La Iglesia evangélica inauguró un templo monumental para 12,000 personas, en una muestra del crecimiento en Guatemala, donde los fieles protestantes superan el 25 por ciento de la población.
El complejo tiene 113,000 metros cuadrados de construcción y tuvo un costo de 29 millones de dólares. Está emplazado en un suburbio capitalino de clase media.
La inauguración del templo, el más grande de Centroamérica, y un pastor que busca la Presidencia, reflejan el crecimiento de las ramas pentecostales de la Iglesia evangélica en los últimos años en Guatemala, que ya alcanza más de un 25 por ciento de la población de un país históricamente católico.
En la década de los 70, los libros de texto oficiales indicaban que la población católica era superior al 90 por ciento.
No hay estadísticas gubernamentales recientes, pero un estudio del Servicio de Evangelización para América Latina, indicó que en 2003 el 25 por ciento de la población era evangélica, y están en una proporción de 1 a 2 frente a los católicos. En algunas regiones llega al 35 por ciento.
Las iglesias evangélicas florecen. Algunas tan modestas que sólo incluyen a la grey, el pastor y un pequeño lugar para reunirse. Otras son tan fastuosas como la que se inauguró el domingo.
La Fraternidad Cristiana de Guatemala tiene unos 13,000 miembros y casi 30 años de existir. Desde entonces ha cambiado de local varias veces para acomodar a la creciente congregación.
Otras de las llamadas “megaiglesias” como El Shaddai o Casa de Dios, congregan a miles de fieles bajo un techo en cada servicio y llegan a miles de personas todas las semanas por radio o televisión.
Fue su programa de radio que impulsó al predicador Harold Caballeros a lanzar una candidatura presidencial para las elecciones del 9 de septiembre.
Antes del terremoto de 1976, las iglesias evangélicas representaban un porcentaje muy pequeño, pero con el desastre, las iglesias estadounidenses enviaron ayuda para los damnificados y, junto con los víveres y carpas, misioneros.
Según la Iglesia católica, la represión contra sacerdotes y catequistas contribuyó a que una parte de sus fieles se convirtieran a principios de los años 80, los más cruentos de la guerra civil que asoló el país durante casi cuatro décadas.
También incidió la penetración de los evangelistas por televisión como Jimmy Swaggart o Jim Bakker en los años 80. Es por esas fechas que comienzan a fundarse en Guatemala las iglesias gigantescas.
El académico Dennis Smith, coordinador de Comunicación del Centro Evangélico de Estudios Pastorales de Centroamérica, lo explica de otra forma: “La gran novedad de estos pastores neopentecostales es que simplificaron el mensaje, eliminaron la doctrina y redujeron el mensaje a una transacción comercial de bienes simbólicos”.