¿Quién dice que gana el mejor? Eso no ocurrió en la esperada y súper promocionada final de la Champions. El Liverpool presionó más, creó mejor futbol en los pocos momentos de lucidez de un juego bastante confuso y muy impreciso, estuvo muy cerca del gol en mayor cantidad de oportunidades, pero perdió.
Sin brillar, con dos “farolazos” de Filippo Inzaghi, uno de ellos casual, el Milán obtuvo su séptimo título de la Liga de Campeones, imponiéndose 2-1 a ese laborioso Liverpool que en medio de lo discreto del accionar, trató de escapar hacia la grandeza, con un excedente de pierna, corazón y velocidad, pero sin la coordinación requerida, y terminó naufragando.
Perdiendo el Liverpool 2-0, el gol de cabeza de Dirk Kuyt, a quemarropa, a los 89 minutos, le inyectó suspenso al drama, haciendo flotar por un instante sobre la cabeza del Milán, el fantasma de Estambul en el 2005.
Pero en esta ocasión, el Liverpool no pudo salirse del ataúd camino del cementerio y terminó atenazado y sepultado por una defensa de mucho oficio, que logró sujetar ese impulso de última hora, siempre peligroso cuando lo produce un herido negándose a morir.
El partido que provocó tanta expectación, fue como una tarde de Picasso haraganeando, mostrando sólo ligeros pincelazos sobre el lienzo. En el primer tiempo el Milán estuvo lento, impreciso, carente de profundidad y sin orden; el Liverpool en tanto, fue más agresivo pero sin control, falto de ideas claras en el medio y con un par de posibilidades de contragolpe que se desvanecieron con remates desviados, agregando la atajada de Dida sobre el disparo de Jeramaine Pennant que se movió con mucha libertad por el sector derecho.
Sobre el minuto 44, Kaka es derribado en un intento de penetración y el tiro libre es cobrado por Andrea Pirlo. El remate de derecha al lado de la barrera, rebota en el cuerpo de Filippo Inzaghi y se desvía ante el asombro del arquero Pepe Reina, inutilizado en su vuelo hacia el palo izquierdo.
El movimiento de Inzaghi hacia adelante, fuera de la probable geometría del momento, resultó clave, permitiéndole al Milán ir con ventaja al descanso.
A los 62 minutos, lo mejor de Steven Gerrard, entrando con un quiebre magistral y rematando con poder, obligó a Dida a la atajada del juego, frustrando el empate y evitando el crecimiento del Liverpool.
Gerrard, Kuyt, Zenden, Riise y Pennant, batallando con el cierre de espacios, consiguieron posiciones de tiro, pero el piso y la cabaña de Dida se estuvieron moviendo caprichosamente provocando desajustes.
A los 81, Kaká recibe una pelota de Massimo Oddo y de inmediato, envía pase para la entrada de Inzaghi, quien se abre por la derecha, desajusta a Pepe Reina y asesta la estocada de derecha para el 2-0.
Luego, el gol de Kuyt, sobre un corner, con un potente cabezazo que desarmó a Dida, estrechando la diferencia 2-1. No fue suficiente para salirse del hoyo y el Milán volvió a coronarse.