Intermortales
Este fin de semana, uno de estos microbuses interlocales que viajan hacia los pueblos del Pacífico embistió y mató a una persona. Les llaman intermortales. Que uno de estos buses haya matado a alguien no es extraño. Lo raro es que el conductor, según el expediente policial, ya había participado en dos accidentes anteriores y en cada ocasión mató a una persona. ¿Cómo es posible que la Policía permita, le dé licencia, para llevar a 30 ó 40 personas, y manejar un armatoste de esos que es una perfecta arma mortal en sus manos? Alguna responsabilidad debería asumir la Policía en esta muerte. Mañana, cuando se le esté juzgando, alguien debería estarlo acompañando en el banquillo de los acusados.
Vivianes
Miren por dónde saltó la liebre. Ahora resulta que los jueces han firmado un convenio con la Policía para portar armas que les permitan defenderse ante una agresión. Parece razonable, pero ¿qué es lo que les impedía antes del convenio portar un arma para defenderse como puede hacerlo cualquier ciudadano en este país? Al final, empezamos por saber que lo que verdaderamente quieren estos jueces no es el derecho a portar armas, que lo tiene todo mundo, sino a quedarse con las armas que llegan a sus juzgados, algo que se vuelve antiético y muy peligroso. No entiendo como doña Aminta Granera, que tan bien se le ha visto jugando desde que asumió la jefatura, se haya prestado a esto.
Doble discurso
Pocas leyes han gozado de tanto consenso entre los diputados como la Ley de Acceso a los Documentos Públicos. Todos están de acuerdo en que el Estado tiene que abrirse a la sociedad que supuestamente sirve. Sin embargo, a pesar de ese consenso, la ley está ahí, varada desde hace varios años. ¿Por qué? Para entender esta contradicción hay que considerar la sustancia con la que se forma un político. Es difícil para un diputado oponerse públicamente. No está en su naturaleza quedar como el malo de la película. Entonces, lo que han hecho todo este tiempo es atrasar la ley cuanto han podido y ponerles tantos obstáculos que, si se aprueba, dará más pena que alegría a los que llevamos tanto tiempo esperando que el país dé ese paso hacia una sociedad más democrática.
Álvaro Robelo
Comenzaba yo mis andanzas de periodista cuando apareció don Álvaro Robelo en la política criolla como aparece el conejo en el sombrero de un mago. En honor a la verdad nadie lo tomó muy en serio al principio. Pasado oscuro, verborrea encendida y pinta de charlatán. Prometía sin embargo, hacer divertida la campaña. Periodísticamente era atractivo. Uno gozaba entrevistándolo porque es capaz de decir cualquier cosa contra cualquiera. Sin embargo, a medida que el Movimiento Arriba Nicaragua que encabezaba comenzó a crecer inflado por el dinero que sacó no se sabe de dónde, los que reían comenzaron a ponerse serios primero, asustados después. ¿Y si gana? ¡Ay mamita!
Arma
Tan en serio lo tomaron que el Consejo Supremo Electoral le cortó las alas como candidato, en una medida más política que legal. Desapareció y volvió a aparecer de la mano del Frente Sandinista reclamando un banco quebrado. Más miedo todavía. Álvaro Robelo puede ser un tipo divertido en la política, pero cuando se junta con el Frente Sandinista se vuelve un arma peligrosa. Y no hay de qué reírse.