en términos físicos, pero no logra madurar y ejecutar decisiones. Hay diferencias en el Atlántico Norte, ahí se avanza más. Para que una institución democrática avance bien y se consolide, necesita ser legítima, creíble y transparente; entonces, si de los fondos que entran al Gobierno y Consejo, no hay un buen escrutinio y una buena rendición de cuentas, entonces se percibe que no es una institución pública suficientemente transparente. No estamos claros cómo se administran esos recursos y bajo qué decisiones. También está el tema de la política partidaria. En el seno de los consejos regionales percibimos que los partidos afectan y no ayudan a lograr consenso durable por la autonomía, deberían comprometerse con la autonomía, pero eso es superable a través de la presión costeña y mayor participación costeña en ese seno. Por ejemplo, ¿cómo abrir las asociaciones de suscripción popular? Esa sería una de las acciones a tomar en búsqueda de la participación ciudadana, creo que esas asociaciones deberían ser retomadas. Finalmente creo que otra debilidad es la relación con el Gobierno Central. Los gobiernos no han tendido ese puente para que la Costa participe, con sus plenos derechos y particularidades para el desarrollo de Nicaragua como tal.
Si pudiera hacer un balance entre lo positivo y negativo, dentro de estos últimos años, ¿cómo sería?
Con todas las debilidades que he mencionado creo que hay más balance positivo que negativo. La autonomía está viva, llegó y aporta a una Nicaragua más democrática, unida, aporta a que los costeños nos sintamos más orgullosos de ser costeños, a que construyamos instituciones propias como las universidades. Pero los desafíos también son considerables.
¿Cuáles son los retos?
Hay que poner atención priorizada en algunos temas que requieren atención de urgencia aquí en la Costa. Por ejemplo, el tema de los derechos de autonomía que contiene la Ley de Autonomía. El Gobierno nacional debería reconocer el derecho de propiedad de los pueblos indígenas de la Costa Caribe. El Gobierno anterior de Enrique Bolaños quería ser codueño de esas tierras, pero eso va contra la Constitución y contra los derechos de los pueblos indígenas; ahí el Gobierno debería reconocer plenamente y decir “ésas son propiedades de los pueblos indígenas y afrodescendientes”, sin mayor dilación. También deben darle el apoyo pleno a los consejos regionales, articularlos con la política de Gobierno. Ya no es justificable mayor intermediación entre el Gobierno nacional y la Costa, porque ya tenemos Consejos Regionales. Es importante que ratifiquen su voluntad de trabajar con las instituciones autonómicas. Otro desafío es un tema crítico: el narcotráfico. Los consejos regionales deberían articular un plan que logre destacar la amenaza que significa el narcotráfico para la Costa. Mirá, si el narcotráfico logra penetrar las instituciones de autonomía, sería nuestro mayor peligro, particular e institucionalmente. Hemos tenido experiencias, como Colombia, Guatemala, donde esas redes han logrado articular y penetrar las instituciones y hoy eso manda imagen de no gobernabilidad, son fuerzas de facto porque tienen poder económico. Si logran penetrar las instituciones autonómicas pueden tomar un control amenazante de las instituciones políticas costeñas. Si el narcotráfico no logramos combatirlo en la Costa, que es un territorio muy vulnerable, otros poderes tomarán ese lugar. Nicaragua como país perderá y se pondrá en duda su viabilidad estatal como tal. La autonomía puede darle a Nicaragua un tejido sólido, pero son desafíos fundamentales en este momento.
¿Para quién escribe? ¿Para usted, para el pueblo costeño o para el proceso de autonomía regional?
En primer lugar, cuando escribimos Etnicidad y Nación pensamos en el costeño y costeña, los estudiantes en las universidades, los concejales municipales y regionales, los maestros, intelectuales costeños; en todas las personas que tienen deseos de conocer su historia, documentada con fuentes actuales, pero también tenemos en mente al nicaragüense que no ha tenido la oportunidad de venir a la Costa, que está en Chinandega, Estelí, Managua. Queremos que el resto del país conozca un poco sobre la Costa. El libro relata cómo nos hemos constituido como una sociedad distinta y cómo hemos intentado articularnos al Estado nicaragüense. Queremos transmitir esa composición cultural. También el libro está dirigido a otras personalidades en América y el Mundo que siguen estos procesos con mucha atención, que les interesa saber qué hemos hecho los costeños, dónde está la Costa, después de 17 años de haber implementado y 20 años de haber aprobado el Estatuto de Autonomía Regional.
¿Cuáles son tus planes inmediatos?
Este libro y su auspicio fue posible porque Uraccan (universidad costeña) me ha dado un apoyo, pleno, permanente y continuo durante estos años. Contribuyeron a mi formación profesional. Mi futuro está vinculado a la universidad, según ellos crean lo más conveniente; he querido aportar a la formación, sobre todo a la graduada. Me veo contribuyendo a la investigación y su calidad, queremos que Uraccan se constituya, siga avanzando y no se detenga como una de las mejores universidades del país, como la mejor costeña. Me veo contribuyendo a la unidad de los costeños, me siento de la universidad Uraccan.