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La violencia
Mercedes Gordillo
La autora es escritora nicaragüense

Violencia es la palabra designada para describir acciones agresivas y siniestras, en contra del proceder normal de las personas, si es que son normales o aún sin serlo. Porque los derechos humanos son parejos para todos.

La violencia surge como resultado de la ira, al mismo tiempo en nuestro organismo sube la bilirrubina como se dice popularmente y la adrenalina. Los ojos se desorbitan, la víctima sufre ante la impotencia para defenderse del maltrato y lo injusto. El corazón palpita fuertemente y la sangre corre desbordada en las venas. La ira produce también rabia, que no es lo mismo pero es casi igual. Nos encontramos ante el peligro de actuar sin control de la razón, de inmediato se ausenta la bondad, desaparece la ternura, toda señal amorosa e inteligente y nos convertimos en bestias feroces. Violencia que desata otra violencia, un engendro que puede convertirse en tragedia, incluso colectiva de grandes proporciones, donde mueren cientos y miles de personas, justos y pecadores, como en la guerra, el holocausto, el terrorismo o los 33 asesinados de la Universidad Virginia Tech, EE.UU.

Se violenta la vida desde el vientre materno con la muerte de un ser indefenso. En los medios de comunicación he visto o leído sobre parricidios, matricidios, suicidios. Se mata por odio, se viola sexual y sicológicamente a mujeres, hombres, a la niñez, incluyendo ancianitas desdentadas y cada día mueren más y más mujeres asesinadas.

La violencia existe desde que el mundo es mundo, en el Génesis encontramos a Caín ultimando a su hermano. Semejante pasión se nos informa desde la Biblia, libro de libros, cruza entre siglos y llega a nuestros días más visiblemente, en escenas de acciones acaecidas casi justo en el momento de los sucesos, los espectadores permanecemos atrapados ante imágenes tenebrosas.

Parece que en nuestro país la violencia se está convirtiendo en una costumbre aberrante y cotidiana. Los comunicadores saben muy bien que estos temas producen mucho dinero y atraen morbosamente. En la misma televisión vemos también el maltrato a los delincuentes capturados y esposados, los policías los agarran a patadas y después los lanzan como costales a las camionetas de tina.

En el mundo la violencia actúa igualmente desenfrenada, sino miren a Bush junior, “Jorgito” como lo llama el poeta Josecito Cuadra Vega. Junior envía diariamente a miles de personas a la muerte, digamos que por gusto, capricho o venganza, llámese petróleo. Los suicidas fundamentalistas no se quedan atrás, se convierten en bombas humanas, para matar a muchos.

Inexorablemente violentamos nuestro medio natural: el planeta Tierra. Odiamos a los árboles, cortados de cuajo, envenenamos fuentes de agua, contaminamos ríos, vertientes y cañadas, por ignorancia, maldad o por un puñado de dólares, para finalmente morirnos nosotros mismos: sin agua, luz, ni alimentos. Por el calentamiento global tal vez pereceremos ahogados por aguas violentas.

Por pura violencia murió Cristo en la cruz. Ya desde aquellos tiempos se prefería dar libertad y salvación a los ladrones y no a los justos, parece que nada ha cambiado, muchos Barrabás andan sueltos.

No pretendo examinar exhaustivamente el horror de la violencia, lamentablemente muy conocida entre nosotros. Por ahora refrescaré esta palabra con algunas otras ligeramente parecidas:

— El violero es un mosquito necio insoportable.

— Violón: un instrumento musical de cuerdas.

— Viola, instrumento con la misma figura del violón pero de mayor tamaño, posee sonoridad melancólica.

— Violeta: es una flor de color y suave olor.

— La Violetera, una dulce canción y película de los años cincuenta o sesenta, del pasado siglo XX, cantada y actuada por Sarita Montiel.

No debemos olvidar que la violencia es el acto de violar a una persona en su dignidad física y sicológica, porque también existe como tortura mental, generalmente usada entre los malvados. Pero quizás la peor violación que existe es la que se realiza contra inocentes e indefensos niños, acaso destruyendo su vida para siempre. Por supuesto que la más profunda, enorme y desgarrada es la pobreza moral, espiritual, de la que forman parte la hipocresía, la envidia, la calumnia, serruchadas de piso y la mentira.

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