“Discípulos y misioneros tuyos, queremos remar mar adentro para que nuestros pueblos tengan en ti vida abundante y con solidaridad construyan la fraternidad y la paz. Señor Jesús, ¡ven y envíanos! María, madre de la Iglesia, ruega por nosotros”.
(Benedicto XVI)
“Remar mar adentro” es una feliz expresión extraída del evangelio que el Papa Juan Pablo II retomó y actualizó para invitarnos a abandonar la mediocridad como cristianos y a convertirnos en apóstoles decididos y en celosos y audaces misioneros.
Rema mar adentro el cristiano que aspira y lucha porque el Reino de Jesús sea una realidad concreta “aquí” y “ahora”.
Nuestros legítimos pastores (el Papa y los Obispos latinoamericanos y del Caribe) esperan recoger copiosos frutos de este Sínodo Episcopal que tendrá lugar en Aparecida, Brasil, frutos espirituales y sociales, de mayor compromiso efectivo con la justicia, la fraternidad y la paz como expresión del amor de Dios.
Pero los más valiosos conocimientos resultan ser prácticamente inútiles si no son aplicados en forma oportuna y adecuada. Ya en su tiempo el Papa Juan XXIII advertía que todavía el Santo Evangelio, casi a finales del siglo XX, no se había siquiera comenzado a estrenar, ¡qué podría decirse, entonces, al respecto de los documentos del Concilio Vaticano II, los documentos de Medellín, Puebla, Santo Domingo, de las encíclicas papales y de muchos luminosos mensajes de nuestros obispos! ¿Acaso no es en la ortopraxis o práctica de la fe en lo que más fallamos? Cuántos somos incapaces de hacer vida la fe que confesamos con tanto apasionamiento.
Seamos fieles a las futuras orientaciones de los documentos de Aparecida. No olvidemos que sólo con hombres nuevos, según el Espíritu de Cristo, podrán producirse los cambios que todos anhelamos en nuestra Iglesia y sociedad... días nuevos con hombres y mujeres nuevos.