A fines de 1977 el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal escribió en un editorial de LA PRENSA: “Aquí cualquiera con una frase hace el gran montante y se exhibe buscando querella a la pura bulla; a la mera palabrería”. Y agregaba el doctor Chamorro Cardenal que “los discursos diarios contra ‘la burguesía’ han venido ya a formar parte integral de un léxico nacional decadente, demagógico y que en realidad nadie escucha, sino los mismos fabricantes del estribillo…” (La Patria de Pedro, páginas 251-252).
El entonces director de LA PRENSA se refería a los ataques que desde el sector más extremista del FSLN, se hacían entonces contra la participación de miembros de la “burguesía” y de la “oligarquía” en la lucha democrática contra la dictadura somocista. Ataques que treinta años después siguen repitiendo los fabricantes de aquel estribillo, ubicados siempre en el ala más extremista del sandinismo, quienes mantienen el viejo discursito contra la “burguesía” y contra la “oligarquía” ¡precisamente porque ellos se han convertido en oligarcas pero les da vergüenza reconocerlo y entonces atribuyen el defecto a los demás!
En LA PRENSA del martes de esta semana, al poner en su lugar a Orlando Núñez —el ideólogo de Daniel Ortega, quien acusó a este Diario de los Nicaragüenses de ser “el brazo ideológico de la oligarquía—”, nuestro director, ingeniero Jaime Chamorro Cardenal, precisó que “la oligarquía que dice don Orlando es el 62 por ciento de la población de Nicaragua y si no que revise los resultados de las últimas elecciones y que en las próximas será mucho más porque el populismo no es solución para nuestro país”.
En realidad, la verdadera oligarquía de Nicaragua es el pequeño pero poderoso grupo social, económico y político al que pertenece, representa y sirve el señor Orlando Núñez. Oligarquía, explica el diccionario común, por ejemplo el Pequeño Larouse Ilustrado 2006, es el “régimen político en que el poder está controlado por un pequeño grupo o clase de individuos privilegiados…” ¿Y acaso LA PRENSA, sus propietarios, periodistas y trabajadores en general pertenecen al “pequeño grupo de individuos privilegiados” que controla el poder actualmente y al que sí pertenece de manera prominente, sin dudas de ninguna clase, el ideólogo del sandinismo orteguista, don Orlando Núñez? LA PRENSA, al contrario de Núñez y compañía limitada no sólo está en la llanura sino que es víctima del gobierno oligárquico de Daniel Ortega, que nos castiga porque cumplimos nuestro deber de denunciar los abusos gubernamentales como por ejemplo el de que las leyes de Nicaragua son atropelladas sistemáticamente y se niega la información de interés público a nuestros periodistas y a los de otros medios independientes.
Pero hay más todavía. Como si hubiera visto de antemano lo que ocurre ahora en Nicaragua, el enciclopedista jurídico argentino Guillermo Cabanellas explica en su dicccionario jurídico que: “Oligarquía, de las palabras griegas ilogos, pocos, y arché, poder; (es) el gobierno de pocos”. Y advierte que “existen oligarquías, o gobiernos de la minoría —como también se les llama—, agrícolas, ganaderas, militaristas, de hombres de negocios, de grupos revolucionarios, entre tantas. Como es palabra odiosa, no es raro tildar una oligarquía de esto mismo a la situación más o menos normal por ella vencida”.
No cabe ninguna duda, pues, de que el gobierno de Daniel Ortega es típicamente oligárquico, representa el poder de un reducido grupo de personas otrora revolucionarias que se enriquecieron desmedidamente mediante la piñata sandinista, que poseen grandes propiedades y múltiples negocios de toda clase y que, como los denuncian de manera permanente los disidentes del FSLN, de revolucionarios y “pobrecistas” sólo les queda el tufo y la fraseología.
De manera que si los oligarcas sandinistas acusan a LA PRENSA de ser “brazo ideológico de la oligarquía”, es por la razón que anotó Guillermo Cabanellas; así como también porque, como lo dejó dicho el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal en el mismo editorial que antes mencionamos, “es curioso y revelador cómo ese grito irracional no viene de los obreros, no procede de los trabajadores que luchan por la superación social de su clase, no sale del sindicalista (socialista, social cristiano o social demócrata), sino que tiene generalmente su origen en elementos de la burguesía, que quieren lucirse hablando como proletarios. Un verdadero contrasentido, ¿verdad?”