PARÍS.- El festival de cine más famoso del mundo cumple seis decenios con el orgullo de haber convertido a la pequeña y tranquila ciudad francesa de Cannes en una meca del Séptimo Arte que combina el brillo de Hollywood con la calidez del Mediterráneo.
Difícil sería conjeturar si el resultado habría sido distinto si, cuando se gestó el certamen, sus fundadores hubiesen optado como sede por la otra ciudad aspirante, la vasco-francesa Biarritz.
Pero frente al frescor propio del Atlántico que baña Biarritz, dichos fundadores acabaron decantándose por Cannes, merced a "su soleado clima y su entorno encantador", según el dictamen del grupo de cineastas anglosajones y franceses que en 1938 acordó crear un festival alternativo al que se celebraba desde seis años antes en Venecia.
Y es que, aparte de la benignidad del clima, la política fue un factor clave para que en Francia acabara fraguándose un certamen de cine en esos turbulentos años en los que el festival veneciano acabó convertido en caja de resonancia propagandística de la Italia fascista y la Alemania nazi.
II GUERRA MUNDIAL POSPUSO LA FIESTA
Pero el grupo de cineastas -encabezado por uno de los inventores del Séptimo Arte, Luis Lumiére- que ideó el acontecimiento francés nunca pudo cumplir su objetivo de abrir la primera edición en 1939, año que finalmente no pasó a la historia del celuloide, sino a la de la Humanidad, con el estallido de la II Guerra Mundial.
Sin embargo, la idea no cayó en el olvido y en 1946, un año después de restaurada la paz, Cannes pudo finalmente abrir sus puertas a luminarias del cine como Alfred Hitchcock, Billy Wilder, Roberto Rossellini, David Lean, Walt Disney y Emilio "Indio" Fernández.
Este director mexicano inauguró también ese mismo año el palmarés del cine latino en el certamen, pues su "María Candelaria" fue una de las doce cintas adjudicatarias del Gran Premio entregado en esa primera edición.
Desde entonces, muchas de las mejores películas de los últimos seis decenios han desfilado por esta ciudad de la Costa Azul año tras año, con excepción de tres: 1948 y 1950, por falta de presupuesto, y 1968, a causa de las protestas obreras y estudiantiles que paralizaron Francia ese mayo.
DEL GRAN PREMIO A LA PALMA DE ORO
Ahora, sesenta años después que el "Indio" Fernández, otro mexicano, Carlos Reygadas, volverá a codearse entre los próximos días 16 y 28 con cineastas como Gus van Sant, Quentin Tarantino, los hermanos Coen, Emir Kusturica y Wong Kar Wai en la disputa por el máximo galardón a la mejor película.
Galardón que ya tampoco lleva el nombre de Gran Premio, sino que se simboliza desde 1955 con la Palma de Oro a la que sólo otra estatuilla dorada, el Oscar, podría disputar la condición de premio más codiciado del cine mundial.
Sólo dos cintas de habla hispana o portuguesa se han hecho acreedoras hasta ahora de la áurea rama de palma, la española "Viridiana", de Luis Buñuel, en 1961, y al año siguiente la brasileña "O pagador de promessas", de Anselmo Duarte.
Hace un año fue el británico Ken Loach, con "The Wind that Shakes the Barley", quien acabó alzando el premio al que optaban los mexicanos Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu, el uruguayo Adrián Caetano, el español Pedro Almodóvar y el portugués Pedro Costa.
La edición más latina del festival en muchos años, sin embargo, no dejó que se fueran de vacío González Iñárritu, distinguido como mejor director por "Babel", ni Almodóvar, cuyo "Volver" le reportó el premio al mejor guión y a la mejor interpretación femenina, para el elenco encabezado por Penélope Cruz y Carmen Maura.