Megalomanía
Resulta ahora que Daniel Ortega es el pueblo. Su casa, es la casa de Gobierno y el legítimo derecho que tienen otros políticos de desafiarle en una contienda electoral es una “conspiración contra el pueblo”. Vaya. Megalomanía, según el diccionario de la Real Academia Española, es “manía o delirio de grandezas”. Es una enfermedad. Hay quienes se creen Napoleón Bonaparte, otros superhéroes, Ortega, “el pueblo”.
Conspiración
No lo tomemos a chiste. Es peligrosa la ligereza con que nuestro Presidente habla de conspiración. ¿Cuántos nicaragüenses han muerto o sufrido tortura y prisión por conspirar? El mismo Daniel Ortega conspiró y sufrió por ello. Es que si fuese Enrique Bolaños quien hablara de “conspiración” el asunto no pasaría de una fanfarronada más, como cuando amenazaba con usar el Ejército. Pero Ortega es otra cosa. No sólo por los antecedentes que se puedan encontrar sobre la suerte que corrían los conspiradores en los años ochenta, sino por su manifiesta intención de imitar en todo al presidente Venezolano Hugo Chávez, quien esta semana cerró un canal de televisión porque se le ocurrió considerarlo “golpista”.
Peor es nada
Somos unos “yoquepierdistas” de primera. Tan acostumbrados estamos a que los funcionarios hagan mal las cosas o no hagan nada, que celebramos cuando hacen las cosas a medias. “Peor es nada”, decimos cuando los diputados aprueban una Ley de Acceso a la Información que se metió a regular el periodismo y protegió el derecho de los funcionarios a ocultar sus bienes malhabidos. “Peor es nada”, decimos cuando circulamos con relativa tranquilidad por la nueva carretera a Masaya, muy superior a la vieja, delgada y maltrecha carretera anterior. Se nos olvida que se aprobó un presupuesto y se hizo un diseño para una carretera mucho más amplia y que si quedó así fue por las coimas, el tráfico de influencias, la negligencia de funcionarios y esa nociva costumbre que tenemos los nicaragüenses de conformarnos con un “peor es nada” cuando pudimos tener algo mucho mejor.
Rayas amarillas
Si este Gobierno está interesado, como dice, en evitar la corrupción, debería insistir más en la rotulación de los vehículos del Estado. Son unos pocos vehículos de unas pocas instituciones, los que se ven circular con las famosas “rayas amarillas” o el círculo amarillo que los identifica como propiedad del Estado. Minsa, INTA, Inss, Ine… Habla muy bien de un Ministro el hecho que use la identificación estatal en el vehículo asignado y, desde la autoridad que le da su ejemplo, lo exija al resto de funcionarios subalternos.
Ministros
Y siguen los miembros de gabinete cayendo. No quiero parecer grosero, pero se sienten pegados con chiclets estos ministros. Salvo raras excepciones. Son personas de bajo perfil, escogidos más por sus fidelidades que por sus capacidades y han sido sometidos a un despiadado control que los mantiene cuasi en el anonimato y expuestos a ser cambiados por cualquier arrebato de la Primera Dama. Miren en Cultura, ya llevamos tres directores en menos de cinco meses. ¡Pobre país!
Exportadores
El mayor rubro de exportación que tenemos es gente. Ningún otro rubro produce tantos ingresos como las remesas que mandan los nicas que viven en el extranjero. La variedad de estas exportaciones es infinita: brazos para los cortes de café en Costa Rica, obreros para la construcción en Estados Unidos, niñas prostitutas para Guatemala y ahora, bebés para hogares extranjeros en cualquier parte del mundo. Qué triste.