Las diferencias entre EE.UU. y Europa sobre el presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, han requerido la intercesión de la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, que ha lanzado una discreta campaña diplomática para limar asperezas.
Rice ha hablado con varios titulares de Exteriores europeos, según aseguró el portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormack, en declaraciones que recogieron ayer los diarios The Wall Street Journal y The New York Times.
Sus gestiones buscarían revertir la oposición europea al liderazgo de Wolfowitz, que ha ido en aumento en las últimas semanas y llevó ayer a Alemania a reiterar su deseo de que el ex número dos del Pentágono abandone la presidencia de la institución.
Algunos expertos consideran, de todos modos, que las maniobras de la jefa de la diplomacia estadounidense no conseguirán impedir lo inevitable: que Wolfowitz se vaya o lo despidan.
“No existe otra salida a este problema”, dijo a Efe, Colin Bradford, un analista del centro de estudios Brookings Institution, quien cree que la permanencia de Wolfowitz daña no sólo los intereses del Banco Mundial (BM), sino también los de EE.UU.
En similares términos se pronunció ayer un editorial del diario británico Financial Times, que señala que “llegado determinado momento incluso una superpotencia debe reconocer la realidad”. “La esperanza de que Paul Wolfowitz presida de forma efectiva el Banco Mundial se ha desvanecido”, dice el periódico.
Wolfowitz es acusado de haber violado las normas de la institución al fijar las condiciones laborales de su pareja, Shaha Ali Riza, una funcionaria del banco.