Un trozo de historia salió de las aguas del Lago Cocibolca ahora que su playa se ha extendido por la sequía. En estos días, en la comunidad de La Virgen, ubicada a 11 kilómetros de la ciudad de Rivas, es posible apreciar unos pocos restos del muelle que hace varios años sirvió como punto de desembarque para quienes viajaban de New York a San Francisco, California, a través de Nicaragua.
Ahí, conservados en el agua, se pueden apreciar los enormes clavos (supuestamente de bronce) que pegados a la madera (que aún se conserva), formaban parte de un muelle donde se realizaba esa actividad.
Diversos historiadores han descrito que la famosa Ruta del Tránsito que se estableció en nuestro país entre 1857 y 1868, se hizo con la intención de acortar distancias entre New York y San Francisco, California, viajando a través de Nicaragua.
Para entonces, en San Francisco se producía la llamada “fiebre del oro” y eso explicaba que los viajeros quisieran acortar distancias para llegar a ese lugar. Cornelio Vanderbilt, fue quien abrió esa ruta y se dice que funcionó por 14 años.
Cuando se llega a la costa de La Virgen, es imposible no impresionarse cuando se observan esos restos. Pero lamentablemente muchas de estas piezas han sido sustraídas del lugar; algunas se han vendido por su valor (clavos de bronce) y otras como los pedazos de madera, que formaban parte del muelle, han terminado en el fogón de los pobladores o han sido utilizados para construir cercas.
UNA ÉPOCA PRÓSPERA
Carlos Maltés Duarte, es un poblador de 74 años de edad originario de La Virgen. Cuenta que su padre solía narrarle la época “bastante movida” que se desarrolló por aquellos años, cuando existió ese muelle “en donde desembarcaban muchos gringos”.
Cuenta don Carlos que hace 15 ó 20 años, se pudo observar una especie de cordillera de palos de madera, que fueron parte de la estructura del muelle.
“Pero ahora no se pueden ver porque todas las han sacado, también se podían encontrar clavos de cobre y bronce, pero muchos han sido vendidos y ahora ya no se ven”.
Lo que sí se puede observar en el lugar, ahora que la playa se nota seca, es en principio varias filas de enormes clavos incrustados sobre madera y luego, en el lago, éstos (los clavos) continúan hasta un lugar más profundo, siguiendo la ruta de un montón de piedras.
SE ADENTRABA EN EL LAGO
Las piedras, según le contaron a don Carlos, “se encontraban sumergidas entre piezas de madera que formaban una especie de chiquero y luego sobre ellas (las piedras) estaba la estructura de madera del muelle que eran clavadas con clavos de bronce y cobre”.
El valor de esta vieja estructura es incalculable, pero pasa inadvertido entre los vecinos de la zona. Al preguntarle a las personas que lavan sus ropas en el lugar, sobre la existencia de estas piezas la gente responde: “dicen que fue de un muelle que existió hace varios años”.
UNA CAJA DE ORO
Alrededor de este histórico muelle se han tejido muchas historias que hasta ahora no se sabe si son reales.
Maltés Duarte, dijo: “mi papá me contaba que cuando el muelle dejó de existir, unos gringos se fueron de la zona pero antes tiraron una caja repleta de oro y hace muchos años, sobre la costa, se podían encontrar pequeñas monedas de oro”.