La personalidad de un individuo crece como resultado de su relación con los demás, tomando en consideración su condición de miembro de una sociedad, desde la infancia y a lo largo de su vida. (...) Esta comprensión es la mía. Soy, pues, un hombre que comprende más o menos oscuramente su realidad de hombre, lo que significa que me hago hombre comprendiéndome como tal. Jean Paul Sartre
Por consiguiente, no es remoto asegurar que la creciente ola de ansiedad que azota a la aldea humana se acentúa aún más, tanto por la carencia de riqueza material como por los excesos de la misma, ya que no podemos ignorar las etapas que atraviesa una economía desde las formas más simples de organización y producción hasta las complejas organizaciones productivas de los países industrializados modernos y por ende, la enorme factura a pagar en forma de perturbaciones psicoemocionales producto de esto.
Es un hecho que la extrema pobreza lesiona la psiquis humana, generando consecuencias colaterales que como efecto rebote lleva a muchos hasta a ultimar su existencia. No obstante, las superabundancias también delimitan la libertad inherente del ser humano, hasta el grado de hacerlo su propio rehén en las selvas de concreto y víctima del síndrome de consumo compulsivo propio de una sociedad transculturizada por el postmodernismo que terminan aniquilando la más básica simbiosis: (hombre-naturaleza). Esto me impulsa a meditar que el egoísmo, pandemia alimentada por tal voracidad, no se queda atrás en el ranking de los “pecados capitales”, (...) El egoísmo está fundado en la carencia de autoafirmación y amor hacia el yo real. El yo en cuyo interés obra el hombre moderno, es el yo social. Erick Fromm
Somos presas de nuestra propia imagen estigmatizada por los juicios de valor de las sociedades de consumo, un idílico delirium que por su parte taladra las bases de los estados motivacionales de aquellos que pretenden ser gobernantes llevando inoculado el “bacilo predador” de tomar todo botín cuanto se pueda, y si no es así, veamos tan sólo el vertiginoso desarrollo de la imagen fatídicamente hipnotizadora y el uso que se hace de ella, en política o entre políticos principalmente determina la idea que ya no importe la realidad, la que por otra parte los adictos a la figura redentora confunden con la verdad.
¿Cuál es la significación de todo esto? Quiero asegurar con toda propiedad que el demagogo mediático sería aquel usufructuador que tiene en cuenta sólo las reglas de juego de los medios de comunicación, para lograr efectos en la audiencia o cosechar fama, sin contemplar la objetividad de sus enunciados y mucho menos la ética de su conducta. Así se esculpen las dictaduras, el afán por dominar y controlar se puede decir que es una característica humana. En los regímenes totalitarios esto se ve en puridad.
Es decir, mentir se diría que ya no es un vicio, sino una “manera elegante” de llenar el gran vacío de verdades, o sea, un método. No nos basta con corromper nuestra esencia, sino que además de corromper las de los demás, también hay quien se afana por corromper el entorno que le ha sido concedido. De esta corrupción nace la política manipulable, es decir, el arte del engaño. Primero se elabora la mentira por una necesidad, después, se la pule y repite hasta la saciedad y hasta el autoconvencimiento; y finalmente, y esto es lo más atroz, se termina por pensar que esa mentira es verdad y una buena noticia para todos: un nuevo orden mundial. (...) Si dices una mentira suficientemente grande y sigues repitiéndola, la gente eventualmente llegará a creérsela. Joseph Goebbels
Me pregunto sobre este contexto, ¿qué ha pasado con nuestro libre albedrío entonces, es posible que siempre contemos con él?, por aquello de elegir en ser víctimas de tal fenómeno o ser los propios arquitectos de nuestro derrotero, lo más reciente en neurología nos dice: (...) Las decisiones del sujeto pueden manipularse por intervención sobre los causas que las producen, la gente, en la vida ordinaria, se siente en efecto libre (porque tiene la experiencia de que hace opciones efectivas entre posibilidades), pero lo que hace está controlado por quienes dominan la sociedad y nos hacen comprar tales o cuales productos o actuar por tales o cuales valores.
Yo digo, que el laurel sobre esta reyerta no es asunto de teorizar o hacer intentos, sino hacer vida tras toda una constante innovación intrapersonal que nos aleje de los estamentos de los orquestadores de la mentira, (...) Buscando el bien de nuestros semejantes, encontraremos el nuestro. Platón