Venezuela ha prometido a Nicaragua suministrarle hasta 27 mil barriles de petróleo diarios. /LA PRENSA / ARCHIVO
Señalan ventaja en mezcla petrolera
Arlen Cerda
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¿Puja geopolítica?

Los países centroamericanos dependen altamente en materia de desarrollo energético de sus vecinos latinoamericanos petroleros: México y Venezuela.
Ambos países conocen esa necesidad centroamericana y han planeado y promocionado proyectos de suministro petrolero y de desarrollo de infraestructura para éstos. Las construcciones de refinerías son los compromisos más recientes, aunque ninguna se ha materializado. Analistas económicos internacionales coinciden en señalar que Venezuela disputa la influencia política en Centroamérica a Estados Unidos, ejercida precisamente a través del apoyo mexicano.

Economista apunta mejor rendimiento con mezcla de crudo venezolano y mexicano

El Gobierno del presidente Daniel Ortega podría beneficiarse de un viejo pacto de suministro petrolero firmado en agosto de 1980 entre Venezuela, México y los países centroamericanos, llamado el Pacto de San José, para importar barriles del crudo azteca, cuyo costo es menor al venezolano, según el economista Sergio Santamaría.

El experto propone usar este pacto todavía vigente, con el fin de aprovechar las características del petróleo mexicano que, mezclado con el venezolano, aumentaría el rendimiento de los derivados del crudo, según confirmaron especialistas en el tema.

A la fecha, el costo del barril de petróleo venezolano es de 57.26 dólares, mientras el del mexicano es 53.95, es decir 3.31 dólares menos.

Según el economista Sergio Santamaría, otra de las ventajas del Pacto de San José es que establece un financiamiento del 30 por ciento del total de las importaciones que el Gobierno podría utilizar para invertir en proyectos de desarrollo energético e infraestructura.

“Esto daría al Gobierno una disciplina financiera en el manejo de recursos que no existe en la actualidad, con los que generará el convenio concesional con Venezuela (Alba)”, asegura el economista Santamaría.

Sin embargo, para el economista Róger Cerda el Pacto de San José, que funciona sólo entre Estados, “es obsoleto frente al convenio con Venezuela, porque con éste hay un componente de concesionalidad”.

Efectivamente, mientras el Pacto de San José ofrece el financiamiento del 30 por ciento a plazos comerciales, el actual convenio que tiene la empresa Petróleos de Nicaragua (Petronic) con la empresa Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), establece un financiamiento del 50 por ciento con un plazo de 23 años, más dos años de gracia a una tasa de interés anual del dos por ciento.

Este convenio, firmado en enero entre Ortega y su homólogo venezolano, Hugo Chávez, es uno de los acuerdos de la cooperación venezolana en el marco de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba) y establece que Nicaragua dispondrá de hasta 27 mil barriles de petróleo al día, de parte de PDVSA.

Según ha revelado el mismo presidente Ortega, el suministro venezolano y sus condiciones “permitirían a Nicaragua un ahorro de 300 millones de dólares en la factura petrolera”, que al 2006 superó los 650.4 millones de dólares.

Sin embargo, diversos sectores, entre ellos legisladores y organizaciones de la sociedad civil, aseguran que estos 300 millones de dólares serían manejados como un presupuesto “paralelo” al Presupuesto General de la República, que asciende a unos 1,298 millones de dólares (más de 24 mil millones de córdobas) desconociéndose en qué serían utilizados y constituirán una deuda para el Estado. Una afirmación que el Gobierno ha rechazado.

Para Santamaría, quien no discute los “beneficios” del convenio con el país sudamericano, esta “discrecionalidad” de los fondos se evitaría con el Pacto de San José.

¿CUESTIÓN DE CALIDAD?

Pero el economista Róger Cerda insiste en que “el Pacto de San José no sería más atractivo que el convenio con Venezuela” y añade que “habría que estudiar la calidad y las características del petróleo de cada país”.

A nivel mundial se maneja que México —que no pertenece a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP)— produce un crudo sesenta por ciento más pesado, que al ser procesado produce más residuos y disminuye su calidad.

Sin embargo, Santamaría asegura que las refinerías están preparadas para tratar todo tipo de petróleo.

Expertos en el tema de hidrocarburos revelaron, de hecho, que la refinería privada que opera en Nicaragua, “trabaja perfectamente con ambos tipos de petróleo”. Además, confirmaron que al mezclar ambos tipos de crudo (que tienen diferentes subtipos o marcas) se consigue un mejor rendimiento en derivados.

Por ejemplo, el crudo mexicano rinde menos con combustibles como el diesel y la gasolina, pero rinde con kerosene y mezcla asfáltica. En cambio, el petróleo venezolano rinde más en combustibles.

Según los especialistas consultados por LA PRENSA, el uso de los dos tipos de petróleos no depende de la calidad o características de cada uno, puesto que la refinería trabaja con ambos tipos y el venezolano hasta se adapta mejor a las condiciones de la demanda nicaragüense.

Sin embargo, se importa más petróleo mexicano que venezolano. Según estadísticas oficiales de la Dirección General de Hidrocarburos del Instituto Nicaragüense de Energía (INE), de los más de 5.6 millones de barriles de petróleo que corresponden del total de la factura petrolera del 2006, el 55.50 por ciento (más de 3.1 millones de barriles) se importó desde México y sólo el 30.47 por ciento (1.7 millones) se importó desde Venezuela.

LAS ÁREAS QUE DEMANDAN INVERSIÓN

Según el también economista y miembro de la Coordinadora Civil, Adolfo Acevedo, “el crédito concesional de 300 millones de dólares al año por el suministro petrolero de Venezuela es uno de los anuncios más importantes del presidente Ortega”.

“Para tener una referencia de lo que implica la magnitud de este crédito, hay que considerar que Nicaragua se endeuda al año con 240 millones de dólares con el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE)”, indicó.

Según el economista, “este crédito de Venezuela podría hacer un aporte importante, al menos en lo que respecta a la inversión en infraestructura básica, y a la inversión en infraestructura de educación y salud”.

Sin embargo, advierte que “es evidente que este crédito con Venezuela se ha decidido, a sangre y fuego, manejarlo por completo fuera del Presupuesto, sin ninguna transparencia y sin que exista la posibilidad del más mínimo proceso nacional deliberativo alrededor del uso del mismo”.

Acevedo señala que algunas de las áreas que deberían de ser privilegiadas por el Gobierno, a través de este financiamiento de Venezuela, son la educación, salud, agua potable y saneamiento, reparación y mantenimiento de caminos, vivienda y hasta el Plan Productivo Alimentario (PPA), que impulsa el Gobierno, mejor conocido como “Programa Hambre Cero”.

Según cálculos de Acevedo, las “brechas deficitarias” que existen en estas “sensibles áreas sociales” podrían cubrirse con un mínimo de 355 millones de dólares más en el Presupuesto General de la República, para lo cual, el financiamiento venezolano sería “un aporte importante”, además de una reforma tributaria y una reestructuración de la deuda interna.

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