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Agustín Castro (abril, 2007). (LA PRENSA/Foto de M. I. Tiffer)
“YO ESTOY MUY SATISFECHO DE LO QUE FUI” (Testimonio escrito en masaya el 20 de noviembre de 1999)
Por Agustín Castro.

Doy infinitas gracias a Dios por haberme dado la madre que me trajo al mundo, a quien agradezco lo que soy. Mi padre: Simón Castro Cajina; mi mamá: Juana Flores Ampié. Originaria del barrio Monimbó, era muy pobre y de oficio tortillera. Yo las vendía. También fui lustrador. Pero nací para ser pelotero, pues es mentira que alguien enseña a jugar.

Yo me convertí en estrella en un partido contra el Tenderí de la ciudad de Nindirí. Como me hice famoso, me llevaron a San Salvador dos veces, jugando como short stop; después pasé al righ-filder resultando mejor todavía. Jugué en el San Fernando, Esfinge, Capitán Delgadillo, Tigres del Distrito y Mayor Gasteazoro. Con este equipo le ganamos al famoso Esfinge, lanzando Máximo Ramírez.

“La dignidad no se cobra. Se lleva en la sangre”.

Yo dejé de jugar en Granada por dignidad. Cuando el viejo Cueto vino a Nicaragua, se quedó y formó el equipo General Somoza, pues reunió a los mejores peloteros y cuando jugó con nosotros nos ganó. Los granadinos dijeron que los masayas se habían vendido. Mis compañeros me dijeron: “También nosotros nos vamos”, pero fue mentira: nadie se movió. Es que la dignidad no se cobra. Se lleva en la sangre. Ignoro si hay archivos donde se guardan los récords de peloteros. Yo le saqué la pelota del Estadio a Vallecillo (a) “Jagüita”, pero de línea, en 1939. Jugando contra el Carazo en Jinotepe, le robé 4 bases a la mejor batería de Nicaragua: “Chino” Meléndez y “Canana” Sandoval. Que el público juzgue mi actuación como bueno o mal pelotero. Yo estoy muy satisfecho de lo que fui.

Como pelotero fui marginado. Prueba de ello es que nunca fui a Cuba. Pero llevaron a otros inferiores a mí. Yo jamás pude servilizarme con el dictador del deporte: Ramón Méndez. Hoy declaro que el beisbol no me dio nada, porque en mi época se jugaba por amor y el pueblo vio las penalidades que pasamos para llegar a ser estrellas.

Ayer tuvimos que comprar desde los zapatos hasta el bate. El pasaje a Managua costaba 0.31 centavos. Nosotros lo comprábamos para ir al estadio. Cuando querían, nos daban dividendos, haciéndonos las cuentas que inventaban. No favorecían al pobre pelotero. Nos dicen que somos limosneros. Es cierto, pero esa limosna la dan hasta que Carlos García llegó al Ministerio de Juventud y Deportes.

El 26 de julio de 1959 dejó de existir físicamente mi mamá. En homenaje a ella fundé el homenaje anual a las madres muertas y el refugio de ancianos Sol de la Tarde. Esto lo confieso porque el amor de la madre es superior a todo, menos a Dios que nos dio la vida y su amor. Fui miembro del Club de Optimistas, miembro de Manos que Ayudan, fundé la Cruzada Deportiva Alfonso Noguera Solórzano. Fui tres veces presidente de Cruz Roja Nicaragüense, filial Masaya; presidente del centro de apoyo del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Masaya; fundé la filial de Cruz Roja Nicaragüense en Tisma; fui mánager del equipo de beisbol de Rivas, Apagón y del equipo de Camoapa.

Antes de morir quiero fundar un hogar para niños desamparados.

(Transcrito de su original ológrafo facilitado por Julio C. Miranda).

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