Desde la tarde del sábado salimos los chavalos caminando sobre la línea férrea. Un grupo de montados fue el primero en llegar a Managua al amanecer. Encerraron las bestias en los potreros de Napoleón Re. En el field de la Momotombo encontramos un mar de gente luchando por comprar su entrada. Adentro rugía una multitud vivando al Bóer. A las 9:30 a.m. se divisó el tren a paso de tortuga trayendo al San Fernando con una cantidad de gente que repletaba los carros y vagones.
Una hora después el juez americano canta ¡play ball! Un hombre de avanzada edad queda fulminado por un infarto. Fernando Amador dispara con dinamita su primer lanzamiento a Paco Soriano. La bola sale como bala sobre la cabeza del antesalista para convertirse en foul. La barra boerista delira de entusiasmo. Paco retorna a su lugar junto al plato. Se quita la gorra y la mete en la bolsa del pantalón. Toma un poquito de tierra y se la restriega en la cara. Truenan las aclamaciones de su público. “Mono Negro” lo silencia con el segundo lanzamiento. Con una recta a la rodilla, el bate del gran Soriano no se mueve y es ponchado. Fernando Amador, “Mono Negro”, es el nuevo ídolo del San Fernando.
En extrainning ninguno de los equipos ha conocido la inicial. Amador ha recetado 19 ponches. En el cierre del décimo tercero el primer bateador fernandino Miguel Sánchez “Cara de Palo” conecta línea baja rozadora. En lo profundo del infield, “Vicentón” Morales recoge contorsionado y dispara para sacar out. La barra boerista estremece el field de la Momotombo. Al segundo bateador del San Fernando lo ponchan. “Chico Negro”, el cátcher, produce un toquecito por el lado de tercera mientras toma posesión de primera base. Le corresponde el turno a Gustavo Ochomogo. Una bola pegada al cuerpo casi lo golpea. Pero agarra de lleno el segundo lanzamiento devolviéndolo sobre la cabeza de “Vicentón”, burlando el letfield e internándose en la masa del público. La bola no regresa al cuadro cuando “Chico Negro” dobla tercera y llega sano y salvo al home. El flaco Ochomogo acaba de convertirse en el mimado de la fanaticada de Masaya.
(Condensado del libro La Calle de la Pila de Agua de San Jerónimo. Managua, Tipografía Flores, 1973).