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Inventar el agua helada
Eduardo Enríquez

Es curioso cómo los países pobres gastan tiempo, recursos, energías y mil y una cosa más en estudios, planificaciones, estrategias y cuanto más se les ocurra tratando de “salir de la pobreza”.

Los países pobres vivimos tratando de inventar el agua helada con mil y una “genialidades” y tratando de echarle la culpa a otros por los fracasos que sufrimos.

En el caso de Latinoamérica los culpables han pasado desde los genes de los pobres indios y de los “conquistadores” españoles que no debieron haber tenido mucho qué perder para venir a aventurarse a este lado del mundo, pasando por la “cultura de la siesta” — también española— el siempre útil “imperio norteamericano” que nos sirve para justificar cualquier fracaso, además de la oligarquía o la burguesía que asumen el papel de malo de manera alterna.

Por ejemplo, aquí en Nicaragua ahorita la culpable es la oligarquía, los que se las dan de la crema y nata, pues.

Pero en los años 80 no era la oligarquía el gran mal, sino la burguesía, porque en aquellos tiempos la oligarquía en gran parte estaba aliada al sandinismo y la burguesía, o sea los mediopelo que los Somoza habían llevado al poder, eran el “monstruo” a eliminar.

Ahora muchos de los mediopelo, con Arnoldo Alemán a la cabeza, parecen estar al servicio del sandinismo, aunque no todos, pues mis detractores me dirán que otros mediopelo estamos al servicio de la oligarquía... Lo pongo de una vez para que se ahorren el correo electrónico.

Pero en fin. El punto es que nunca encontramos el agua helada por mucho que tratemos de inventarla. Y cuando el intento fracasa hay que buscar culpables.

Pero esto del agua helada no es tan complicado como parece. Basta hacer sólo un poco de “benchmarking” como dicen los gerentes y ver qué han hecho los países que han logrado salir de la pobreza incluso en poco tiempo.

El libro Cuentos Chinos de Andrés Oppenheimer ya se está convirtiendo en un clásico del tema, pero nosotros los nicaragüenses hemos tenido el ejemplo tico al lado por décadas y nos hemos negado a verlo.

En resumen, para salir de la pobreza la fórmula está probada y establecida: institucionalidad, respeto a las leyes, apoyo a la educación como prioridad número uno del Estado, apertura económica, eficiencia estatal y privada, una carga tributaria baja, pero una recaudación eficiente y sin privilegios. Ah, y una buena dosis de sacrificio de parte de todos los involucrados, o sea, toda la sociedad: Y esto incluye a “la crema y nata”, a los “mediopelo”, a los “mengalos” a los predestinados, a los iluminados y claro que al pueblo trabajador que de todas maneras siempre se sacrifica.

Como bien señala Oppenheimer, ni siquiera es necesario ser democracia para salir de la pobreza. China, una dictadura, lo está haciendo, aunque más temprano que tarde tendrá que ceder a la apertura política, obligada por la clase media.

Pero si se fijan, en ninguno de los países que ha salido o está saliendo de la pobreza se habla de destruir un sector de la sociedad y “liberar” a otro. Ninguno habla de revoluciones ni de imperialismo ni de esas sandeces. Se habla de trabajo, inversión, eficiencia, educación, respeto a la ley y aplicación pareja de ésta. Ahí está el agua helada, no la sigan buscando.

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