El Papa Benedicto XVI llamó el jueves a más de 40,000 jóvenes latinoamericanos que lo aclamaron en Sao Paulo, a convertirse en “apóstoles” del mensaje cristiano y a respetar la castidad y el matrimonio, a la vez que reiteró su mensaje contra el aborto y la eutanasia.
“Escuchamos hablar de los miedos de la juventud de hoy. Nos muestran un enorme déficit de esperanza: miedo a morir (...), miedo a sobrar, por no encontrar el sentido de la vida; y miedo de quedar desconectado ante la rapidez de los acontecimientos y las comunicaciones”, dijo el Pontífice a los jóvenes, que interrumpieron continuamente el discurso del Pontífice con ovaciones.
Refiriéndose a las muertes entre los jóvenes, la violencia y la proliferación de las drogas, el Papa indicó que “se habla muy seguido de una juventud perdida”.
Pero contrapuso esa imagen a la “alegría y el entusiasmo” que irradiaban los jóvenes presentes en el Estadio Pacaembú de Sao Paulo, y los llamó a evangelizar a sus pares.
“Sean los apóstoles de los jóvenes”, indicó a los miles de muchachos que —vestidos con camisetas de colores que identificaban su parroquia o movimiento religioso— colmaron desde tempranas horas de la tarde las tribunas del estadio y un cuarto del terreno de juego, cantando, bailando y esperando emocionados el mensaje del Pontífice.
“Pueden ser protagonistas de una sociedad nueva si procuran poner en práctica una vivencia real inspirada en los valores morales universales”, añadió, explicando que si no están preparados para los desafíos de una correcta interpretación de la vida cristiana “serán presa fácil de todos los ataques del materialismo y del laicismo”.
“Tengan en cuenta que la ambición desmedida de riqueza y de poder lleva a la corrupción personal y ajena”, advirtió.
“Sean hombres y mujeres libres y responsables; hagan de la familia un foco irradiador de paz y de alegría; sean promotores de vida, desde su inicio hasta su natural declive; amparen a los ancianos”, subrayó Benedicto XVI, en una nueva referencia a su condena del aborto y la eutanasia.
En un discurso de unos 45 minutos, el Pontífice tuvo palabras para los pueblos discriminados y también llamó a la acción social, aunque siempre dentro del marco de la doctrina social de la Iglesia.
Llamó a respetar la institución del matrimonio y a practicar la castidad. Por su parte, representantes de los jóvenes brasileños pidieron a Benedicto XVI que la Iglesia católica contribuya para que todos los niños de Brasil tengan una educación básica de calidad y que no se olvide de los jóvenes marginales y delincuentes.
“¡Bento, Bento!” (Benedicto en portugués), tronó una multitud emocionada tras el discurso. Cantos, miles de flashes y gritos acompañaron la ceremonia, en un escenario montado bajo una gigantesca cruz con forma de paloma.
La cálida respuesta del público contrastó con la fría noche en Sao Paulo, que el miércoles había recibido al Pontífice bajo lluvia.
Afuera del estadio, muchos descubrieron que el ingreso al Encuentro con la Juventud estaba restringido a representantes seleccionados por las Diócesis brasileñas y de numerosos países de la región. Entre 5,000 y 7,000 jóvenes según la Policía no pudieron entrar al evento y lo vieron por pantallas de televisión.
Minutos antes de que el Papa arribara al estadio, un sacerdote brasileño que animaba a la muchedumbre desde una tarima les pidió ponerse de pie, elevar la mano derecha y repetir después de él: “Sí a la vida. No al aborto”. Un atronador coro de más de 35,000 jóvenes repitió la frase, completada con otra: “Vamos a defender la vida. Brasil país cristiano, Brasil país católico, Brasil país de fe, a favor de la vida. Papa Benedicto XVI cuenta con nosotros”.
Reunión ecuménica
Por la mañana, el Papa tuvo un encuentro con los representantes de otras confesiones religiosas de Brasil lo que permitió un estrechamiento de los lazos ecuménicos.
El Pontífice saludó a cada uno de los 15 líderes religiosos de otras confesiones invitados, entre los que se encontraba el musulmán Armando Hussein Saleh, y les entregó una medalla con su imagen en alto relieve e inscripciones en latín.
La reunión tuvo lugar ayer en el monasterio de Sao Bento y en ella participó también el rabino Henri Sobel, un prestigioso judío que renunció como presidente de la Congregación Israelita Paulista, la mayor comunidad judía de América Latina.
El rabino se alejó del cargo tras haber sido detenido en marzo en Estados Unidos por un robo de corbatas en un comercio de lujo. Liberado un día después bajo fianza, dijo no poder explicar “lo inexplicable” y posteriormente manifestó su deseo de pedir perdón al Papa, algo que hoy no consiguió.Sí logró, sin embargo, el permiso del Pontífice para bendecirlo.