El presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, tiene desde hace semanas unas ojeras que revelan noches sin dormir, pero sus desvelos no se deben al mundo en desarrollo, sino a una mujer que, finalmente le costó el puesto.
Shaha Ali Riza, una ciudadana británica de origen árabe y la compañera sentimental de Wolfowitz, es, según varios funcionarios del Banco que han trabajado con ella, una mujer ambiciosa, dura, inteligente y muy bien conectada.
“Yo creo que lo que más destacaría de ella es su ambición”, dijo a Efe una empleada del Banco Mundial (BM) que conoce personalmente a la novia de Wolfowitz.
Otro compañero la define como una persona “muy ideológica”, firme creyente en la idea de extender la democracia a los países árabes y una apasionada defensora de los derechos de las mujeres en el tercer mundo.
Riza, quien antes de ser transferida temporalmente al Departamento de Estado en septiembre del 2005 trabajaba como responsable de comunicación en el Departamento del BM para Oriente Medio y el Norte de África, se labró también fama de jefa solidaria y leal a su equipo durante sus ocho años en el organismo.
La mujer que se ganó el corazón del neoconservador Paul Wolfowitz, uno de los “ halcones” de la administración Bush, es una musulmana secular poco amante del maquillaje y las joyas.
Los que trabajaron con ella la describen como una mujer más bien delgada que suele llevar el cabello tirando a corto, que viste de forma discreta y a la que es raro ver con faldas. “Vanidosa desde luego no es”, señaló una antigua compañera.
Riza, de 52 años, pasó su niñez entre Libia y Arabia Saudí y tiene una sólida educación, que incluye una licenciatura del prestigioso centro académico London School of Economics y un máster en Ciencias Sociales de la Universidad de Oxford.
Fue en Oxford donde conoció a su ex esposo, el chipriota Bulent Ali Riza, quien trabaja como experto en temas de Turquía en el Center for Strategic and International Studies, en Washington.
La pareja tuvo un único hijo, de quien Riza hablaba a menudo con sus compañeros de trabajo en el Banco Mundial. “Su hijo es muy importante para ella”, dijo una ex compañera.
Tras trasladarse a Estados Unidos con su marido, de quien está divorciada, la carrera profesional de Riza se concentró en Oriente Medio.
A principios de la década de los 90 entró al National Endowment for Democracy, donde conoció a Wolfowitz, quien era miembro del consejo de administración del centro, dijo recientemente al diario The Washington Post el periodista turco Cengiz Candar, un amigo de la pareja. A los dos les une un interés común en la promoción de la democracia en Oriente Medio.