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Gloria Rivera carga en brazos a su hija Emma Milagros, de dos meses de nacida. (LA PRENSA/ R. ORTEGA )
Una madre que decidió dar vida, pese al cáncer
Roberto Pérez Solís
nacionales@laprensa.com.ni

“A mí me recomendaron que abortara, pero no lo hice, confié en Dios y ahora tengo a mi hija sana”, dice con aplomo Gloria Rivera.

La historia de Rivera podría ser igual a la de cualquier otra mujer de escasos recursos y con prole numerosa, sin embargo se torna más dramática cuando relata que a sus 41 años, luego de tres sesiones de quimioterapia, se enteró que estaba embarazada de su esposo Bruno Dormus.

Es originaria de Pantallawas, comunidad ubicada adelante de Ayapal, en Jinotega, a más de 300 kilómetros de Managua. Recuerda que el cáncer se lo detectaron casi un año atrás. “Me salió una pelotita (en el seno izquierdo), me picaba y luego me comenzó a doler”, dijo Rivera.

Cuando no soportó los dolores salió de su comunidad y buscó atención en Jinotega y Matagalpa, de donde fue trasladada a Managua. En la capital los doctores del Hospital Bertha Calderón le diagnosticaron la enfermedad.

Varias semanas después de estar en tratamiento, la señora cuenta, entre risas, que le dijo a los médicos que la menstruación había desaparecido y que creía estar embarazada, porque sentía un bulto en su estómago. Rivera agrega que en un inicio los médicos estaban incrédulos, hasta que confirmaron el hecho con varios exámenes médicos.

“Cuando se enteraron de que estaba embarazada, muchos me dijeron que abortara, que era peligroso para mí y el niño”, indicó la señora, sin identificar a las personas que le daban el “consejo”.

Los doctores, añade, cumplían con seguir realizándole las sesiones de quimioterapia, pero a la vez le daban ánimos para soportar cualquier situación anómala que se presentase en su embarazo.

“A mí me decían que abortara, que me confesara primero, que pidiera perdón a Dios, pero les decía: salga como salga, yo lo quiero tener. Si se muere es porque Dios así lo quiere, pero no lo voy a matar”, recuerda la humilde mujer.

Del Hospital Bertha Calderón la trasladaron al Hospital Metropolitano Vivian Pellas, por gestiones de la Fundación Ortiz Gurdián. Eso ocurrió hace dos meses cuando dio a luz a su hija Emma Milagros, quien hoy goza de buenas condiciones de salud. Al momento de nacer, la niña pesó seis libras.

“A las mujeres que salen embarazadas y después no quieren a sus hijos, les digo que los traigan al mundo, porque matar a una criatura no tiene perdón de nadie, menos de Dios”, dijo Gloria Rivera.

El ginecólogo Walter Mendieta, uno de los médicos que le práctico la cesárea en el Hospital Metropolitano, informó que cuando una mujer con cáncer sale embarazada, el peligro que existe es que debido a los tratamientos, el bebé puede resultar con malformaciones congénitas. Esta posibilidad se acrecienta cuando la mujer sobrepasa los 40 años.

“En noviembre fue sometida a una mastectomía (extirpación) de la mama izquierda, y su embarazo continuó de forma normal”, expresó el doctor Mendieta.

En la actualidad doña Gloria Rivera continúa con su tratamiento médico y de acuerdo a los médicos, su estado de salud es favorable.

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