Managua
05:24 am
06.05.07
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Opinión
La Nicaragua imposible
Julio Ignacio Cardoze
El autor es abogado nicaragüense, reside en Miami

Leí en un anuncio turístico: —Nicaragua un país con corazón—, y pensé en el noventa por ciento de la población hambreada y en los que emigran a diario a buscar la vida en otras partes.

Los nicaragüenses gustamos hablar de grandezas imaginarias. Nuestros héroes guerreros son producto de conflagraciones fratricidas. Hablamos bellezas del paisaje que nosotros mismos arrasamos o dejamos que otros lo hagan. Una de las frases más trillada es el verso de Rubén Darío: “Si la Patria es pequeña uno grande la sueña”. Nunca pasó de ser un sueño. Rubén en Prosas Profanas: “mas he aquí que veréis en mis versos princesas, reyes, cosas imperiales, visiones de países lejanos o imposibles: ¡que queréis! Yo detesto la vida y el tiempo en que me tocó nacer (…) ¡oh halagaba! De cuya corte —oro, seda, mármol— me acuerdo en sueños…” Rubén escribió sobre países imaginarios, cisnes y princesas… imposibles en Nicaragua.

Ortega y Gasset comentó sobre la enfermedad de los países, naciones o sociedades. También podemos hablar de una Nicaragua crónicamente enferma. Y como dice el filósofo: “no es la menor desventura la escasez de hombres dotados con talento suficiente para formarse una visión íntegra de la situación nacional donde aparezcan los hechos en su verdadera perspectiva”.

Tendencia equivocada, es dar valor a circunstancias que no lo merecen y soslayar las evidentemente importantes. Las ambiciones, el individualismo, el interés particular, el odio, la codicia, las pasiones, las rivalidades se imponen. No logramos las grandezas que soñamos, las imaginamos, pero no las realizamos. Ilusos sin propósito.

Y si no preguntémonos, ¿cuántos proyectos de nación han propuesto en los últimos tiempos?, ¿cuántos se han realizado?, ¿cuánto se ha escrito de la Nicaragua posible? Pero esa Nicaragua no arranca, no se ve por ningún lado, mucho menos quien la logre hacer. La idea no logra despegarse de la tinta y del papel. Somos buen auditorio. Escuchamos entusiasmados lo que proponen. Pero Nicaragua no mejora… empeora.

Son varias Nicaraguas desarticuladas dentro del mismo territorio. Atavismo hispano. Sociedad tuqueada, incomunicada, desmembrada, desintegrada, retaceada, excluyente, en pleito permanente. Sin visión unificadora ni propósito común. Cada cual navegando por su lado, ondeando cada quien su corsaria bandera.

Ya lo dijo el primer presidente de Centroamérica, Manuel José Arce (1824): “Nicaragua, bello país, destrozado por sus propios hijos, parece poblado por fieras”. Así afirmó Gustavo Alemán Bolaños (1927): “Envilecida tierra esa, abyectizada por los propios, los obligados a dignificarla, a engrandecerla, a honrarla siquiera…” O como parece nos aludió Simón Bolívar, amargado por la ingratitud de su propia gente después de liberarlos, en carta al general Urdaneta (1830): “¿Dónde se ha imaginado nadie que un mundo (…) devorase su propia raza como antropófagos? Nunca se vio un cuadro tan espantoso como el que ofrece Hispanoamérica…”. Antropófagos nicaragüenses.

Ortega y Gasset, en España invertebrada, comentó la decadencia y desintegración de España a partir de 1580, desintegración física por la decadencia de las actitudes y mentalidades, perfectamente aplicable a un país como Nicaragua a partir de 1821, nacido decadente y desintegrado física, moral y socialmente, hasta nuestros días. El filósofo observa que los individuos en una sociedad integrada, cada uno se siente como parte de un todo, de manera que lo que afecta a uno afecta al resto y viceversa. Que hay decadencia cuando las partes de una sociedad, (como la nicaragüense), los grupos o los individuos no se sienten comprometidos con el destino común, ni se ven a sí mismos como partes de un todo orgánico y dejan de compartir los sentimientos y los intereses de los demás. Eso lo vemos en las diferentes Nicaraguas dentro y fuera del territorio nacional. La Nicaragua danielista, la del Cardenal, la de Alemán, la de Montealegre, la de la Iglesia católica, la conservadora, la liberal, la sandinista, la de los buseros, la de los sindicatos, la de los hacendados, la de los cafetaleros, la de los ganaderos, la de los empresarios pequeños, la de los grandes empresarios, la de la prensa, la de la TV, la de la radio, la de las turbas, la de cada uno, la de nadie. Cada una respirando en su propia atmósfera. Cada una de esas Nicaraguas es un feudo, donde cada quien está encerrado, con su política (o apolítica) y su interés (o desinterés, abulia, apatía) particulares. Emilio Álvarez Montalván califica como contravalor de nuestra cultura: “el personalismo o el individualismo y sus consecuencias”. Frente a la arbitrariedad y la ausencia de institucionalidad jurídica se busca acomodo y coexistencia, individualmente por medio de relaciones bilaterales, oportunistas y clientelistas, con los mandamases del sistema, olvidándose del resto. Se dice que con Ortega sobrevivirá una cúpula empresarial a la sombra de la cúpula del poder, a expensas de los demás. Así ha sido desde 1821. El gobierno bicéfalo de Daniel y la Rosario no será socialista, sino sociolista, (de socio o asociado).

Las ideologías se han vulgareado y las ideas quedan ajenas a la realidad, como mentiras, porque se prefieren las mentiras a las verdades y es hábito la inclinación a engañar, a engañarnos y a ser engañados como cosa natural. Como dijo Octavio Paz: “entre nosotros la mentira no es sólo política, sino que hasta es constitucional”.

Siempre empezando sin llegar a la meta. Cada generación tiene que inventar su sueño, su Nicaragua posible y su proyecto de nación. La piedra de Sísifo la llevamos en el alma. Subiéndola, sólo para verla rodar abajo y empezar de nuevo. Colgados como acróbatas de un hilo del destino, preferimos lo ruin y mezquino a lo mejor. Nuestra historia es marchita y el futuro incierto y ahora tendremos para rato, aligerando la conciencia, exculpándonos nosotros y culpando a otros.

Hay un pensamiento de Ortega y Gasset aplicable a Nicaragua: “El poder público (y los otros intereses diría yo) pretenden que existamos para que ellos se den el gusto de existir”. Entre todos hemos hecho posible la Nicaragua imposible, la del mismo cuento de todos los días.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda