Por mayoría de votos, el parlamento nicaragüense condenó ayer la salida del aire de la venezolana Radio Caracas Televisión (RCTV), que perdió su frecuencia el pasado domingo luego de que el presidente Hugo Chávez no le renovara la licencia de transmisión.
“La Asamblea Nacional, como expresión política del pueblo de Nicaragua, no puede avalar jamás el menoscabo de las libertades ni el desprecio a los derechos humanos, en consecuencia condena el cierre de RCTV”, dice la resolución.
La bancada del gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), aliado firme de Chávez, rechazó la resolución con 34 de sus 38 votos.
MAYORÍA RECHAZA DECISIÓN DE CHÁVEZ
No obstante, una mayoría de 51 legisladores de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y Movimiento Renovador Sandinista (MRS), además de los llamados independientes —Mario Valle y Juan Ramón Jiménez—, sí aprobaron la condena al Gobierno de Chávez.
La resolución mayoritaria también condenó “el llamado a apoyar dicha medida (el cierre de RCTV) por parte de los nicaragüenses y exhorta “al hermano pueblo de Venezuela” a mantener su fe y compromiso con los principios de libertad y democracia que imperan en la conciencia de los pueblos americanos”.
CRITICAN APOYO DE DANIEL ORTEGA
Los diputados que respaldaron la medida legislativa, que será publicada en La Gaceta, diario oficial y criticaron al Gobierno del sandinista Daniel Ortega por respaldar la medida de Chávez en contra de RCTV.
“Porque se sigue al pie de la letra lo que el Gobierno de Venezuela hace. (Aquí) se hace y se quiere hacer aquí en Nicaragua (lo mismo que en Venezuela)”, denunció la diputada de ALN, Jamileth Bonilla.
En esa misma línea se pronunció el diputado por el PLC, Enrique Quiñónez, quien calificó a Ortega de ser ahora un “pelele” de Chávez.
“Éramos, en Nicaragua, peleles de (Fidel) Castro y ahora de Hugo Chávez”, sostuvo Quiñónez.
Los legisladores dijeron que la preocupación en torno a la posible actuación de Ortega en Nicaragua en contra de los medios audiovisuales obedece no sólo a su cercanía con Chávez, sino a lo ocurrido en su anterior Gobierno de los años ochenta, cuando hubo abierta censura.
FSLN: “VULGAR MANIPULACIÓN POLÍTICA”
Mientras tanto, los diputados del FSLN calificaron como una “vulgar manipulación política” la resolución.
“El Frente Sandinista no se va a prestar a esta burda manipulación política que se quiere hacer ahora en este parlamento”, manifestó el diputado Wálmaro Gutiérrez.
Para el FSLN, Chávez y cualquier otro gobernante tiene el pleno derecho de decidir si otorga o no una nueva licencia de transmisión a los medios audiovisuales.
“El elemento que se plantea, de que hay una intervención y un cierre es absolutamente falso”, alegó el parlamentario del gobernante partido sandinista.
LAS CENSURAS DEL FSLN A LA PRENSA
“El Diario LA PRENSA en particular y la libertad de expresión y de prensa en general eran las principales víctimas del totalitarismo sandinista y de su proyecto de construir en Nicaragua una sociedad comunista y expandirlo a los demás países de Centroamérica. Cuando se firmaron los Acuerdos de Esquipulas II, el 7 de agosto de 1987, habían pasado 408 días desde que LA PRENSA fue cerrada por el gobierno sandinista de Daniel Ortega”, reza un editorial de este diario del 12 de agosto de 2004, rememorando el 17 aniversario de los Acuerdos de Esquipulas II, que dio origen al proceso de paz y democratización en el país.
El editorial agrega que “tuvieron que pasar 43 días más para que el Diario de los Nicaragüenses pudiera volver a salir, libre de censura, pues el dictador sandinista pretendía obligarnos a salir ‘con censura para algunos temas’, lo cual fue rechazado de manera categórica por la Junta Directiva de LA PRENSA”.
Sólo cuando el régimen sandinista aceptó que se publicara sin censura de ninguna clase, fue que LA PRENSA volvió a estar en las manos de los nicaragüenses, porque del corazón y la conciencia de éstos no habían podido desalojarlo.
El Diario de los Nicaragüenses sufrió los embates del férreo régimen sandinista dirigido por Ortega, que censuró lo que quiso en la década de los 80.