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Oposición real y oposición formal
Luciano Cuadra Waters
El autor es nicaragüense residente en Estados Unidos.

Hace algunos años, en un escrito de Pedro Joaquín Chamorro titulado Oposición Real y Oposición formal, éste recordaba que “…por falta de capacidad o por falta de motivaciones bien definidas, las oposiciones van cogiendo los modos de operar y de vivir del sistema que les dio origen como reacción contraria y entran respecto de ellos en un paralelismo de métodos y actuaciones, que les convierte en oposiciones formales, en vez de ser oposiciones reales, es decir, verdaderas”.

Tomando lo expresado por Pedro, vemos que en la actualidad vivimos el fenómeno al que podríamos aplicarle el concepto señalado, pues contamos en la arena política con dos frentes de oposición.

Por un lado el PLC destaca como la oposición formal o simbiótica (utilizo este término, pues ese partido explota junto con el FSLN los beneficios que les otorga la vida en común gracias al entendimiento). Mientras por el otro lado está lo que población desearía reconocer como oposición real o efectiva, descansando esta esperanza en la ALN-PC y el MRS.

Pero, a un poco más de cien días de haber asumido el poder Daniel Ortega, los nicaragüenses no vemos una fuerza que actúe de manera coordinada y cohesiva y que presente una oposición tangible a los cambios e iniciativas de carácter autoritario presentadas por el presidente.

Quiero pensar que esta ausencia de presencia se debe más a falta de motivación que a falta de capacidad. Pero hasta la fecha noto que con ciertas excepciones, los diputados de lo que debería ser la oposición real parecen estar llevando a cabo su propia lucha, o quizá su propia agenda o tal vez se deba a que su labor legislativa es tan discreta que resulta siendo secreta.

Para desengaño de muchos, estos grupos políticos demuestran más interés en acusarse y responder a los diversos señalamientos lanzados por el otro, que en introducir propuestas de orden social que beneficien a la ciudadanía, dejando de esta manera el campo abierto para que el FSLN actúe con libre albedrío.

Tal actitud presenta no solamente un vacío en las esperanzas de los obreros, campesinos y demás, sino que también genera un desmoronamiento moral entre quienes esperaban que al obtener un número respetable de diputaciones en las elecciones recién pasadas, se presentaría en la Asamblea Nacional un frente de oposición eficaz que sería el freno a la bancada orteguista.

Para sorpresa de todos, ricos y pobres, pobres todos al fin, destaca en el recinto legislativo, no un sentimiento opositor místico y concentrado sino más bien una actitud timorata que no les permite actuar.

Así que en sus primeras dos semanas de existencia, el Gobierno metió “gol” logrando con sus 38 votos incondicionales, las reformas a la Ley 290 que le otorga al Presidente mayores facultades sobre el Ejército y la Policía y control efectivo sobre varios ministerios.

Hasta este mes el electorado sigue tan huérfano como antes y sin nadie que lo defienda. Los únicos casos que lograron espantar las moscas atraídas por la monotonía, tuvieron que ver con una prórroga a la implementación de unas reformas constitucionales, lo cual no le ha de quitar el sueño al mandatario y una victoria pírrica sobre el uso de unos jeroglíficos con los que la pareja presidencial pretendía adornar los comunicados oficiales.

Los nicaragüenses queremos más beligerancia y dinamismo por parte de los partidos de oposición en la Asamblea. Los diputados en su función legislativa deberían tener presente el principio enunciado por Montesquieu, quien señalando la necesidad de evitar la tiranía afirmaba que “sólo el poder detiene al poder”.

De ninguna manera se pretende que la Asamblea Nacional se convierta en un coliseo romano, pero es exigencia inexcusable que los diputados adversos al FSLN se quiten los guantes y se pongan serios. Es hora de ponerle el cascabel al gato. Sin miedo y sin asco.

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