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Vilma Somoza es una campesina de 38 años, que ha dedicado toda su vida al trabajo doméstico, al igual que lo hizo su madre. Ella logró estudiar hasta el cuarto grado de primaria. ( LA PRENSA/J. MOLINA)
Las mujeres se van y los hombres se quedan
En Nicaragua hay tres municipios donde los hombres son la mayoría. Éstos son básicamente rurales, situación que no permite desarrollar oportunidades laborales para las mujeres. Ahí no hay más que cuidar la casa y los niños, el resto “es trabajo de hombres”. LA PRENSA visitó uno de ellos para saber a dónde se van y qué hacen las mujeres
Martha Solano Martínez
magazine@laprensa.com.ni
Radiografía de otros municipios

San Juan de Nicaragua
Macuelizo

Además de Comalapa, los municipios San Juan de Nicaragua y Macuelizo presentan situaciones similares en las que las mujeres han dejado de ser la mayoría. Según el especialista en demografía, Domingo Primante, las explicaciones se resumen a las oportunidades de trabajo que tienen las mujeres.

Departamento: Río San Juan.

Población: 1,307 habitantes.

La relación de masculinidad en 1995 era de 127.7 y en el 2005 disminuyó a 117.5 hombres por cada cien mujeres.

En todos los municipios del departamento de Río San Juan hay más hombres que mujeres.

San Juan de Nicaragua es el municipio que tiene la densidad poblacional más baja en todo el país, un habitante por kilómetro cuadrado.

Según Primante, puede ser un lugar de atracción y que tal vez se irá poblando en los siguientes años.

Ese municipio tenía 271 personas en 1995, y ahora lo habitan 1,307. El número aumentó seis veces más.

En poco tiempo San Juan de Nicaragua puede cambiar su fisonomía en cuanto a la población. Su actividad económica que es básicamente agrícola.

Departamento: Nueva Segovia.

Población: 6,076 habitantes.

La relación de masculinidad de Macuelizo aumentó en los últimos años.

En 1995 era de 108.9 hombres por cada cien mujeres, y en el 2005 alcanzó los 112.7 hombres por cada cien mujeres.

La razón del aumento podría ser que la población de Macuelizo tiene un crecimiento más o menos alto.

También el municipio tiene una densidad poblacional muy baja, de 24 habitantes por kilómetro cuadrado, y sólo el cuatro por ciento de sus pobladores habita en la zona urbana.

Macuelizo es claramente un municipio rural, dedicado a actividades agropecuarias.

Si el municipio está en posibilidades de crecimiento, aparte del crecimiento natural que podría tener como consecuencia de los nacimientos que hay, si hay inmigración, si está llegando gente, particularmente van a ser hombres más que mujeres debido a las oportunidades de trabajo.

Sin estadísticas

Aunque los datos estadísticos no existen, en Comalapa son muy pocas las mujeres que logran culminar sus estudios. Y de las que logran culminar los estudios universitarios, algunas optan por emigrar a otras ciudades o países vecinos donde tenga mejores oportunidades. La tercera opción de otras es quedarse en su municipios realizando los quehaceres de sus hogares.

El último censo realizado por el ahora Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide), en el 2005, revela un dato curioso: en Nicaragua hay tres municipios donde las mujeres son escasas.

Contrario a las estadísticas generales que indican que de los 5.1 millones de habitantes en todo el país hay 73 mil mujeres que superan el número de hombres; en los municipios Macuelizo, San Juan de Nicaragua y Comalapa ocurre todo lo contrario: los hombres son la mayoría.

Esos tres sitios corresponden a los departamentos de Nueva Guinea, Río San Juan y Chontales; en el norte, sur y centro del territorio nacional, respectivamente.

Según el demógrafo y asesor del Inide, Domingo Primante, la relación de masculinidad se usa para no dar los porcentajes en cuanto a la población de hombres o de mujeres. Entonces, se calcula la cantidad de hombres con respecto a la de mujeres, y se multiplica por cien.

En el caso de Comalapa, la relación de masculinidad es de 116 hombres por cada cien mujeres. El cálculo indica que hay aproximadamente 800 hombres más respecto a la población femenina que habita el lugar.

¿Pero por qué sucede ese fenómeno? Primante propone una hipótesis bastante vinculada con la actividad económica de los municipios con predominancia de hombres.

LAS HIJAS DE BASILISO

Basiliso Bravo Amador es un campesino de 57 años que durante la mañana se dedica junto a su hijo, a chapear potreros, como todos los jornaleros de la localidad.

Regresan al medio día para descansar en su humilde casa forrada con plástico, en la comarca Miragua, al noreste de Comalapa, donde los espera Margarita, esposa y madre respectivamente.

Basiliso no sólo procreó un hijo, también tiene tres hijas que por las circunstancias se han ido a otros lugares en busca de un mejor futuro.

“Ellas han tenido que emigrar. Una se fue a Managua, otra a Costa Rica y la otra vive en Camoapa, porque aquí en Comalapa no tenían oportunidad. Si se quedaban a trabajar en la casa de un rico les pagaban sólo 200 córdobas al mes”, afirma Basiliso muy apesarado por la ausencia de sus hijas.

Rosa Idalia Madrigal, responsable de planificación y proyectos de la Alcaldía de Comalapa, sostiene que en su municipio “la mayoría de la población se dedica a la siembra de frijoles, maíz y sorgo, y en la zona seca se dedican a la plantación de tomates, chiltomas, cebollas, a través de mini riego porque en esa zona han pasado tres inviernos que no llueve”.

La pobreza de las familias es notoria. No todos tienen la ventaja de poseer tierras para cultivar o criar ganado, y eso los obliga a ofrecer sus servicios en “las fincas de los ricos”, lo que disminuye sus ingresos económicos.

Comalapa es una pequeña ciudad donde todo parece transcurrir en completa calma. El centro no se diferencia mucho de cualquier otra ciudad. Como eje tiene un parque rodeado de un templo católico y las oficinas municipales de las instituciones estatales, junto algunas casas de aspecto antiguo.

A pesar de que el 63 por ciento de su población, que redondea los 12 mil habitantes, está en edad económicamente para trabajar, no hay oportunidades para todos.

Tradicionalmente las mujeres de Comalapa se quedan en sus hogares cuidando de los hijos y los animales de corral, a la espera de sus esposos.

Las que no, salen de sus comarcas a vender frutas por las pocas calles del centro urbano.

Comalapa es un municipio meramente rural. La zona urbana alberga apenas el 11.7 de la población, y sus principales actividades económicas están ligadas a las labores del campo.

Con esos datos se comprueba la hipótesis del demógrafo Domingo Primante quien dice que en los municipios como Comalapa juegan una serie de factores como las migraciones internas, empujadas por el factor económico.

“ Las mujeres tienden a ir más a las ciudades, a las áreas urbanas, porque ahí encuentran formas de integrarse a la actividad económica. Van a trabajar a las zonas francas o prestan servicios domésticos. En cambio, la actividad económica del hombre rural está vinculada a las áreas agrícola y ganadera”, sostiene el experto.

ROMPIENDO LA TRADICIÓN

Hasta ahora sólo unas cuantas mujeres han incursionado en la siembra y cosecha de árboles frutales, una iniciativa promovida por el Proyecto de Agricultura Sostenible, de la arquidiócesis de Comalapa.

“Las mujeres por lo general se quedan en la casa, no hacen los trabajos de hombres. Por eso nosotros nos estamos enfocando en que las mujeres participen (en el trabajo), que haya igualdad”, asegura Maritza Ríos, administradora del Proyecto de Agricultura Sostenible (Pasco).

Fue así que Berta Lucía Sandoval, de 34 años, comenzó a cultivar hortalizas en un terreno de más o menos media manzana.

Su hermano, José Pantaleón Sandoval describe a Berta como un ejemplo de mujer, ya que toda la vida ha trabajado a la par de los hombres, limpiando las huertas, criando granado, haciendo todo el trabajo que el campo ofrece para no dejar que falta la comida en el hogar.

“Y le digo, hay que hacerle capricho a ese trabajo para pasar con el machete todo el día”, asevera don José Pantaleón.

“La verdad es que desde muy pequeña me ha golpeado mucho el trabajo. Nací en una familia muy humilde y a veces la pobreza ayuda a los padres a forzar el trabajo de los hijos”, cuenta Berta, quien comenzó a trabajar a la par de sus hermanos y su padre, cuando tenía 12 años.

“Aquí las pobres mujeres no trabajan de nada. Fíjese que nos hicieron la alegrona de que iban a traer un molino, pues todas las mujeres dijeron que tal vez ahí buscaban cómo trabajar. Pero aquí las pobres, sólo en la casa con lo que hay que hacer. Por lo menos la hermana mía, esa pobre vivía trabajando ahí conmigo para mantener a la familia de ella. Tenía que trabajar con machete, sembrando huertas. A nosotros no nos faltaba la comida”, cuenta José Pantaleón, un campesino de 57 años.

Berta tiene tres hijas, es madre soltera. “El amor es como la lotería”, dice al sacar la cuenta de ocho años de soltería.

La mayor de sus hijas tiene 14 años y se llama Ingrid. Ella está viviendo “para mientras” en Camoapa, en casa de unos familiares que se ofrecieron a ayudarla. Ahí cursa el primer año de la secundaria.

“Cuando puedo le llevo algo para que ayude”, dice Berta, quien luce un rostro marcado por los poderosos rayos del sol.

Las demás hijas de Berta, Leslie y Geraldina, estudian en la Escuela San Antonio, de la comarca Miragua, a cinco minutos de su casa sin piso y formada por tablas viejas.

“Las mujeres se van, algunos hombres también, pero casi siempre la más sufrida es la mujer. Uno como madre no quiere ver a sus hijos sufrir. Yo ya he pensado en emigrar porque espero otra cosa para mis hijas. No es tan fácil el trabajo del campo. Mi propósito es que con la ayuda de Dios, estudien y se superen. Yo les digo a ellas que es triste heredar el trabajo que yo hago”, comenta Berta Lucía.

POCOS PROFESIONALES

En el caso urbano de Comalapa generalmente no hay mucho movimiento, a menos que estén celebrando las fiestas patronales de Santa Candelaria.

Por lo general, los pocos habitantes que tienen la oportunidad de ingresar a la escuela, con mucho esfuerzo culminan sus estudios primarios o secundarios.

Algunos corren mayor suerte y llegan hasta la universidad, ya sea estudiando en Managua o en Juigalpa, Chontales.

De ese otro grupo de “estudiados” algunos prefieren emigrar a cualquier lugar que les de la oportunidad de trabajar en su profesión o cualquier otra cosa mejor pagada que en Comalapa.

El resto, se queda en Comalapa “haciendo nada”, ya que las fuentes de empleo existentes son mínimas.

Las únicas instituciones presentes en ese municipio son el Ministerio de Salud, la Policía Nacional, los juzgados, la Alcaldía, el colegio y Pasco.

Y aunque parezca contradictorio que dos mujeres sean las que informan de la situación a LA PRENSA, son muy pocas las que logran terminar la educación primaria.

No todas las que alcanzan estudios técnicos o universitarios, obtienen un puesto en su ciudad. Las que no, optan por regresar al quehacer doméstico o emigran hacia otras zonas urbanas donde pueden competir para obtener un puesto profesional.

“Yo he tenido suerte, pero no todas las personas han tenido la misma oportunidad. Los demás que se preparan igual que yo están en sus casas, algunos ponen pequeños negocios pero casi no son rentables porque hay poca población y entonces no hay mucho movimiento”, cuenta Maritza Ríos.

“Otros se dedican a los quehaceres domésticos, y hay profesionales que no están haciendo nada”, reconoce Ríos, quien estudió Administración de Empresas en Juigalpa, y es una de las poquísimas afortunadas de haber encontrado trabajo en Comala, en el Proyecto Agricultura Sostenible (Pasco).

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