Lo más importante de haber puesto fin al conflicto de los sindicatos de maestros independientes con el Ministerio de Educación, por la demanda de aumento salarial, es que ningún escolar de primaria y secundaria seguirá perdiendo clases ni dañando por eso su formación educativa.
En realidad, independientemente de que los maestros tienen razón y derecho en su lucha por mejorar los míseros salarios que les pagan, los principales perjudicados por las suspensiones de clases son los estudiantes. De manera que es satisfactorio que los maestros independientes y el Ministerio de Educación hayan puesto fin al conflicto que duró desde principios de año hasta ahora.
Quizás el aumento salarial que consiguieron los maestros independientes, signifique muy poco o prácticamente nada para quienes tienen óptimos o medianos ingresos. Sin embargo no cabe duda de que representa algo importante, aunque no sea todo lo necesario y suficiente, para quienes, como los maestros de educación primaria y secundaria, devengan salarios equivalentes a 100 ó 120 dólares mensuales.
Por otro lado, la victoria de los maestros independientes tiene el gran valor agregado de que ha sido la primera batalla social librada contra el nuevo gobierno sandinista, y además victoriosa. Los maestros independientes han demostrado que es posible derrotar al gobierno oligárquico sandinista y la lección principal en este sentido es que así como fue derrotado por los docentes en el campo económico-social, también puede ser vencido por las fuerzas democráticas en el ámbito político.
Además, la victoriosa lucha de los maestros independientes, aunque pequeña en su logro económico es inmensa en su significación moral, pues ha fortalecido la dignidad magisterial y elevó el sentido de autoestimación profesional y personal de cada maestra y maestro en lo particular. No importa que lo conseguido por los maestros independientes sea muy poco en relación con las inmensas necesidades que hay en sus hogares. Tampoco importa que el Ministro de Educación haya sentado en la mesa del arreglo a los sindicalistas magisteriales patronales a pesar de que éstos no hicieron nada para ayudar a la victoria de los maestros en su lucha, sino que hicieron todo para ayudar al Estado-patrón a derrotarlos. Y está muy bien que todos los maestros, incluyendo a los asociados en el sindicato blanco o sandinista —que sufren igual que los demás por los bajos salarios — se beneficien con el aumento que consiguieron los maestros independientes con su lucha y sacrificio.
Al respecto se dice que los conflictos de los maestros por demandas de aumentos salariales, no son el verdadero problema de la educación de Nicaragua. Y es cierto, relativamente hablando. La educación es un problema de nación y exige que se realice toda una revolución educativa. Pero el problema de la educación no se debe enfocar sólo como un asunto “estructural” ni abordarse en forma inhumana. La revolución educativa que requiere Nicaragua debe resolver en primer lugar el problema propiamente humano de los docentes —y de los educandos, por supuesto— o no valdría la pena hacer ningún esfuerzo por esa revolución.
Aseguran los expertos que entre los principales factores que determinan que una educación sea buena y eficaz, está el de que el personal docente no sólo esté bien capacitado sino también apropiadamente retribuido, y que además tenga estabilidad y posibilidad real de ascenso laboral que satisfaga la vocación para educar. Y en efecto, todos los países que a menudo son señalados como ejemplo de haber logrado el desarrollo y la prosperidad como resultado de las revoluciones educativas que impulsaron, tienen como característica común el respeto institucional a los maestros y, sobre todo, la buena remuneración por su trabajo y servicios. Basta mencionar, sólo como ejemplo, que en uno de esos países que se desarrollaron amplia y rápidamente a partir de las revoluciones educativas que realizaron, como es el caso de Corea de Sur, la relación salarial promedio entre los funcionarios dirigentes de la educación pública y los maestros en el momento de ingresar al servicio docente, es apenas de dos a uno, mientras que en Nicaragua es por lo menos de veinte a uno.
El factor humano es esencial en el enfoque de la educación como problema nacional. Y esto significa que los maestros no sólo tienen que ser muy bien capacitados sino también dignamente remunerados.