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Japoneses y ballenas (II)
Takashi Fuchigami
El autor es Consejero, Embajada del Japón

Los cetáceos están en la cúspide de la cadena alimenticia del ecosistema marino, por eso la premisa de Greenpeace de que ni una sola ballena debe ser cazada es algo que pone en peligro tanto el equilibrio del ecosistema marino como la biodiversidad. Esta organización debería ejecutar proyectos concretos para la protección y conservación del medio ambiente.

Los representantes de organizaciones ambientalistas, señora Yanina Luna y señor Milko Schvartzman, publicaron un artículo en LA PRENSA el 1 de mayo, mediante el cual refutaron mi artículo del 13 de abril. Ellos insisten en que mis argumentos y los del Gobierno japonés son totalmente falsos.

Los alegatos de los señores mencionados, se resumen en uno solo. Ni una sola ballena debe ser capturada ni cazada. Independientemente de que las ballenas estén o no en peligro de extinción, ellos aseverarán lo mismo. Aquí no hay más que un deplorable egocentrismo de que: “Mi opinión es absolutamente verdadera y correcta y lo que dicen otros es equivocado y falso”. Aquí también, reina la subjetividad, desechando la objetividad fundamentada por la ciencia.

Tengo entendido que Greenpeace es una organización que quiere proteger y conservar el medio ambiente. Sin embargo, no me parece que haya demostrado interés alguno para proteger y conservar el ecosistema marino en sí, sólo se enfocan en las ballenas. ¿Qué tipo de investigación científica sobre los cetáceos ha hecho Greenpeace? Tal vez, no siente la necesidad de hacerlo, porque para ellos ni una sola ballena debe ser capturada ni cazada.

Hay más de 80 especies de cetáceos, de las cuales 14 que son relativamente ballenas grandes son vigiladas y controladas por la CBI. Según la CBI, sólo en el Océano Antártico viven más de 760 mil ballenas minke, cifra que es 10 veces mayor que hace 100 años. Esta cifra ha sido avalada por científicos del Comité Científico de la CBI. Es muy cierto que la ballena azul no ha podido aumentar su inventario, razón por la cual nunca ha sido objeto de pesca científica por Japón. Pero, una de las razones de que las ballenas azules no aumentan, es que las minke con una tasa de alta fecundidad arrasan con los alimentos de las azules en el Océano Antártico.

Los ambientalistas dicen que Japón culpa a las ballenas por el colapso de la pesquería. Una ballena come diariamente alimentos equivalente al 3 por ciento de su peso. Los seres humanos consumen anualmente unas 90 millones de toneladas de recursos marinos, mientras los cetáceos, en el mismo período, consumen de 250 a 440 millones de toneladas, es decir, de 2.5 a 5 veces más. Para ilustración, se pueden facilitar fotos que muestran el contenido del estómago de una ballena, que es algo impresionante. Los cetáceos están en la cúspide de la cadena alimenticia del ecosistema marino. Por tanto, la premisa de Greenpeace de que ni una sola ballena debe ser cazada es algo que pone en peligro tanto el equilibrio del ecosistema marino como la biodiversidad.

Ellos también alegan que hay grandes intereses económicos detrás de la pesca de ballenas. Entonces, ¿acaso no hay grandes intereses económicos detrás del avistamiento de ballenas? No me opongo a las actividades de ecoturismo o avistamiento de ballenas, pero personalmente me abstendría de participar, porque a las jorobadas que circulan por el Océano Pacífico para dar a luz, sería mucho mejor dejarlas en paz que acercarse para satisfacer la curiosidad de los hombres. Así, las jorobadas nerviosas por su parto estarían muy agradecidas.

Otro punto de argumento: La supuesta “compra de votos”. Japón es uno de los mayores donantes de los países en vía de desarrollo y su cooperación económica abarca la construcción de puentes, hospitales, caminos, escuelas, entre otros. Muchos de estos países no están de acuerdo con la pesca de ballenas. Reitero que la cooperación japonesa no tiene nada que ver con el tema de las ballenas. Si se habla de “compra de votos”, recomiendo al lector echar una ojeada al artículo titulado The not so peaceful world of Greenpeace (El mundo no tan pacífico de Greenpeace) escrito por Leslie Spencer y otros (Forbes, Nov. 11, 1991) donde se revela cómo Greenpeace compró votos de pequeños países. Si Greenpeace es una verdadera organización ambientalista, se le recomienda ejecutar proyectos concretos para la protección y conservación del medio ambiente en los países en vía de desarrollo en vez de convertir el tema en un asunto político.

En su artículo del 1 de mayo, los representantes de los ambientalistas no tocaron al tema que tanto desean los japoneses, “el respeto a la tradición y la cultura”, como si la cultura y la tradición japonesas no merecen ser respetadas. Tal vez, ignoran que comer carne ballenera fue uno de los aspectos de la influencia de la religión. Tal como el islamismo prohíbe comer carne de cerdo, el antiguo budismo prohibía por más de mil años, comer carne de animales de cuatro patas. Es muy natural que el pueblo de Japón rodeado de mares dependa de recursos marinos para su alimentación. Se creía que las ballenas eran peces grandes y ni siquiera se sabía que son mamíferos.

Cuando algunas organizaciones ambientalistas no cejan en su premisa de que ni una sola ballena debe ser capturada ni cazada, ahí sentimos un arrogante “etnocentrismo”, de que una cultura es superior a otras, pensamiento incompatible con la cohabitación de diversos pueblos del mundo.

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