Managua
01:58 pm
14.05.07
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Opinión
El silencio diplomático
Gilberto Bergman Padilla
El autor es diplomático, Rector de la UCC.

Plácet, beneplácito o agreement son palabras similares de uso común en las relaciones diplomáticas, es la respuesta favorable que da un gobierno cuando otro le propone como representante diplomático a determinada persona. La solicitud de plácet se hace por medio de una nota verbal o nota firmada a la cual se le acompaña el currículo vitae del aspirante.

Esta palabra está de moda en Nicaragua, todo el mundo habla de que el Vaticano le aplicó el silencio diplomático, al señor Álvaro Robelo, es decir, le negaron el plácet.

Robelo acusa al Representante de Su Santidad en Nicaragua el Nuncio Apostólico Jean Paul Gobels de ser el jefe de una conspiración malvada y delincuencial contra su persona. Se refiere al Nuncio como un delincuente de “oscura vida privada,” Lo denigra y lo califica como una “loquita” de reacciones histéricas.

Son ataques muy fuertes, especialmente cuando provienen de un ex diplomático, ya que en tiempos de doña Violeta fue Embajador en Italia. No hay que olvidar que el Nuncio Apostólico es el representante de su Santidad Benedicto XVI.

Por eso, es importante que cuando un gobierno propone a una persona como candidato a embajador, se asegure previamente que su candidato no tiene cuentas con la justicia, no ha tenido una conducta inmoral, no ha formulado un pronunciamiento público inamistoso, etc. Ya, que desde el ángulo del Estado que lo va a acreditar, le ahorra al candidato y al Gobierno que lo postula la desagradable situación que provoca la negativa del plácet.

Para los países del continente americano esta regla de derecho diplomático adquirió carácter obligatorio al quedar incorporada en la Convención de La Habana sobre Funcionarios Diplomáticos (La Habana 20-02-1928), cuyo artículo 8º. Establece: “Ningún Estado podrá acreditar a sus funcionarios diplomáticos ante los demás estados, sin previo arreglo con éstos. Los estados pueden negarse a admitir un funcionario diplomático de los otros o, habiéndolo admitido ya, pedir su retiro, sin estar obligados a expresar los motivos de su resolución”. La norma adquirió luego carácter de obligación universal al quedar recogida en la Convención de Viena sobre relaciones Diplomáticas (18-04-01961), cuyo artículo 4º. Dispone: “1.—El Estado acreditante deberá asegurarse de que la persona que pretende nombrar como Jefe de Misión ante el Estado acreditado obtiene el “agreement” del referido Estado. 2.—El Estado acreditado no está obligado a dar al Estado acreditante las razones de la negativa del “agreement”.

Este derecho del estado receptor es absoluto y ha sido utilizado a lo largo del tiempo en las más variadas circunstancias, algunas veces sin dar razones públicamente, porque esto pudiera afectar importantes intereses políticos.

En Roma, en determinada época, un embajador norteamericano fue rechazado por ser divorciado y ofender con esto la tradición religiosa del Reino de Italia. En Berlín se rechazó también a un representante norteamericano, esta vez, por ser católico cuando la Corte era protestante.

En Brasil se rechazó a un embajador español porque el nuevo Jefe de Misión, durante la Segunda Guerra Mundial actuando como periodista, había fustigado a las fuerzas aliadas y había sido un vehemente defensor de las Fuerzas de Eje, cuando, justamente, las fuerzas brasileñas habían combatido contra las fuerzas del Eje y habían tenido muchos muertos en Europa.

Otro caso se produjo en Buenos Aires, cuando a principios de siglo, si bien no se rechazó, se pidió a un Estado acreditante que no nombrara a determinada persona como embajador, porque su apellido coincidía con el de la dueña de una casa notoria como la más alegre de Buenos Aires y era de dominio popular el apellido de esta señora, entonces, decían, que acreditar a un embajador con ese mismo apellido no iba a resultar positivo para las buenas relaciones de ese Estado e iba a presentarse inconvenientes a nivel popular.

En los círculos periodísticos se comenta que el actual Embajador en Italia, Piero Coen Montealegre, renunciará a su cargo por asunto de salud, cargo que, según los medios, estará siendo solicitado por don Álvaro Robelo.

El Cuerpo Diplomático acreditado en Nicaragua ha cerrado filas con el Nuncio. “He hangs in his own rope” comentaba un embajador europeo al referirse al Señor Robelo. Lo que en buen nicaragüense podría traducirse como “Se ahorcó con su propia lengua” ya que es muy remoto que el Gobierno actual lo vuelva a postular como embajador, pues no quisiera exponerse a recibir un segundo “silencio diplomático”.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda