SAO PAULO.- Fray Galvao, el flamante primer santo brasileño y conocido desde hace casi dos siglos por sus "pastillas milagrosas", fue canonizado el viernes después de un largo proceso de ascenso en la jerarquía celeste en que fue sucesivamente "siervo de Dios", "venerable", "beato" y finalmente "santo".
El monje franciscano que murió en 1822 a los 83 años fue reconocido oficialmente como santo durante una ceremonia y misa concelebrada por el papa Benedicto XVI, que cumple una visita de cinco días a Brasil.
Desde hace más de dos siglos, miles de creyentes concurren a un antiguo monasterio en el centro de Sao Paulo para recibir e ingerir diminutas bolitas de papel que suponen milagrosas y que contienen una oración escrita por el ahora san Antonio de Sant'Anna Galvao.
Las pastillas de fray Galvao, que según sus creyentes sirven de cura para una cantidad de dolencias, están hechas de finísimo papel de arroz. Para ser bendecido por un milagro los devotos deben tragar tres de esas píldoras en un período de nueve días o una novena.
¿MILAGRO O SUPERSTICIÓN?
Para los médicos, e incluso algunos miembros de la Iglesia, su poder de curación no es más que un efecto placebo y superstición.
Las pastillas y su supuesto efecto fueron decisivos para el proceso que culminó con la santificación de Galvao.
Según la tradición de la Iglesia católica, el largo proceso comienza cuando la diócesis en que muere el candidato abre un tribunal (con juez, promotor y escribano) para estudiar su vida y comprobar que tiene once virtudes: fe, esperanza, caridad, prudencia, justicia, fortaleza, templanza, pobreza, castidad, obediencia y humildad. La aprobación de este primer paso lo convierte en "siervo de Dios".
Luego el caso pasa al Vaticano, donde la Congregación para la Causa de los Santos establece una comisión de teólogos para determinar si el candidato ha cumplido todas esas virtudes a plenitud. De ser así, asciende a "venerable".
A partir de aquí entran a tallar los milagros, que por lo general son presentados por un postulador, en este caso Celia Cadorin, hermana de la Inmaculada Concepción, que inició esa tarea hace más de 20 años.
Cadorin seleccionó dos casos, entre 5.000 posibles, y los envió al Vaticano.
BEATIFICADO POR JUAN PABLO II
Según la tradición, una comisión de cinco médicos estudia uno de los milagros. Si determinan que la ciencia no puede explicar la cura que se le atribuye, pasan el legajo a siete teólogos, dos de ellos médicos, quienes de aprobar la causa la pasan a su vez a una comisión de cardenales y obispos. Si los milagros resisten el escrutinio, el prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, hoy el cardenal portugués José Saraiva Martins, pide al Papa que lo proclame "beato".
Fray Galvao fue beatificado en 1997 por el papa Juan Pablo II para pasar a ser el primer beato brasileño.
Para ascender al último peldaño en la jerarquía celeste, se repite el paso anterior hasta la comprobación del segundo milagro, luego de lo cual el pontífice puede proclamar "santo" al candidato.
La tradición de las pastillas nació entre 1785 y 1788 cuando dos hombres pidieron a Galvao que rezara por la salud de dos familiares enfermos. El franciscano no pudo ir personalmente a ver a los enfermos, pero les envió la oración escrita en un pedazo de papel y recomendó que la hicieran tomar como remedio. Según la historia, ambas personas sanaron.
Monjas de clausura de la Congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción preparan las más de 5.000 pastillas que el monasterio distribuye diaria y gratuitamente.